
“Hace treinta días que tengo síntomas compatibles con el coronavirus, pero recién hace dos semanas me hicieron el test”, relata Agustina Mejail, de 30 años. La joven tucumana se fue a vivir a Munich en 2014 con el propósito de estudiar durante un año, aprender un idioma y viajar. Pero ese plan inicial se convirtió en algo permanente: hoy Alemania es su nuevo hogar.
Allí la encontró la pandemia de COVID-19. Y el virus la alcanzó. Aún hoy, algunos de los síntomas persisten como congestión nasal (sin mocos), tos y dolor de cabeza. Durante la entrevista se detiene para toser. “Perdón -dice cada vez que se interrumpe la comunicación- supongo que en algún momento se me va ir esta tos seca”.
Periodista, comunicadora social ahora desarrollándose como consumer insight -recopila gran cantidad de datos para desarrollar el perfil del cliente y sus motivaciones para adquirir determinado producto- de la empresa Mondelez, divide su tiempo entre Munich y Bremer. “Me empecé a sentir mal el lunes 9 de marzo, tenía un dolor raro en el pecho; una mezcla de quemazón con ardor. También un poco de dolor de cabeza. Como la crisis de salud no era tan abismal como la de hoy, pensé ‘me estoy sugestionando’”, recuerda ante las primeras alarmas.
Precavida, Agustina tomó ciertos recaudos. “Avisé en el trabajo y les dije que me quedaría en casa haciendo home office hasta sentirme mejor”. Al día siguiente el malestar persistía y decidió acudir a una guardia médica. "En el centro médico me dieron un barbijo, bata, y guantes”. El médico al que acudió le dijo que probablemente no era coronavirus, porque a esa altura del año era normal la gripe por el cambio de temperatura. “Me recetó paracetamol, descanso y mucho líquido”.
Un poco más tranquila siguió con su vida normal desde casa. Hasta que una mañana al levantarse se dio cuenta de que había perdido por completo el sentido del gusto y olfato. Esa fue otra señal de alarma. “Me podía poner cinco dientes de ajo en la boca y no los sentía. Lo percibí cuando me puse a cocinar”.
A las pocas horas levantó algo de temperatura corporal. “Me tomé la fiebre y tenía 37,2, en mi organismo es bastante porque en días normales suelo tener 35,8”.
Pasó casi una semana hasta que visitó a su médica para hacerse un control de tiroides. “En el consultorio le conté lo que venía sintiendo durante todos esos días. Ella no dudó: ‘Esto puede ser coronavirus. Por favor llamá al Ministerio de Salud y pedí que te hagan el test para descartar. Tu novio tiene que hacerlo también'”.
“Estuve un día entero llamando a los números de emergencia, pero nadie me atendió. Cuando finalmente alguien respondió, nos negaron el test por no haber estado en zona afectada o en contacto estrecho con algún paciente contagiado”. Finalmente lograron dar con dos test caseros, los enviaron a analizar, y 48 horas más tarde sonó el teléfono. “Nos confirmaron que ambos éramos positivo”.
Tuvo miedo. “Más de una vez, sobre todo porque pasó un mes desde los primeros síntomas y me sigo sintiendo mal. Noto una mejoría, recuperé el olfato por ejemplo. Pero estuve internada algunas horas por tener dificultad para respirar”.
No sabe dónde se contagió el virus, supone que puede haber sido en algunos de los lugares comunes en los que estuvo, porque en Alemania la cuarentena es flexible. A su vez, el fin de semana anterior a presentar síntomas estuvo en contacto con unos amigos que no se sentían del todo bien.
Los médicos le aconsejaron continuar con el reposo, descansar, inhalar y exhalar varias veces por día para cambiar el aire de los pulmones, además de beber mucho líquido. “En pocos días me haré el segundo hisopado para saber si sigo infectada”.
La peor parte fue contarle a su madre Nancy -a 11,282 kilómetros de distancia en Tucumán- que estaba enferma. Se lo ocultó por varios días. “Después de la internación le comuniqué que me había dado positivo el test, traté de llevar calma porque a distancia todo se magnifica”.

Agustina resalta la importancia de realizar los testeos. "Mi novio jamás tuvo síntomas, si no hubiera sido por mí nunca se hubiera enterado de que tenía coronavirus y tal vez hubiera contagiado a más de una persona”.
Desde su casa invita a la población a ejercer la responsabilidad social. ”En el momento que llamaron y me dijeron que el test era positivo pensé en toda la gente con la que había estado en contacto en las últimas dos semanas, y que ellas podrían haber estado en contacto con otras... y así propagarlo. Por eso, es importante tomar conciencia, y ser responsables en la forma que actuamos”.
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