Cáncer de mama: tres investigaciones argentinas estudian nuevas vías para tratar la enfermedad

En el mes de concientización sobre esta patología, expertos del país desarrollan estudios sobre receptores hormonales, células del sistema inmune y una proteína asociada con la diseminación tumoral

Micrografía realista de una célula tumoral grande y roja con núcleo azul y puntos verdes, rodeada por pequeñas células rosadas inmunitarias y glóbulos rojos, sobre una superficie oscura.
El cáncer de mama registra más de 20.750 diagnósticos anuales y más de 6.000 muertes en la Argentina. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El cáncer de mama es hoy la enfermedad oncológica más frecuente entre las mujeres en 164 países y la principal causa de muerte por cáncer en esa población, con un estimado de 694.000 fallecimientos en 2024, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En la Argentina, la situación no escapa a esa realidad: cada año se diagnostican más de 20.750 nuevos casos y se registran más de 6.000 muertes asociadas a esta patología.

En el mes internacional de concientización sobre el cáncer de mama, resulta oportuno destacar el trabajo sostenido de tres equipos de investigación argentinos, liderados por los doctores Claudia Lanari, Gabriel Rabinovich y José Mordoh.

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Sus líneas de estudio, diferentes y complementarias, apuntan al desarrollo de nuevos tratamientos frente a una de las enfermedades con mayor mortalidad en el mundo.

Receptores hormonales como una vía hacia tratamientos más específicos

La doctora Claudia Lanari lidera una investigación centrada en los tumores de mama luminales, un subtipo que representa más del 70% de todos los cánceres de mama y se caracteriza por expresar receptores hormonales, es decir, moléculas en la superficie de las células tumorales que reconocen hormonas como el estrógeno y la progesterona. Cuando esas hormonas se unen a sus receptores, envían señales que favorecen el crecimiento y la multiplicación de las células tumorales.

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
El equipo de Claudia Lanari propone el uso de antiprogestágenos dirigidos al receptor de progesterona en tumores luminales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Su equipo descubrió que dentro de ese grupo existen diferencias clave: algunos tumores presentan mayor cantidad de una forma del receptor de progesterona conocida como isoforma A (PR-A) respecto a la isoforma B (PR-B). Esas pacientes podrían beneficiarse de un fármaco llamado antiprogestágeno, un medicamento que actúa directamente sobre el receptor de progesterona.

“La diferencia sería que la terapia actual está toda dirigida hacia el receptor de estrógeno o hacia disminuir la síntesis del ligando, que sería el estrógeno. Y esta terapia está dirigida hacia el otro receptor hormonal que tienen las células, que es el receptor de progesterona, que actualmente se mide para ver qué características tiene el tumor, pero que no se utiliza como blanco terapéutico”, explicó Lanari en declaraciones a Infobae.

La fundación SALES impulsa el desarrollo de estos programas de investigación junto a científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), a través de la iniciativa Cáncer con Ciencia.

Para identificar qué pacientes responderían a este tratamiento, el equipo utiliza una técnica de laboratorio llamada western blot, que permite distinguir ambas isoformas. Sin embargo, según la investigadora, ese método no resulta práctico para el ámbito hospitalario, por lo que trabajan en el desarrollo de un panel de diagnóstico más accesible.

En 2023, el grupo publicó en la revista Clinical Cancer Research un estudio de “ventana de oportunidad” (un ensayo breve de 14 días) que mostró respuestas favorables en pacientes con las características moleculares indicadas. Los estudios actuales se encuentran en fase preclínica, con pruebas en modelos celulares y animales, antes de avanzar hacia ensayos clínicos combinados.

Células Natural Killer, un arma del sistema inmune contra los tumores

Vista microscópica de células esféricas azules y blancas brillantes con espículas, interactuando con una masa celular oscura e irregular sobre fondo claro.
Las células Natural Killer adaptativas conservan su actividad frente a los efectos de la quimioterapia y potencian su ataque con anticuerpos.

En el equipo del doctor José Mordoh, la doctora Estrella Levy investiga un tipo particular de célula del sistema inmunológico: las células Natural Killer adaptativas (NKa). Estas células son un subtipo de los linfocitos NK, un componente de la inmunidad innata (la primera línea de defensa del organismo) que tiene la capacidad de destruir células infectadas o tumorales sin necesidad de un reconocimiento previo.

Las NKa surgen en personas que atravesaron una infección por citomegalovirus humano (HCMV), un tipo de herpesvirus que se transmite por contacto con fluidos corporales como la saliva, la sangre o la leche materna. Se trata de un virus muy frecuente que infecta a la mayoría de la población en algún momento de la vida, pero que rara vez causa enfermedad visible.

Tras esa infección, algunas células NK atraviesan una especie de “entrenamiento”: su material genético no cambia, pero sí se modifica la manera en que sus genes se activan o se silencian, un proceso conocido como reprogramación transcripcional y epigenética. El resultado son células más resistentes, con mayor longevidad y una capacidad superior para atacar tumores. Según explicó Levy en declaraciones a Infobae, cuando estas células NKa se combinan con anticuerpos terapéuticos (moléculas diseñadas en laboratorio para unirse a las células cancerosas) el ataque contra el tumor se potencia de forma notable.

“Durante el tratamiento vimos que se mantienen más activas que las células NK convencionales, como si fueran menos susceptibles a los efectos de la quimioterapia”, señaló Levy. Este dato es clave porque la quimioterapia, al tiempo que ataca las células tumorales, también debilita al sistema inmunológico del paciente. Que las NKa resistan mejor ese impacto significa que pueden seguir en combate contra el tumor incluso durante el tratamiento.

Una mujer de perfil con bata blanca y guantes azules mira a través de los oculares de un microscopio en un entorno oscuro.
La Fundación SALES y el CONICET impulsan programas de investigación sobre patologías oncológicas mediante la iniciativa Cáncer con Ciencia. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sin embargo, la investigadora aclaró que aún no se encontró una asociación directa con la respuesta a un tratamiento particular, y que el equipo continúa con estudios sobre la interacción de estas células con otras del sistema inmune, tanto dentro de los tumores como en distintos esquemas terapéuticos.

Galectina-1: la proteína que el tumor usa para escapar y que la ciencia busca bloquear

En el laboratorio de Gabriel Rabinovich, la doctora Mariana Salatino estudia una proteína llamada Galectina-1, capaz de unirse a los azúcares que recubren las células. El cuerpo la produce de forma natural y cumple funciones importantes: participa en la regulación del sistema inmunológico, colabora en procesos de inflamación y contribuye al desarrollo de tejidos. El problema surge cuando las células tumorales aprovechan esa misma proteína en su beneficio.

La unión a los azúcares, en el contexto del cáncer de mama, activa varios mecanismos que favorecen la progresión de la enfermedad. Según explicó Salatino a Infobae, la Galectina-1 promueve que las células tumorales se desprendan del tumor primario, ingresen al torrente sanguíneo y se alojen en otros órganos, como el pulmón, donde forman metástasis.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La proteína Galectina-1 promueve la formación de metástasis en órganos como el pulmón y provoca la desactivación de los linfocitos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pero el rol de esta proteína no se limita a facilitar la diseminación. Las células tumorales producen grandes cantidades de Galectina-1, que además promueve la muerte y la desactivación de los linfocitos encargados de atacar el tumor, y estimula la formación de nuevos vasos sanguíneos que alimentan su crecimiento. Para contrarrestar estos efectos, el equipo desarrolló un anticuerpo monoclonal anti-Galectina-1, una herramienta que bloquea la acción protumoral de la proteína y permite que el sistema inmunológico recupere su capacidad de destruir las células cancerosas.

“En el laboratorio tenemos como objetivo en el futuro poder tratar a pacientes con cáncer con nuestro anticuerpo monoclonal anti-Galectina-1, sin embargo, para que eso sea posible falta mucho tiempo, mucha investigación, mucha inversión y muchos años”, reconoció Salatino. El camino requiere ensayos clínicos en Fase I, II y III para demostrar que la molécula resulta segura y eficaz en humanos.

Estas tres líneas de investigación, sostenidas por Fundación SALES, sus más de 155.000 donantes y el CONICET, reflejan el esfuerzo de la ciencia argentina por convertir el conocimiento de laboratorio en herramientas concretas contra el cáncer de mama.

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