
Hasta ahora, hablar de San Carlos era hablar de viñedos, montañas y también de orégano. Pero desde este año, el departamento mendocino suma un título inesperado: el de primer orégano del planeta con sello de Identificación Geográfica (IG)
Esta certificación internacional garantiza que la calidad de la hierba aromática está vinculada directamente al territorio que la produce y a quienes la cultivan.
El logro no es menor. Representa la posibilidad de blindar la producción local frente a imitaciones y de sumar prestigio en mercados donde el sello de origen funciona como un pasaporte de confianza.

Dos años de trabajo compartido
El reconocimiento llegó tras un proceso que demandó más de dos años de evaluaciones, catas y pruebas en distintas fincas. Allí, los productores tuvieron un rol central: participaron en la definición del perfil sensorial, en la delimitación del área geográfica y en la construcción de un protocolo que asegura homogeneidad.
En la etapa final, técnicos del INTA sumaron aportes claves y la Sociedad Rural del Valle de Uco respaldó el pedido de registro.
La investigadora del INTA La Consulta, Mariela Pontin, lo resumió así: “El sello de Identificación Geográfica distingue al orégano de San Carlos por su calidad única, que resulta de las condiciones agroecológicas del lugar y del saber hacer de sus productores. Marca un antes y un después en la historia del orégano argentino”.
Qué significa tener un IG
La Identificación Geográfica no es solo un certificado colgado en la pared. Implica ventajas concretas: mejora la posición del producto en góndolas internacionales, abre oportunidades de comercialización y aporta desarrollo al territorio.
En palabras de Pontin, “este reconocimiento jerarquiza el trabajo de los productores y contribuye a fortalecer la economía regional”.
El secreto está en los detalles
Para obtener la distinción fue necesario demostrar que el orégano de San Carlos tiene atributos que lo diferencian del resto. Entre ellos, el secado al sol, la presencia de hojas y brácteas enteras de entre 1,5 y 5 milímetros, un verde brillante muy uniforme y un aroma tan intenso que se percibe incluso a treinta centímetros de distancia.
El corte, además, debe incluir al menos un 30 % de la variedad tipo compacto, con la posibilidad de completarse con plantas mendocinas o cordobesas. Son características que no solo responden a técnicas de cultivo, sino también a un conocimiento transmitido de generación en generación.
San Carlos, polo oreganero
Con la IG, el departamento afianza su liderazgo en el mapa productivo: concentra la mitad del orégano nacional y se transforma en una referencia mundial.
El sello será ahora parte de cada paquete, como una etiqueta de prestigio que cuenta una historia de territorio, tradición y esfuerzo colectivo.
El papel de los productores
En todo este camino, el aporte de los oreganeros fue decisivo. Ellos no solo garantizaron la continuidad del cultivo, sino que también participaron activamente en las pruebas y definiciones que dieron forma al reconocimiento.
Fueron quienes pusieron en valor los métodos tradicionales, defendieron las particularidades del orégano de San Carlos y contribuyeron a establecer un estándar que ahora tiene proyección internacional.
El sello, más que un logro individual, se vuelve así un símbolo de trabajo comunitario y compromiso con la calidad.
Fuente: Inta
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