
Se sabe que el entrenamiento mejora nuestra capacidad para tomar decisiones cuando interactuamos en entornos complejos. Sin embargo, las personas varían en su capacidad para aprender nuevas tareas y adquirir nuevas habilidades en diferentes entornos. Ahora los científicos han demostrado por primera vez que sintonizar brevemente el ciclo de ondas cerebrales individuales de una persona antes de realizar una tarea de aprendizaje aumenta drásticamente la velocidad a la que mejoran las habilidades cognitivas.
“Calibrar las tasas de entrega de información para que coincida con el ritmo natural de nuestros cerebros aumenta nuestra capacidad para absorber y adaptar nueva información” según ha citado en su documento el equipo detrás de la investigación que acaba de publicarse en la revista Cerebral Cortex.
Los investigadores de la Universidad de Cambridge dicen que estas técnicas podrían ayudarnos a retener la neuroplasticidad mucho más tiempo en la vida y avanzar en la idea de aprendizaje permanente.

“Cada cerebro tiene su propio ritmo natural, generado por la oscilación de las neuronas que trabajan juntas. Simulamos estas fluctuaciones para que el cerebro esté en sintonía consigo mismo y en el mejor estado para florecer” afirmó la profesora Zoe Kourtzi, autora principal del estudio y perteneciente al Departamento de Psicología de Cambridge.
La especialista afirmó que “la plasticidad de nuestro cerebro es la capacidad de reestructurar y aprender cosas nuevas, construyendo continuamente sobre patrones previos de interacciones neuronales. Al aprovechar los ritmos de las ondas cerebrales, puede ser posible mejorar el aprendizaje flexible a lo largo de la vida, desde la infancia hasta la edad adulta”.
El movimiento del conocimiento
Los neurocientíficos utilizaron sensores de electroencefalografía, o EEG, conectados a la cabeza de los participantes de la investigación para medir la actividad eléctrica en el cerebro de los 80 individuos que integraron el estudio y así tomar muestras de los ritmos de las ondas cerebrales. El equipo tomó lecturas de ondas alfa. El rango medio del espectro de ondas cerebrales, esta frecuencia de onda tiende a ser predominante cuando estamos despiertos y relajados.
Se trata de olas que oscilan entre ocho y doce hercios: un ciclo completo cada 85-125 milisegundos. Sin embargo, cada persona tiene su propia frecuencia alfa máxima dentro de ese rango.
Los científicos utilizaron estas lecturas para crear un pulso óptico: un cuadrado blanco parpadeando sobre un fondo oscuro al mismo tiempo que la onda alfa individual de cada persona.

Los participantes recibieron una dosis de 1,5 segundos de pulso personalizado para hacer que su cerebro funcionara a su ritmo natural, una técnica llamada entrenamiento, antes de que se les presentara una tarea cognitiva engañosa y rápida: por ejemplo, tratar de identificar formas específicas dentro de un aluvión de desorden visual. Un ciclo de ondas cerebrales consta de un pico y un valle.
Algunos participantes recibieron pulsos que coincidían con el pico de sus ondas, otros con el valle, mientras que otros las recibieron con ritmos aleatorios o al ritmo incorrecto (un poco más rápido o más lento). Cada participante repitió más de 800 variaciones de la tarea cognitiva, y los neurocientíficos midieron qué tan rápido mejoraba cada individuo.
La tasa de aprendizaje de los que estaban atrapados en el ritmo correcto fue al menos tres veces más rápida que la de todos los demás grupos. Cuando los participantes regresaron al día siguiente para completar otra ronda de tareas, aquellos que aprendieron mucho más rápido bajo el entrenamiento mantuvieron su nivel de rendimiento más alto.

“Fue emocionante descubrir las condiciones específicas que necesita cada uno para obtener este impulso impresionante en el aprendizaje. La intervención en sí es muy simple, solo un breve parpadeo en una pantalla, pero cuando alcanzamos la frecuencia correcta más la alineación de fase correcta, parece tener un efecto fuerte y duradero” afirmó la primera autora, Elizabeth Michael, perteneciente al equipo de la Unidad de Ciencias del Cerebro y Cognición de Cambridge.
Los científicos indicaron que los pulsos de arrastre deben coincidir con el canal de una onda cerebral. Los especialistas creen que este es el punto de un ciclo en el que las neuronas se encuentran en un estado de “alta receptividad”. Estos hallazgos se seguirán explorando en el Centro para el aprendizaje permanente y la cognición individualizada: una colaboración de investigación entre Cambridge y la Universidad Tecnológica de Nanyang (NTU) en Singapur.
Seguir leyendo
Últimas Noticias
Por qué la NASA busca establecer bases en la superficie de la Luna tras cancelar la estación espacial
La agencia redirige recursos hacia la creación de una infraestructura industrial lunar, preparando el salto hacia Marte. Las razones analizadas por un experto

Cómo es el satélite argentino que será el único latinoamericano en participar de la misión Artemis II de la NASA
El proyecto, desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y universidades argentinas, fue elegido entre docenas de propuestas globales para validar tecnología en la próxima misión tripulada a la órbita lunar

Cómo el consumo crónico de alcohol afecta a polinizadores y cuáles son las preguntas que aún quedan sin respuesta
Investigadores de la Universidad de California, Berkeley detectaron que el etanol está presente en la mayoría de las flores y forma parte de la dieta habitual de colibríes y abejas, que lo metabolizan sin efectos visibles, según un estudio publicado en Royal Society Open Science

El ornitorrinco suma una nueva rareza biológica: su pelo contiene melanosomas huecos, un rasgo exclusivo de las aves
Según informó Smithsonian Magazine, un estudio científico reveló una particularidad no registrada previamente en la estructura pigmentaria de este mamífero ovíparo, un hallazgo que profundiza su singularidad y abre interrogantes sobre los mecanismos evolutivos que explican sus características

Descubren nuevas familias de proteínas “esponja”: qué son y cómo facilitan que los virus infecten bacterias
Un equipo del Instituto Weizmann de Ciencias utilizó inteligencia artificial y análisis de millones de genes para hallar pistas sobre este mecanismo



