
Un equipo de investigadores, conformado por especialistas del INTA y de universidades de Argentina y Australia, realizó un análisis de la brecha de rendimiento en los cultivos de soja. El estudio reveló que hasta un 60% de la brecha -que refleja la diferencia entre el rendimiento potencial restringido por el agua y el rendimiento efectivo en los campos- puede ser explicada por factores agronómicos y ambientales. Los resultados arrojados marcan un hito en la comprensión de los determinantes de la productividad en este cultivo clave.
Factores decisivos
Según Horacio Videla Mensegue, especialista del INTA Marcos Juárez, Córdoba, la variación de la brecha de rendimiento está determinada por diversas variables agronómicas: fertilización con fósforo, aplicación de fungicidas, fecha de siembra, grupo de madurez y densidad de plantas.
“A partir de esta información clave, con la cual pudimos identificar cuáles son las prácticas recomendadas para mejorar la productividad del cultivo, se nos abren vías de acceso para guiar las decisiones de gestión agronómica y optimizar así la productividad de los cultivos de soja en la región pampeana”, afirmó el especialista.
En cuanto a los determinantes ambientales, que explican el 40 % de la variación en la brecha de productividad del agua, se destacan la región y la presencia de la napa freática.
Además, se observó una interacción entre la fase ENSO y la aplicación de fungicidas, fecha de siembra y grupo de madurez, lo que sugiere oportunidades para utilizar pronósticos meteorológicos en el manejo de los cultivos.

La napa freática
Videla Mensegue destacó otros resultados significativos del estudio. Por un lado, se observó que la presencia de la napa freática redujo la brecha de rendimiento en un 14 %, lo que equivaldría a 260 kg por hectárea. Este efecto también se pudo observar en relación con la fertilización. Además, la aplicación de fungicidas mostró una reducción similar del 14 % en la brecha, lo que representaría 400 kg por hectárea.
El estudio también reveló que la brecha en la productividad del agua fue un 13 % menor en los cultivos sembrados con presencia de napa freática.

Variación según las fases climáticas
Videla Mensegue también detalló cómo varían las brechas de rendimiento según las fases climáticas. Durante El Niño, la brecha de rendimiento se redujo significativamente en un 42 % en comparación con las fases La Niña y Neutral.
“Durante La Niña o en periodos neutrales, las brechas de rendimiento fueron mayores en las fechas de siembra intermedias, como el 20 de octubre y el 10 de noviembre, en comparación con las siembras más tardías. Por el contrario, en la fase de El Niño, la brecha de rendimiento fue un 41 % mayor en los cultivos sembrados tempranamente, entre el 10 y el 20 de octubre, en comparación con los sembrados más tarde”, concluyó el experto.
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