
A simple vista son cuatro jóvenes que no superan los 20 años jugando con una pelota en la orilla. Están a 35 metros del muelle y pareciera ser que el objetivo es que la redonda no toque la arena. Sin embargo, al pasar cerca de ellos se oye la premisa del juego: el receptor debe completar la cantidad de toques que aquel que le entrega la pelota disponga y evitar que, efectivamente, bese la orilla.
“No sabemos cómo se llama. Nosotros lo jugamos desde hace tiempo y tenemos tres reglas claras: la primera vez que uno recibe la pelota tiene que hacer, al menos, dos jueguitos. La segunda es que el máximo son tres toques. Y la tercera es que el pase debe ser cómodo. O por lo menos hacia arriba, para evitar que quien entrega la pelota lo haga fuerte y eso implique que quien la reciba no la pueda controlar", explicó Ramiro Salinas, de 16 años, a Infobae.
Entender el juego resulta simple: se forma una ronda con una cantidad de jugadores ilimitada. Se necesita una pelota y los jueguitos o toques se pueden hacer con cualquier parte del cuerpo menos con las manos. Cuando se inicia, la persona que recibe la pelota debe poder hacer -al menos- dos toques antes de pasársela a otro oponente. Y mientras la pelota viaja en el aire, debe gritar la cantidad de toques que aquel contrincante que escoge como receptor (de manera aleatoria) debe hacer.

“Si le gritás ‘¡uno!’ apenas arranca el juego, el que recibe la pelota no tiene posibilidad de pensar. En cambio si se inicia con dos o tres sabe que puede dominar la pelota y recién en el segundo toque pasarla. Lo que no aceptamos es que quien la pasa ‘fusile’ al otro y que éste no pueda dominarla", agregó Salinas.
Repetido a lo largo de las playas más concurridas de Pinamar, el juego también expresó una regla flexible que otro grupo de amigos, oriundo del barrio porteño de Villa Devoto, modificó a su gusto. “Nosotros hacemos hasta cuatro toques y sí jugamos a ‘perjudicar’ al otro. Es decir, la tiramos fuerte al pecho o a las piernas para que no pueda controlarla. O la elevamos muy alto para que bajarla cueste más. La segunda es complicada porque pasa mucha gente el juego se puede cortar”, indicó Ariel Colucci, de 17 años.
En la porción de playa que desemboca en Avenida Bunge y Avenida Del Mar, dos mujeres jugaron en conjunto frente a dos hombres. Una de ellas generó la atención de un grupo de turistas, quienes se exhibieron atónitos al ser testigos de que la joven nunca fallaba. Uno de sus competidores, frustrado por la derrota, decidió retirarse antes de tiempo. Ella, en venganza, le metió un caño que despertó los aplausos de los presentes.

Colucci agregó: “Sinceramente no sabemos cómo se llama. Hace poco buscamos en Google el nombre, para saber si tenía reglas universales”. El joven le especificó a este medio que, junto a sus amigos, descubrió la práctica tras ver en Instagram un entrenamiento del plantel profesional del Liverpool de Reino Unido.
En la escena continúan los clásicos juegos playeros: la paleta, el resistido tejo, vóley sin redes, disco volador y un partidito de fútbol cerca del mar, la longitud de la orilla y la concurrencia de los veraneantes lo permite.
El spikeball, juego que llegó a los balnearios argentinos hace dos años, reafirma cada temporada el furor de aquel verano. El juego consiste en darle con la palma de la mano (spike es como se le dice al remate de vóley en inglés) a una pelotita, que debe rebotar en un disco con una red tensada y anclado en la arena. Las reglas son variadas, aunque mayormente se enfrentan dos personas contra otras y deben turnarse para golpear la pelotita en la red.
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