Victoria Pérez empezó a salir con Agustín en 2015. Ella venía de dos relaciones difíciles y asegura que él la hizo volver a apostar por el amor
“Story time de cómo me junté con mi tío (mi pareja de 11 años) y tuvimos dos hijos”, se titula el video que compartió Victoria Lucila Pérez en su cuenta de TikTok y que rápidamente se hizo viral. No solo por la sinceridad de su relato sino también por la polémica que desató y el “hate” que recibió de sus seguidores.
Si bien la joven de 32 años admitió que estaba preparada para recibir críticas hacia su persona, lo que realmente la afectó fueron los comentarios dirigidos a sus hijos. “Muchos usuarios hicieron insinuaciones y burlas sobre posibles consecuencias genéticas y discapacidades. A mí decime lo que quieras, pero con los chicos no”, señaló Victoria en diálogo con Infobae, profundamente angustiada.
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“Primero pensé en cerrar la cuenta, pero después opté por desactivar los comentarios en ese video puntual para resguardar a mis hijos de la violencia que se había generado”, admitió la protagonista de la historia de amor que revolucionó las redes sociales.

Una vida marcada por vínculos complejos
Antes de que su historia se volviera viral, Victoria llevaba una vida atravesada por conflictos personales y búsquedas emocionales intensas. Nacida y criada en el barrio porteño de Floresta, atravesó una relación de tres años que no terminó de la mejor manera. Para ese entonces, a Victoria ya se le había despertado el deseo de ser madre pero las circunstancias que rodeaban ese noviazgo parecían no acompañar.
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Cuando la relación llegó a su fin, en 2015, fue su madre quien la incentivó a que saliera y conociera gente nueva. Fue justamente a partir de ese empujón que aceptó conocer a un joven que trabajaba cerca de su casa.
Aunque al principio no buscaba una relación seria, ese encuentro —que surgió casi como una forma de distraerse— terminó cambiando por completo el rumbo de su vida. “Quedé embarazada y a los cinco meses nos separamos. La relación no prosperó”, contó Victoria.
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El encuentro inesperado
Con su bebé a cuestas, la joven comenzó a trabajar de niñera en la casa de su abuela materna cuidando al hijo de su prima. Allí, también se alojaba Agustín, el sobrino de su abuela, que había llegado desde Catamarca tras una separación.
“Era mi tío, pero no lo tenía muy incorporado porque nos habíamos visto muy pocas veces cuando éramos chicos. Además, era apenas un año mayor que yo. No lo veía de esa manera”, admitió.
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Los primeros encuentros fueron casuales, casi cotidianos. Compartían desayunos, charlas informales, rutinas simples. Él buscaba trabajo y ella cuidaba a los niños. “La conexión empezó de forma casi imperceptible. Fue de a poquito. Un mensaje por Whatsapp, un chocolate de regalo. Yo no quería saber nada con nadie después de lo que había sufrido con mis últimas dos parejas, pero él me empezó a demostrar que el amor podía ser distinto”, relató.
La primera salida entre Victoria y Agustín fue sencilla, casi improvisada y con un tono más cercano a lo familiar que a una cita romántica. “Fuimos al cine al shopping de Devoto acompañados por una prima mía. Fue un plan grupal. No pasó nada”, contó.
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Después de esa salida, siguieron viéndose en la casa de la abuela, compartiendo el día a día pero sin formalizar ningún vínculo. El primer beso, en cambio, llegó tiempo después, cuando ya existía una cercanía construida a través de mensajes diarios y pequeños gestos. Fue él quien tomó la iniciativa y allanó el camino para pensar en un futuro juntos.
A medida que la relación avanzaba, comenzaron también los cuestionamientos familiares. Algunos advertían sobre el vínculo que los unía, otros simplemente desconfiaban de la relación.
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Sin embargo, había un dato clave que cambiaría la percepción completa de la historia: Agustín era adoptado. “Aunque ese dato era conocido por el resto de la familia, yo recién me enteré cuando él se mudó a Buenos Aires”, señaló sobre ese descubrimiento que fue un punto de inflexión.
Así, lo que antes parecía un límite infranqueable empezó a desdibujarse. Victoria comenzó a replantearse sus propios sentimientos y a mirar la relación desde otro lugar. Ya no se trataba de alguien “de la familia” en términos biológicos, sino de una persona con la que estaba generando un vínculo genuino.
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A pesar de eso, el contexto no fue sencillo. Las opiniones y advertencias del entorno no tardaron en aparecer, poniendo en duda la relación. Pero Victoria decidió seguir adelante, guiada por lo que sentía. “No me interesaba lo que pensaban los demás. Él me demostró que podíamos tener una relación sana. Me contenía mucho y construyó un vínculo muy especial con mi bebé, a quien crió como si fuera suyo”, admitió.
Con el paso del tiempo, ese lazo se fue fortaleciendo de manera natural. Aunque no era su hijo biológico, Agustín asumió un rol paterno en la práctica y se convirtió en una figura clave en la vida del nene.
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Durante cinco años convivieron en Buenos Aires, en la casa del padre de Victoria, en un contexto familiar complejo, con muchos integrantes y tensiones constantes. “Fue muy difícil la convivencia”, reconoció.
Esa situación los llevó a tomar una decisión drástica: mudarse a Catamarca, tierra natal de Agustín, donde comenzaron una nueva etapa, lejos de los conflictos porteños.
Durante ese período, la pareja atravesó momentos duros, como la pérdida de un embarazo y complicaciones en la salud de ella durante la gestación de su segundo embarazo. ”Tenía un hematoma junto a la placenta, me obligaron a realizar reposo estricto y me medicaron con progesterona durante varias semanas”, recordó sobre la fragilidad de ese momento.

La situación se fue agravando con el correr del embarazo. Sufrió anemia severa, lo que derivó en internaciones y, en un momento crítico, necesitó una transfusión de sangre. “Estas complicaciones también afectaron mi vida cotidiana, ya que tuve que abandonar la carrera de Licenciatura en Criminología que había comenzado al llegar a Catamarca”, contó.
Nada fue sencillo. Además, la vida en esa provincia no terminó de adaptarse a las expectativas de Victoria. La falta de oportunidades laborales y el aislamiento de su familia fueron factores determinantes. “Mi hijo más grande estaba muy solo allá. Acá tiene a los primos, otra vida”, explicó Victoria sobre su decisión de volver a Buenos Aires cuando se bebé tenía tan solo cinco meses.
“El quiebre se produjo en diciembre del año pasado cuando falleció mi abuela. Ese episodio me llevó a replantearme muchas cosas. Yo siempre quise volver. Y eso me impulsó a tomar la decisión”, aseguró. La decisión no fue fácil. De hecho, Agustín no estaba al tanto de que sería definitiva. “Se enteró cuando yo ya estaba acá”, admitió.
Hoy, la pareja está separada físicamente pero se hablan todos los días por videollamada. Él permanece en Catamarca, donde recientemente consiguió trabajo, mientras ella vive en el barrio de Flores junto a sus hijos. “Estamos bien, tratando de sostener el vínculo y extrañándonos mucho”, dijo Victoria.

La situación actual responde, en gran parte, a cuestiones económicas y logísticas. La casa familiar en Buenos Aires es pequeña y conviven muchas personas, lo que dificulta el regreso inmediato de Agustín. El plan, sin embargo, está claro: reunirse nuevamente en la capital cuando las condiciones lo permitan.
“La idea es que venga con su mamá y podamos estar todos juntos”, explicó Victoria en alusión a que él deberá concluir con un contrato que firmó y el reencuentro se realizaría recién a fin de año.
Lejos de ser una historia lineal, la de Victoria está marcada por desafíos, decisiones impulsivas, pérdidas y nuevos comienzos. Sin embargo, hay un hilo conductor que se mantiene firme: la convicción de apostar al amor incluso en los contextos más inesperados.
Lo que comenzó como un vínculo imposible, atravesado por prejuicios y confusiones familiares, terminó transformándose en una relación que redefinió roles, rompió esquemas y construyó una familia desde el afecto y la elección. “A pesar de las dificultades, todo valió la pena”, concluyó.
Mientras espera reencontrarse con Agustín, Victoria intenta reconstruir su vida entre la maternidad, un emprendimiento de productos de limpieza y la ayuda de su familia. También sueña con retomar sus estudios en Criminología, que tuvo que abandonar por su embarazo.
A pesar de las dificultades, se muestra firme en sus decisiones y en su forma de ser: “Soy sincera, no me puedo esconder”.
Su historia, que comenzó como un relato íntimo en redes sociales, terminó convirtiéndose en un fenómeno viral que puso en debate prejuicios, vínculos familiares y formas de amar.
Mientras espera reencontrarse con su pareja, Victoria tiene claro su objetivo: sostener su familia y construir un futuro mejor para sus hijos. “Estamos planeando todo. De a poco”, concluyó.
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