Cómo seguir en vivo la caída del telescopio Swift y dónde podría impactar

El observatorio espacial viaja a 7,81 kilómetros por segundo sobre la línea ecuatorial terrestre. Las estimaciones de su descenso cambian con cada órbita y existen herramientas públicas para observar su recorrido

El observatorio Neil Gehrels Swift reingresará este 4 de noviembre tras casi 22 años de estudio de explosiones cósmicas y rayos gamma (Orbital Radar)
El observatorio Neil Gehrels Swift reingresará este 4 de noviembre tras casi 22 años de estudio de explosiones cósmicas y rayos gamma (Orbital Radar)
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El observatorio Neil Gehrels Swift afronta sus últimas horas en órbita después de casi 22 años de trabajo científico. La NASA prevé que el aparato, lanzado en 2004 para estudiar explosiones cósmicas, ingrese hoy a la tarde o noche en la atmósfera terrestre.

El descenso no cuenta con control desde tierra y el instante final todavía admite un margen amplio, por lo que la forma más útil de seguir el evento consiste en consultar actualizaciones oficiales y rastreadores satelitales que muestran su posición sobre el planeta.

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La referencia principal para conocer las previsiones de reentrada es el blog de la NASA que junto a la agencia espacial y la Fuerza Espacial de Estados Unidos actualizan allí los datos de altura, velocidad y ventana estimada de caída. Esos cálculos no señalan un punto fijo: describen un corredor potencial que se ajusta a medida que Swift pierde altitud.

La NASA y la Fuerza Espacial ajustan la previsión de caída de Swift porque una diferencia horaria desplaza miles de kilómetros el corredor (NASA)
La NASA y la Fuerza Espacial ajustan la previsión de caída de Swift porque una diferencia horaria desplaza miles de kilómetros el corredor (NASA)

La estimación inicial situaba el reingreso cerca de las 3:30 de la madrugada del este de Estados Unidos, equivalentes a las 7:30 GMT y las 4:30 de Argentina. Sin embargo, el margen de error alcanza 11 horas. En una nave que avanza a velocidad orbital, esa diferencia desplaza miles de kilómetros la proyección sobre el mapa. Por esa razón, cualquier pronóstico sobre un país o ciudad concreta resulta prematuro hasta las últimas vueltas alrededor de la Tierra.

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Swift viaja actualmente a unos 7,81 kilómetros por segundo y mantiene una órbita cercana al ecuador. Su altura ronda los 163 kilómetros, una distancia donde la atmósfera todavía es tenue, aunque ya ejerce una resistencia decisiva sobre una estructura de 1.450 kilogramos. Cada paso por esas capas resta velocidad al observatorio y lo acerca a la zona donde el calentamiento atmosférico provoca su fragmentación.

Para buscarlo en las plataformas de seguimiento, el dato clave es su designación: NORAD ID 28485. Ese número funciona como la identificación única del satélite dentro de los catálogos orbitales. Basta con ingresarlo en un buscador de los sitios especializados para localizar la nave, observar la línea de trayectoria y revisar los próximos cruces sobre distintas regiones.

El identificador NORAD 28485 permite visualizar la trayectoria orbital de Swift

La órbita de Swift abarca desde 20,6 grados de latitud norte hasta 20,6 grados sur e incluye zonas tropicales de América Latina
(NASA)
La órbita de Swift abarca desde 20,6 grados de latitud norte hasta 20,6 grados sur e incluye zonas tropicales de América Latina (NASA)

Entre las opciones abiertas al público figuran Orbital Radar, N2YO y KeepTrack. Estas páginas toman datos de Space-Track.org, el portal público que opera el Ejército de Estados Unidos para difundir información sobre objetos en órbita. El sistema se nutre de mediciones de la Fuerza Espacial, responsable del seguimiento de miles de satélites, etapas de cohetes y fragmentos espaciales.

Cada plataforma presenta el recorrido de modo distinto. Algunas privilegian un globo terráqueo interactivo; otras muestran mapas planos, líneas de paso y datos técnicos. El usuario puede alternar entre una vista global y una local, consultar la latitud y longitud de Swift o programar alertas para conocer cuándo pasa sobre una zona. Ninguna de esas herramientas identifica el lugar de impacto, porque esa definición depende de las condiciones reales de las últimas etapas del descenso.

Los mapas ayudan a entender por qué la ventana de incertidumbre importa tanto. La Tierra gira bajo la órbita del telescopio mientras Swift completa cada vuelta a una velocidad muy elevada. Si el ingreso atmosférico ocurre unas horas antes o después de lo previsto, la posición del planeta bajo la nave cambia por completo. Una trayectoria que antes cruzaba océano puede trasladarse hacia un continente, o a la inversa.

Infografía con una ilustración del satélite Swift incandescente, diagramas del globo terráqueo, un reloj, piezas mecánicas y textos explicativos.
Una infografía detalla las fases y los riesgos del reingreso a la Tierra del observatorio espacial Swift de la NASA tras casi veintidós años en órbita. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los desarrolladores explican que se debe interpretar las proyecciones como una representación del movimiento orbital y no como una advertencia de caída inmediata sobre cada punto de la línea. Los rastreadores indican dónde se encuentra el satélite en ese momento y cuál sería su paso futuro si conserva parámetros similares. Cerca de la reentrada, la densidad atmosférica, la actividad solar y la orientación del aparato pueden modificar esos cálculos.

La recomendación consiste en revisar primero los comunicados de la NASA y, después, contrastar la posición con los rastreadores. La agencia espacial puede publicar nuevas ventanas de reentrada a medida que recibe telemetría y análisis de la Fuerza Espacial. También conviene observar la hora de cada actualización, ya que una proyección de varias horas antes puede perder validez con rapidez.

La franja orbital de Swift se extiende entre los 20,6 grados de latitud norte y los 20,6 grados de latitud sur. Ese límite deja fuera a Europa continental y cubre una parte extensa de América Central, el Caribe, el norte de Sudamérica, África, India, el sur y sudeste de Asia y el norte de Australia. Dentro del continente americano, el corredor incluye grandes superficies del Pacífico y del Atlántico.

Swift viaja a 7,81 kilómetros por segundo y su descenso hacia las capas densas de la atmósfera terrestre acelera su final (NASA)
Swift viaja a 7,81 kilómetros por segundo y su descenso hacia las capas densas de la atmósfera terrestre acelera su final (NASA)

Belice, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam, Ecuador, Perú y Brasil están dentro de esa banda. También aparecen sectores de Bolivia, Paraguay y el extremo norte de Chile. La inclusión en el corredor no convierte a ninguno de esos países en destino probable de los restos. El área indica solamente dónde podría producirse el ingreso si coincide con el paso orbital correspondiente.

La mayor parte de la superficie terrestre está cubierta por océanos, una condición que favorece una caída en el mar. El astrofísico Brad Tucker, de la Universidad Nacional de Australia, explicó la proporción con una comparación directa: “Si el 70 por ciento de la Tierra es océano, el 30 por ciento es tierra. Entonces, tres de cada diez veces se trata de tierra, no de océano”.

Aun así, los expertos no descartan que algunos materiales lleguen a tierra firme. La NASA calcula que la probabilidad de que una persona sufra daños por el reingreso equivale a una entre 2.100. El número describe un riesgo bajo, pero confirma que parte de los objetos espaciales de gran tamaño pueden dejar restos tras atravesar la atmósfera.

La atmósfera destruirá gran parte del observatorio antes de que alcance el suelo

 El número NORAD 28485 permite localizar a Swift en plataformas públicas que muestran su posición y su ruta sobre el planeta
El número NORAD 28485 permite localizar a Swift en plataformas públicas que muestran su posición y su ruta sobre el planeta

El proceso decisivo comenzará cuando Swift baje de unos 120 kilómetros. A esa altura, el aire frente al satélite se comprime y eleva la temperatura alrededor de su estructura. El efecto térmico, sumado a las fuerzas mecánicas, separa primero las piezas externas y debilita el cuerpo principal. La desintegración no se parece a una caída vertical: ocurre durante un desplazamiento horizontal de enorme velocidad.

Dean Sladen, ingeniero aeroespacial británico, describió esa secuencia: “Una vez que Swift desciende a unos 120 kilómetros, su fin suele llegar en cuestión de minutos. El aire que se encuentra delante se calienta tanto que el satélite comienza a brillar. Los paneles solares y las antenas suelen ser los primeros en desprenderse, y a unos 78 kilómetros, aproximadamente ocho veces la altura de un avión comercial, el cuerpo principal se desintegra. La mayor parte se derrite y se vaporiza”, explicó Sladen.

El aluminio, el cableado y numerosos componentes electrónicos tienen pocas posibilidades de resistir el calentamiento. Las piezas más densas, fabricadas con acero, titanio o vidrio, cuentan con mayores opciones de sobrevivir de forma parcial. Entre ellas aparecen las seis ruedas de reacción, mecanismos pesados que permitían orientar el telescopio, además de partes de lentes y espejos.

El corredor potencial de reentrada cubre áreas de América Central el norte de Sudamérica África Asia y el norte de Australia (N2yo)
El corredor potencial de reentrada cubre áreas de América Central el norte de Sudamérica África Asia y el norte de Australia (N2yo)

Sladen anticipó que los posibles fragmentos no conservarán una forma reconocible. “Lo más probable es que sobrevivan sus seis pesadas ruedas de reacción, los volantes de inercia giratorios que utilizaba para orientarse, junto con las partes más resistentes del telescopio, como las lentes y los espejos. Su máscara, compuesta por unas 52.000 diminutas placas de plomo, casi con toda seguridad se derretirá. Se espera que solo un puñado de pequeños fragmentos chamuscados lleguen a la Tierra; nada que pueda reconocerse como un telescopio”, declaró Sladen.

Si una persona encuentra un objeto sospechoso después de la reentrada, la indicación es no tocarlo, moverlo ni trasladarlo. Los restos pueden conservar temperatura, bordes cortantes o materiales que requieren una evaluación técnica. Las autoridades locales y los organismos especializados deben identificar cualquier hallazgo y definir su retiro.

El final de Swift responde al descenso natural de su órbita baja. La NASA intentó prolongar la misión con un rescate robótico a cargo de Katalyst Space. La nave LINK debía aproximarse al observatorio, capturarlo y elevarlo hacia una órbita con menor resistencia atmosférica. El plan no prosperó por fallas en el sistema de control de actitud de LINK, imprescindible para conservar la orientación durante el acercamiento.

La NASA calcula una probabilidad de una entre 2.100 de que una persona sufra daños por los restos del observatorio espacial
 - NASA'S GODDARD SPACE FLIGHT CENTER/CHRIS SMITH
La NASA calcula una probabilidad de una entre 2.100 de que una persona sufra daños por los restos del observatorio espacial - NASA'S GODDARD SPACE FLIGHT CENTER/CHRIS SMITH

La actividad solar de los últimos dos años aceleró el deterioro orbital. El calor que libera el Sol expande las capas superiores de la atmósfera y aumenta su densidad, incluso a altitudes donde el aire parece casi inexistente. Esa expansión incrementa el rozamiento contra los satélites de órbita baja. Swift perdió altura de forma progresiva hasta quedar sin margen para una recuperación.

El telescopio despegó desde Cabo Cañaveral el 20 de noviembre de 2004 con una misión inicial de dos años. Su función principal consistía en detectar estallidos de rayos gamma, destellos de alta energía asociados a fenómenos como el colapso de estrellas masivas o la fusión de estrellas de neutrones. Su sistema podía localizar una señal y girar con rapidez para registrar la luz residual.

El telescopio registró más de 2.000 estallidos de rayos gamma y al menos 1.400 supernovas (NASA)
El telescopio registró más de 2.000 estallidos de rayos gamma y al menos 1.400 supernovas (NASA)

Tres instrumentos sostuvieron ese trabajo: el Burst Alert Telescope, que detectaba explosiones; el X-Ray Telescope, dedicado a los rayos X; y el Ultraviolet/Optical Telescope, enfocado en luz ultravioleta y visible. El observatorio envió alertas a otros telescopios para ampliar las observaciones de eventos breves. Durante su vida operativa registró más de 2.000 estallidos de rayos gamma y al menos 1.400 supernovas.

La NASA rebautizó la misión en 2018 en homenaje a Neil Gehrels, su primer investigador principal. El archivo científico de Swift conservará cerca de 22 años de mediciones, más de 1,5 millones de imágenes y alrededor de 12 terabytes de información.

Mientras sus datos siguen disponibles para la comunidad científica, las actualizaciones oficiales y el número NORAD 28485 permitirán seguir el último tramo de su viaje orbital.

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