
Mucho se analizó desde el inicio de la vacunación contra el COVID-19 y la recomendación de inmunizar a las mujeres embarazadas sobre si la protección conferida por las formulaciones autorizadas de emergencia en plena pandemia se transmitiría de manera vertical de madre a hijo durante la gestación, o bien a través de la leche materna en la lactancia.
Un nuevo estudio de la Universidad de Florida (UF) publicado en Journal of Perinatology aportó más evidencia acerca de que la leche materna de las mujeres vacunadas contra el COVID-19 brinda protección a los bebés que son demasiado pequeños para recibir la vacuna.
El trabajo analizó las heces de los bebés que consumieron leche materna de mujeres que habían sido vacunadas y encontró allí anticuerpos contra el SARS-CoV-2. Un estudio anterior del mismo equipo había mostrado que había anticuerpos contra el SARS-CoV-2 en la leche materna, pero los investigadores no pudieron demostrar en esa oportunidad si esos anticuerpos pasaban por el tracto gastrointestinal de los bebés y posiblemente brindaban protección allí.

Ahora, utilizando una técnica llamada ensayo de neutralización, los investigadores demostraron que los anticuerpos encontrados en las heces de los bebés ofrecían protección contra el virus surgido en Wuhan a fines de 2019.
“Los niveles de IgA e IgG específicos de SARS-CoV-2 fueron más altos en las heces de los bebés después de la vacunación materna entre los alimentados con leche en comparación con los controles -detallaron los autores del trabajo en la publicación de sus conclusiones-. Las concentraciones maternas de IgA e IgG específicas del SARS-CoV-2 disminuyeron durante los seis meses posteriores a la vacunación, pero permanecieron más altas que los niveles previos a la vacunación. Observamos una mejor capacidad de neutralización en la leche y el plasma después de la vacunación contra el COVID-19″.
Y agregaron: “La presencia de anticuerpos específicos contra el SARS-CoV-2 en las heces de los bebés después de la vacunación materna ofrece más evidencia de la transferencia duradera de estos anticuerpos a través de la lactancia”.

Para el trabajo, los investigadores aislaron anticuerpos de las heces y los agregaron a una línea especial de células que tienen el tipo de receptores que usa el virus SARS-CoV-2 para ingresar a la célula. Luego, introdujeron un pseudovirus SARS-CoV-2, que actúa como el virus que causa COVID-19 pero es más seguro de usar en el laboratorio. El pseudovirus es fluorescente, por lo que cuando se une a una célula, la célula se ilumina.
“Vimos que cuando los anticuerpos estaban presentes, había menos células fluorescentes en comparación con nuestros controles donde no había anticuerpos presentes”, relató Lauren Stafford, una de las primeras autoras del estudio y estudiante de doctorado de la Facultad de Ciencias Agrícolas y de la Vida de la UF/IFAS en laboratorio de Larkin. “Los anticuerpos interfieren y no permiten que el virus llegue a las células”, agregó.

Y si bien a menudo se piensa que el virus que causa el COVID-19 afecta principalmente a los pulmones, también puede invadir el intestino, por lo que encontrar anticuerpos allí es significativo, según precisaron los investigadores.
En este sentido, la doctora Vivian Valcarce Luaces, otra primera autora del estudio y becaria posdoctoral en neonatología, ahondó: “Los anticuerpos ingeridos a través de la leche materna pueden proporcionar una capa protectora en la boca y el tracto gastrointestinal de los bebés”.
En el estudio, los investigadores también midieron y analizaron los anticuerpos encontrados en el plasma sanguíneo y la leche materna de las madres poco después de la vacunación y luego nuevamente unos seis meses después. Y aunque observaron que los niveles de anticuerpos disminuyeron a los seis meses, hallaron que los anticuerpos en el plasma y la leche de las personas vacunadas podían neutralizar mejor el virus.

Para el doctor Josef Neu, uno de los coautores del estudio y profesor del departamento de pediatría de la Facultad de Medicina de la UF, “el primer y el segundo estudio juntos brindan una imagen más completa de cómo vacunarse contra el COVID-19 durante el embarazo y la lactancia materna puede proteger a los padres y al niño”.
“En nuestra investigación, estamos siguiendo el viaje de los anticuerpos, desde el momento en que se producen en la madre después de la vacunación y ahora a través del sistema digestivo del bebé. La siguiente pregunta es si esos bebés tienen menos probabilidades de contraer COVID-19″, ahondó.
Para eso, los investigadores necesitan estudios más amplios, ya que este último incluyó a 37 madres y 25 bebés, un número relativamente pequeño de participantes para inferir conclusiones mayores a largo plazo.
Actualmente, los niños menores de seis meses de edad no pueden recibir la vacuna, por lo que la leche materna puede ser la única vía para brindar inmunidad.
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