
La historia es conocida. El trigo es el único commodity que obliga a Brasil, convertido en potencia mundial agroalimentaria, a requerir cantidades significativas de cereal producido fronteras afuera del país. Está lanzado el plan para alcanzar la autosuficiencia en la materia, hasta ahora con suerte esquiva.
La gran apuesta es a la poderosa región del Cerrado, en el Centro-Oeste brasileño. Se han logrado variedades adaptadas y la producción ha crecido, pero no lo suficiente como para evitar depender de los estados del sur, que dos por tres sufren los efectos negativos del clima.
Las importaciones de trigo alcanzaron 520,9 mil toneladas en diciembre de 2024, el volumen más alto para el mes desde 2019. El total importado en el año fue de 6,65 millones de toneladas del cereal, frente a 4,18 millones de toneladas en 2023, la cantidad más elevada desde 2018, según los datos aportados por la Secretaría de Comercio Exterior, que luego fueron recopilados y analizados por el Centro de Estudios Avanzados en Economía Aplicada (Cepea).

Fuentes del vecino país destacan que el volumen de las importaciones de trigo no ha flaqueado a pesar de la depreciación del real. Sin embargo, en el spot brasileño (transacciones puntuales de corto plazo) el ritmo de negocios sigue siendo lento. Según indica Cepea, este escenario debería mantenerse hasta fines de enero, ya que compradores y vendedores no muestran necesidad de negociar, debido a los movimientos ya realizados en diciembre. El aumento de las importaciones refleja la creciente demanda del mercado brasileño por trigo, ya que la producción nacional sólo satisface parte del consumo interno. Argentina es tradicionalmente el principal proveedor de cereales de Brasil.
La ecuación continúa desbalanceada a partir de la oferta propia. El consumo doméstico del vecino país ronda los 13 millones de toneladas y por tanto el reto es reducir las compras externas y aumentar la producción. Sin embargo, el año pasado las importaciones crecieron un 59% respecto de 2023. El objetivo de fondo no está cercano, por ahora al menos. Téngase en cuenta que el trigo brasileño de menor calidad se exporta, por lo cual la oferta interna es inferior a la producción lograda.
Al respecto, después de una notable mejora en los volúmenes producidos a partir de 2020, la cantidad de trigo obtenido se estancó en los últimos años en torno de los 8 millones de toneladas. Históricamente apoyada en el sur del país, el cereal brasileño parece tener insalvables limitaciones en esta zona.

Hay otras cuestiones en juego. La calidad es en general un factor para anotar en el debe de los trigos brasileños. El país necesita trigo panificable. “No tiene sentido aumentar la producción sin trabajar la genética y la biotecnología hacia todo lo que es la calidad del trigo”, advierte un especialista en el tema.
Para la campaña 2024/25 la producción se estimó en 7,89 millones de toneladas, un 2,6% inferior a la cosechada en 2023/24. Esta caída se debió principalmente a una reducción del 14,2% en el área de siembra en los estados de la región Sur, combinada con condiciones climáticas desfavorables durante todo el ciclo de cultivo en Paraná y en las regiones Sudeste y Centro-Oeste. Se supone que este año los volúmenes de importación deberían ser tan importantes como los del año pasado.

Entre nosotros, no todo está como debería. La Bolsa de Comercio de Rosario destaca que con la cosecha prácticamente finalizada, la operatoria por trigo pierde dinamismo. Tras un máximo en la primera semana de diciembre, la actividad comercial por el cereal ha mermado. Los precios mantienen su tendencia lateral a la espera de nuevos fundamentos, tras los últimos reportes del USDA levemente bajistas para este cereal.
Después de un máximo de 636.560 toneladas negociadas en la semana finalizada el 11 de diciembre último, la dinámica comercial comenzó a perder tracción y se acerca a los niveles promedio de noviembre, cuando empezaba a arribar al mercado la cosecha del norte del país ante un inicio anticipado de las labores por las condiciones de escasa humedad.
En la última semana el volumen negociado fue 27% inferior al pico semanal mencionado, mientras que mostró una contracción del 15% respecto de la semana previa, donde se había observado un repunte luego de las semanas acortadas por los feriados festivos.
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