
Cada tanto, los adultos necesitan subtítulos para entender a los más jóvenes. Por estos días sucede cuando escuchan frases como “farmear aura”, “alto lore”, “estás en tu prime”, “dejá de tirar factos” o “beige flag” y no tienen la menor idea de qué significan. Pero, ¿estamos frente a un idioma nuevo o se trata de un mecanismo generacional que se repite desde hace décadas?
El interés —y muchas veces la polémica— por cómo hablan los adolescentes no es nuevo. “Históricamente hay un gran foco puesto sobre las variantes lingüísticas juveniles porque se considera una especie de anticipo del futuro”, le explica a Infobae el lingüista y lexicógrafo Santiago Kalinowski, director del Departamento de Investigación Lingüística y Filológica de la Academia Argentina de Letras. “A partir de la modernidad la lengua cumple el rol de regular quién ocupa cada espacio en la sociedad. Alguien que habla mal no puede ocupar un lugar importante. Esa es la premisa general que rodea lo que en lingüística se llama el estándar”, explica Kalinowski.
En ese contexto, si se observa que los jóvenes —que el día de mañana podrían ocupar un lugar valioso— hablan de un modo muy distinto, esa diferencia puede volverse un motivo para cuestionarlos. En esa tensión generacional vuelve una idea conocida: que los jóvenes hablan mal.
“Cada generación construye un ‘código propio’ en el tránsito hacia la adultez. En un momento de su vida todos los adolescentes buscan diferenciarse de sus padres y es ahí donde emerge la novedad lingüística. Pero no hay que asumir que van a hablar así para siempre. Una vez que encuentran su identidad como adultos, empiezan a usar una lengua más parecida a la de los mayores”, explica Kalinowski.

Desde la sociología, la doctora en Ciencias Sociales e investigadora del Instituto de Investigaciones Gino Germani (UBA), Ana Wortman, plantea que los lenguajes coloquiales son el emergente de las prácticas sociales. “No podemos comprender el modo de ser y habitar el mundo contemporáneo sin asociarlo al entorno digital. Si para los jóvenes de los ’60 el lenguaje derivaba del rock; la música juvenil actual también pone en circulación un léxico a veces incomprensible donde las palabras suelen reducirse o modificarse, como en la cultura gamer”.
El fenómeno, además, tiene una dimensión global. Muchas de estas palabras provienen del inglés o de comunidades online y se adaptan al español local. Wortman vincula estos cruces con procesos más amplios de globalización cultural y con lo que denomina “cosmopolitismo estético”: la circulación constante de bienes simbólicos que exceden las fronteras.
Sin embargo, no todo lo que hoy parece indescifrable está destinado a quedarse. Kalinowski define este tipo de léxico como “cronolectal”: propio de una etapa de la vida y muchas veces efímero. Cuando esa generación llega a los 20 o 21 años, muchas de esas palabras se abandonan. Su función principal no es durar, sino marcar pertenencia y, al mismo tiempo, dejar afuera a los mayores.
La visita de Guillermo Cóppola al programa de streaming “Mernosketti”, conducido por Moski, Mernuel y Bauleti, funciona muy bien como ejemplo. Tras su presentación, “Guillote” sacó de su bolsillo una especie de “machete” de papel donde llevó escritas palabras que hoy usan los jóvenes y su significado.
Cómo se detectan las nuevas palabras
¿Quién instala socialmente una palabra? ¿Cuándo un término deja de ser una moda y pasa a formar parte del idioma? ¿Qué determina que algunas palabras perduren y otras desaparezcan?
En Argentina no existe un monitoreo sistemático del léxico juvenil. “Tampoco hay encuestas lingüísticas serias donde se releve el lenguaje de los jóvenes en distintas escuelas año tras año”, señala Kalinowski. “Muchas veces las palabras se detectan simplemente porque empiezan a escucharse”, suma.
Hace un tiempo, la Academia Argentina de Letras y el Departamento de Computación de la UBA realizaron dos ciclos de investigación basados en el español de la Argentina en redes sociales y construyeron un corpus de más de 1200 millones de palabras. Pero el proyecto no pudo continuar por falta de recursos. “Este tipo de trabajo es ideal para poder caracterizar, describir y entender un fenómeno como el del léxico juvenil: cuán frecuente es, cuál es la lista completa de esas palabras, quiénes las usan, dónde y por cuánto tiempo. Esperamos poder retomarlo en algún momento”, indica.
Según el lingüista, la experiencia muestra que no todo lo que parece pasajero desaparece. El caso más emblemático es el de “re”. “Ese prefijo convertido en palabra tiene origen juvenil y después pasó a todas las generaciones. Nunca se dejó de usar”, explica.
Con “ahre” ocurrió lo opuesto. La Academia lo incorporó al diccionario porque consideraba que podía sostenerse en el tiempo: “Es una manera de marcar que lo que acabás de decir no es literal, sino un chiste o una ironía”, recuerda Kalinowski. Sin embargo, cuando hoy consulta a sus alumnos, la respuesta es otra: “Eso lo dicen los mayores”.
Las diez palabras favoritas de los jóvenes
- Farmear aura: Proviene del verbo inglés to farm (cultivar). En el mundo gamer significa repetir acciones para acumular puntos o recursos. Trasladado a redes, implica hacer publicaciones o gestos destinados a aumentar el prestigio personal. Según Kalinowski, es “una manera de cultivar la reputación”, es decir, construir presencia simbólica.
- Aura: Es el prestigio o la presencia que alguien impone. Puede asociarse a carisma, solvencia o autoridad. “El video de Messi entrando a la cancha tiene mil de aura”, ejemplifica el lingüista.
- Beige flag: Deriva de red flag (señal de alerta) y green flag (señal positiva). La beige flag se usa para referirse a algo que no es ni bueno ni malo, simplemente neutro.
- Prime: Decirle a otra persona que “está en su prime” es el equivalente a decir que está en su mejor momento personal. “Pegaste un glow up” o “estás en tu peak”, son similares.
- Facto: Forma abreviada y enfática de “verdad”. Se usa como validación: algo que es indiscutiblemente cierto.
- Funar: Exponer o denunciar públicamente a alguien en redes sociales.
- Lore: En videojuegos, refiere a la historia previa o el trasfondo narrativo que rodea a un personaje o universo. Kalinowski explica que hoy se usa más ampliamente para aludir al “contexto” o la historia —a veces secreta o poco conocida— que rodea a alguien o algo. El término viene del inglés antiguo y aparece en palabras como folklore.
- Beef: Del inglés coloquial, donde significa pelea o disputa (“to have a beef with someone”). Hoy se usa para referirse a conflictos públicos, especialmente entre figuras de redes o músicos. Para el lingüista, es un préstamo que conserva su sentido original de “buscar roña”.
- Six seven: No tiene un significado específico. Se usa para describir algo que está “más o menos”, “regular”, “aleatorio”, acompañado de un gesto característico con las manos. Kalinowski lo define como un ejemplo de expresión cuya función principal es excluir a los adultos.
- Frontear: Significa alardear, mostrarse con actitud, “hacerse el picante”. “Voy a salir de fronteo” puede implicar salir con la intención de llamar la atención. Según Kalinowski el término se popularizó en la música urbana.
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