“Tengo diabetes e insuficiencia renal”: Pamela Sosa reveló las secuelas en su salud tras las intervenciones de Aníbal Lotocki

En Desencriptados, la exmodelo se refirió a su experiencia con los tratamientos estéticos, compartió detalles de su vínculo con el médico y explicó por qué decidió alejarse de la exposición pública

Desencriptados Pamela Sosa
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“Él hacía caseramente su propio producto”, aseguró Pamela Sosa al recordar su experiencia con Aníbal Lotocki y dar detalles sobre las sustancias que, según su testimonio, el médico utilizaba en sus pacientes. En Desencriptados, el ciclo de entrevistas de Infobae, la expareja del cirujano también habló de los problemas de salud que enfrenta, su lucha judicial y el proceso personal que atravesó tras la relación.

Sosa contó que actualmente convive con diabetes e insuficiencia renal y que continúa bajo seguimiento médico. También reflexionó sobre cómo la baja autoestima influyó en su decisión de someterse a distintas intervenciones estéticas y recordó el impacto que tuvo para ella la muerte de Silvina Luna.

Alejada de los medios, se recibió de licenciada en Psicología en 2019 y trabaja en el desarrollo de un tratamiento psicoterapéutico orientado a la ansiedad, una problemática que conoce por su propia vivencia. En paralelo, consolidó Femme Ideal, su marca de indumentaria femenina, que comenzó como un emprendimiento para financiar sus estudios y hoy cuenta con cinco empleados y un local de grandes dimensiones.

Oriunda de Apóstoles, Misiones, Pamela alcanzó notoriedad por sus participaciones en televisión y teatro, entre ellas Bailando por un sueño, el certamen conducido por Marcelo Tinelli. También trabajó en producciones de la Argentina y Chile. Su relación con Lotocki y las denuncias que presentó contra el médico por las consecuencias de las intervenciones estéticas a las que se sometió la llevaron a ocupar un lugar central en la cobertura mediática del caso.

Desencriptados Pamela Sosa
La exvedette enfrenta un cuadro de insuficiencia renal y diabetes, problemas de salud que vincula con las aplicaciones de metacrilato que recibió en el cuerpo. (Adrián Escandar)

—¿Cómo es tu vida actual?

—Soy licenciada en Psicología, estudié en la UdeMM. Fue una carrera que inicié a los 17 años, cuando terminé el secundario. Pero después comencé a trabajar en la parte artística e iba haciendo pocas materias hasta que en 2019 me recibí. Hoy en día estoy armando un tratamiento psicoterapéutico que dura tres meses. Soy de la terapia cognitiva conductual, es decir, los cambios de ahora y más que nada todo lo que tiene que ver con la ansiedad. Soy ansiosa y me trato. De hecho, estoy medicada por la ansiedad.

—¿Actualmente?

—Sí. Hace años tuve ataques de pánico.

—¿Cuándo fue tu último ataque?

—Cuando murió Silvina (Luna). Ya pasaron dos años.

—¿Vos tenés un video que fuiste a la casa de Lotocki?

—Sí, ese día que murió Silvina.

—¿Ahí te agarró el ataque?

—Un ataque de angustia. El ataque de pánico es de miedo, de angustia. Esa fue la última vez y, con todos los tratamientos que hago, con la experiencia que vengo teniendo con el tema, dije: “Quiero ayudar a la gente”. Para mí no es buscar dinero a través de esto, sino que es mi ikigai (concepto filosófico japonés que se traduce como la razón de ser o la razón para levantarse cada mañana). Es lo que me gusta hacer y quiero ayudar a la gente. Aparte estoy con mi Pyme, mi marca de ropa, que ya somos cinco empleados y de a poquito vamos creciendo.

—¿Pero eso lo hiciste sola? ¿Te ocupás de los empleados, de todo?

—Sí, de todo. Arranqué sola y le respondía a los clientes, como todos los emprendedores cuando arrancamos, sacando créditos, porque no tenía ni un mango. Era muy gracioso porque decía: “Voy a hablar con la administración”. Y la administradora era yo (risas). Todo lo hacía yo: fotos, producciones, ventas. Es ropa de noche para salir, tengo muchas prendas de lentejuelas o para fiestas de gala. Se llama Femme Ideal. Tengo un local en Palermo, pero te digo que el 90% es venta online. Así que yo hoy me dedico a todo lo que es la publicidad: videítos, TikTok, redes sociales.

—¿Decís que muchos de los locales que están vacíos tiene que ver porque hay mucha venta online? ¿A vos no te rinde mucho el local a la calle?

—A nadie. La modalidad de venta cambió. Yo misma en mi vida pido todo online porque entre que vos te movés, gastás nafta y tiempo, prefiero dedicarme a trabajar o de última relajarme. Suelo trabajar 12 horas por día hasta los domingos porque cuando es tuyo le ponés ahí toda la pasión. La marca es como mi bebé que va creciendo. Y me dedico mucho a ello y a que las chicas estén contentas y felices. De a poco lo veo creciendo y estoy feliz.

—¿Cómo arrancaste en el mundo del espectáculo?

—A los 17 años me fui de mi pueblo, de Apóstoles, a Posadas a estudiar en la facultad. Ahí comienzo yo a estudiar Psicología. Estaba en cuarto año de Psicología, muy cerca de terminar, pero yo siempre quise modelar y la actuación siempre me gustó. Yo estudié teatro.

—Además sos una diosa de 1,80. Ya eras una modelo antes de arrancar.

—Sí. Tomé varios cursos e hice teatro dos años en realidad porque era re tímida. Mi mamá me mandaba por eso y mirá lo que soy hoy (risas).

—¡La perdiste por completo!

—A veces miro para atrás mis videos, por ejemplo, el Waka Waka y digo: “¿Cómo pude hacer eso” (risas). Igual me súper divertí. Yo antes hacía promociones para mantenerme la facultad, aunque igual mi papá me ayudaba, pero en cuarto año me pasó que tuve que venir a Buenos Aires a hacer una promo y una agencia de modelos me vio, me llamó y ahí arranqué. Desde ahí me quedé, no volví más.

Desencriptados Pamela Sosa
Su marca de ropa inició antes de la pandemia y, según explicó Pamela, crece con el paso de los años. (Adrian Escandar)

—¿Estás en pareja ahora?

—Conociendo a alguien (risas). No es mi novio, en realidad es un regreso. Estamos viendo qué pasa. Pero sí, estuvimos juntos hace un tiempo atrás. Quedó una chispita de amor.

—¿Es famoso? ¿Es del medio?

—Se lo conoce como empresario, pero no es famoso.

—¿Le va bien?

—Sí, le va bien.

—Que tenga guita, digo, para estar tranquila.

—No (risas). Gracias a Dios hoy me pago los viajes, me pago todo. Costó, pero siempre fui independiente.

—Es una broma: “Si tiene plata, mejor”.

—Desde chica cambié muchas cosas. Antes decía: “Me voy a casar de blanco, voy a tener hijos”. Y todo cambió.

—¿Te gustaría tener hijos?

—Ya hoy en día no, te digo la verdad. Tuve relaciones largas y se planteó el tema de tener hijos y yo siempre lo posponía por laburo, por la carrera. Y después me pregunté: “¿Realmente quiero tener hijos?”. Porque en realidad creo que vos no lo posponés tanto si tenés ganas.

—¿Y qué respuesta te diste?

—Y la realidad es que no me veo hoy y creo que nunca me vi así. Venimos con el mandato de que la felicidad pasa por: casarte de blanco, tener tu marido. Hoy gracias a Dios cambió, pero yo crecí en un pueblo y todavía se tiene pensamientos muy atrasados. Mi pueblito de 20 mil habitantes en Apóstoles y yo en esa época no quería darle ni un beso a nadie. Soy católica, pero bueno, me regía mucho en ese momento por esas cosas.

—¿Sos de esas que tardó en arrancar?

—Sí, tardé en tener relaciones...

—¿A qué edad?

—A los veinti y pico. Tuve un novio, que era el dueño de Taragüi, Pablo, que le mando un beso grande (risas). Y Pablito, pobrecito me re bancó.

—¿Cuánto tiempo saliste con él?

—Salí poco porque el pibe me dejó porque yo no quería tener nada con él. Con ese no pasó nada. Él tenía 24 y yo tenía 18.

—Cortaste con el yerbatero y ¿qué pasó después? Saliste con uno y cuánto tiempo pasó hasta que...

—Con el siguiente. Lo conocí en la facultad, en Posadas, estuve dos años y ahí conocí todo. No sabía de qué se trataba. Nunca me lo explicaron mis padres.

—Con tu novio actual, ¿cuánto tiempo pasó entre que habían salido y volviste con él?

—Y seis años. Igual siempre se mantuvo una conexión como amigos, porque tenemos un grupo en común. Pero cada uno tenía su historia, su vida. Está bueno conocerse de antes porque no tenés que atravesar un montón de cosas y decir: “Uy, otra vez conocer a alguien”. Ya está, ya sabemos cómo somos.

Lotocki, intervenciones y la muerte de Silvina

—Leyendo tu historia, investigando acerca de tu vida, vi que empezaste a salir con Lotocki y te operaste por primera vez a los 20 años, ¿puede ser?

—Yo lo conozco a Lotocki por medio de una amiga y en el mundo de las promociones uno quiere estar mejor, verse más linda. Yo era muy flaquita. Sigo siendo flaca, pero no tenía nada de nada. Era una tablita de todos lados. Vengo de una familia un poco difícil y complicada y eso generó en mí una muy baja autoestima. Yo no me quería para nada. Muchas veces la culpa que sentimos los niños porque en la casa no funcionan las cosas bien, me llevó a verme en el espejo y a no gustarme lo que veía. Y conocí a este hombre, a Lotocki, y cuando me vio ya me quiso operar toda. Así, literal. Me dijo: “Te hago toda”. En realidad, yo lo que quería era hacerme las lolas y no tenía plata, estaba en la facultad y no tenía cómo pagarlo.

—Y sigue siendo caro hoy en día hacerte la operación.

—Sí y él me dijo: “Bueno, pero lo pagás en cuotas, no te preocupes”. La primera vez que fui al consultorio me dijo: “Y de paso te hago una lipo y te pongo un poquitito de cola”..

—¿Lipo porque?

—Quería sacarme grasita de la cintura para ponerme una cola. Y yo le dije: “Sí, encantada”. Imaginate que iba a quedar como la guitarrita que siempre quise, ¿entendés? Y esa primera vez me acompañaron mis padres porque yo era chica.

—¿Y vos a qué edad empezaste a salir con él? Porque hasta ahora era una relación médico-paciente.

—Empecé a salir cuando me vengo a Buenos Aires, cuando tenía 22 años. Creo que fue 2007.

—Más o menos ahí cuando estabas en cuarto año de la facultad, ya lo conocías.

—Sí, yo lo conocía de Misiones a él. Él me había operado y al tiempo comenzamos a tener una relación no oficial, a distancia. Y ya cuando me vine para acá estaba entusiasmadísima, porque imaginate para una pueblerina tocar Buenos Aires y comenzar a ver que ese sueño se podía cumplir. Estaba muy concentrada en mí y en mi trabajo y él comenzó a venir más porque yo estaba acá. Hasta que después nos fuimos a vivir juntos ya en una relación oficial, un año después.

—Nunca lo había entendido a este nivel. ¿Él se vino para acá por vos?

—Claro, él se vino acá. Exacto.

—¿Y cuántos años estuvieron en pareja?

—Ocho años.

—Es increíble lo que te pasó con este tipo cuando uno ve el diario de hoy en relación a cómo empezó.

—Todas las pacientes que lo han conocido te dicen lo mismo. Es un encantador de serpientes. Él tiene una manera de hablarte, de encantarte, de convencerte, porque está tan seguro de lo que dice. De hecho, él sigue estando hoy seguro de que este producto es correcto. Lo sigue pensando.

—¿Él cree que el producto que aplicaba era bueno? ¿Él piensa que es inocente?

—Sí, él se cree eso. Él sigue pensando así.

—¿Él dice: “Yo compraba esto y se lo inyectaba a la gente y creo que funciona”?

—Es un psicópata y el psicópata no tiene empatía hacia el otro, ¿entendés?

—No puede aceptar que se equivocó en el producto.

—Ellos son narcisistas, se creen todopoderosos. Él decía que las mejores colas las hizo él, no sé, por ejemplo Virginia Gallardo, a mí y otras chicas que se operaron con él. “Tienen que agradecerme porque gracias a mí están trabajando en el medio y tienen plata”, decía. Todo un delirio, que hasta el día de hoy nunca entendió lo que ha generado, por ejemplo, en Silvina Luna. Lo sigue negando. Para que vos te des una idea de la confianza que teníamos, le puso este producto a su hermana. No sé cómo estará hoy, hace muchos años ya no hablo con ella, pero lo tiene puesto la hermana. Entonces, vos decís: “Si lo tiene la hermana es porque él no es que nos hizo a propósito a nosotros”. Él realmente está convencido de lo que él hace.

—¿Vos creés que lo sabía y lo hacía a propósito?

—Lo que pasa es que no es un producto que él compraba, porque en realidad el metacril vos lo podés comprar, se vende. Lo que está prohibido es poner en grandes cantidades. Pero no solamente que él no compraba el oficial, sino que él hacía caseramente su propio producto.

—¡¿Cómo?! ¿Él fabricaba lo que te ponía?

—Exacto. Nosotros cuando estuvimos en el juicio, la marca Metacril justamente declaró que Lotocki nunca había comprado esas cantidades de producto. Y era la única marca que vende metacril en todo el país. Y declaró justamente que creo que le vendió cinco ampollas, o sea, nada.

—Pero está loco. ¿Por qué quería fabricarlo?

—Imaginate. Creo que una ampolla debe salir, no sé, tal vez USD 500 hoy en día. La ampollita tiene diez mililitros.

—¿Y cuánto se le pone a una persona para la cola?

—Y no sé, depende de cada una. A mí me puso bastante.

—¿Diez ampollas de esas?

—Sí, yo no recuerdo mucho, pero pensá que una prótesis más o menos en promedio tiene 300ml de cada lado. Para llenar un glúteo imaginate que tenés que tener 500ml y 500ml, por lo menos.

—Ahí cambia la ecuación porque si 100 serían USD 5.000. Eran USD 15.000 solo de producto.

—Por eso no cerraban los números.

—Claro una cola era USD 30.000 de producto más lo que te cobraba la intervención.

—Y él no cobraba eso. De hecho, no me acuerdo si lo vio Estefanía o Victoria (Xipolitakis), que dijo que ella había visto algo, como un polvito que él mezclaba. Pero uno no sabe porque cuando estás adentro estás anestesiado y la verdad es que vos confiás, como en cualquier médico que hoy en día voy a hacerle consultas. Uno confía, no está criticándolo al médico porque es el que sabe. Vos te entregás totalmente. Yo tengo a mi papá y mi hermano mayor que también son médicos. Imaginate la confianza que tengo hacia los médicos.

—¿Vos cuántas operaciones te hiciste en tu vida?

—Me hice lolas. Me cambié tres veces. Un delirio. Hoy lo pienso y digo: “Qué locura, no me quería”.

—¿Qué le dirías a las chicas de 20 que se operan ahora?

—Entiendo que a los 20 años uno no tiene una madurez todavía. La confianza uno la va forjando a medida que pasa el tiempo. Y más aún cuando salís de una familia no muy normal con los tratos y bastante disfuncional. Salís muy lastimada. Yo le diría que la realidad es que lo físico te lo podés cuidar en un gimnasio. Hoy entreno un montón, hago muchas cosas para mantenerme. Y eso no te lleva a ningún éxito en la vida. El éxito lo encontrás vos con el amor, el trabajo, con tus sueños. Yo entiendo que es lindo estar bien físicamente, pero te podés ir al gimnasio. Cuando ya seas más madura, a partir de los 30 años para arriba, te vas a arrepentir. Yo lo digo más que nada de productos raros que uno se ponen.

—Si quizás no pasa tanto por las prótesis de lolas que ya está chequeado de hace muchos años.

—Exacto. No hay muchos casos que haya sucedido algo. Pero empezás por eso y después te dicen: “Te pongo esto, te inyecto acá, te relleno con esto”. Tengan cuidado, no se pongan nada. Yo me arrepentí tanto porque hoy en día estoy con una insuficiencia renal.

—¿Pero es grave?

—Gracias a Dios hoy los estudios me dieron mejor. Pero hace un año atrás tenía el calcio elevadísimo y el médico que me trataba en ese momento me dijo: “Mirá, yo te tendría que internar y comenzar a darte diálisis”. Imaginate, salí llorando porque en mi cabeza estaba todo lo que vivió Silvina. Después, gracias a Dios hoy me atiende otro médico del Hospital Británico y me dijo: “Pame, yo no te puedo dar un diagnóstico tan apresurado hasta que no te haga una biopsia y un montón de cosas”. Pero todo este proceso fue muy angustiante para mí.

—¿Y hoy estás bien?

—Y este último estudio, que justo me lo hice ahora, dio mejor. Pero estoy ocupada en esto. Tengo mucha fe, pero me ocupo de hacer las cosas bien.

—Te hiciste tres veces las lolas, ¿y qué más?

—La cola, que me había puesto rellenos dos veces. Una loca. Después, yo era muy cachetona y un día me dijo: “¿Querés que te saque? Aprendí a hacerlo”. Y yo como no me quería nada, acepté. Lo más loco es que me seguía haciendo cosas, pero cuando me miraba al espejo me seguía sentía mal. No iba a haber nada de las cirugías que solucionen mi problema de angustia.

—Vos sentías que un día ibas a salir de quirófano y te ibas a sentir la diosa que siempre estabas esperando ser. Pero la realidad es que nada te llenaba.

—Es que la angustia estaba adentro. Y encima estar con un hombre como él, que todo el tiempo me tiraba abajo, tampoco ayudaba. Al inicio de la relación con él yo laburé muy bien en Chile durante dos años. Y de repente vine acá y laburé un montón también. Pero él de a poquito me iba tirando frases hasta que llega un momento que te las creés. Porque aparte era un hombre que yo admiraba.

—¿Qué te decía, por ejemplo?

—Él atendía famosas y cuando volvía me decía: “Ella cerró en tal revista y vos nada, no tenés nada”. Y también el hecho de que tu propia pareja quiera cambiarte tanto es feo. Me acuerdo que yo decía: “Este hombre a mí no me quiere como soy”. Todo el tiempo me quería cambiar algo. Había cosas que yo ya no hacía, pero me decía todo tiempo: “Te arreglo la nariz, te arreglo esto, te arreglo el otro”.

—¿La nariz también?

—No, la nariz no me hice. Gracias a Dios tengo la nariz de mi mami.

—¿La boca?

—Boca me hizo una vez, sí. Pero no es cirugía, es relleno. Y dos lipo.

—¿Y pómulos?

—No es pómulo, en realidad te sacan las bolitas de la cara. ¿Cuánto sumamos? Por Dios, ni me digas.

—Tenemos tres lolas, dos colas, dos lipos y las bolillas de la cara.

—¡Qué horror! Es que hoy en día, con la vorágine de la vida y que todo es externo, cubrimos las angustias con cosas materiales, con consumo, con scrollear en las redes sociales y se pierde mucho el ir hacia uno mismo, hacia adentro y hacer una introspección. Y duele hacer una introspección. Es un trabajo.

Desencriptados Pamela Sosa
La exmodelo explicó que el proceso judicial impulsado por las víctimas sentó un precedente histórico sobre la mala praxis estética en Argentina. (Adrian Escandar)

La muerte de Silvina Luna y 10 años de pelea judicial

—¿Tenías relación con Silvina?

—La relación que teníamos nosotras fue en ese momento con Fernando Burlando, que fue nuestro abogado. Y era una relación de acompañarnos. Muchas veces dijimos: “Ya está”. O sea, a veces pasa que no tenés ganas de seguir. Pasaron 10 años y recién ahora se confirmó.

—Una lucha judicial insoportable, me imagino.

—Es interminable. Y el que todo el tiempo nos entusiasmaba para continuar y que tengamos fuerzas fue Fernando. Yo por eso le estoy tan agradecida. Aparte vos pensá que una mala praxis es muy difícil de probar. Y lo que nosotros hemos logrado es casi histórico en el país. Porque con la salud en general es algo más fácil de probar, pero con la estética es muy dificil porque fue algo que vos decidiste. Es como que te dicen: jodete.

—“Te quedó mal, bancátela”.

—Claro. En la imagen colectiva no es lo mismo una persona que se haya ido a operar de un cáncer, entiendo la diferencia, no es que digo que es lo mismo. Pero es como que nos echaron la culpa a nosotras, cuando el único enfermo en esta cuestión y el único asesino fue Lotocki. No fuimos nosotras. Nosotras somos víctimas, pero muchas veces la gente no lo ve.

Insuficiencia renal y diabetes como secuelas

—¿Pudiste sanar ese dolor, esa angustia? Porque hoy te veo entera, psicóloga, con tu marca de ropa. Y decías que antes estabas angustiada y que no te gustabas. ¿Hoy estás mejor?

—Totalmente. Pude avanzar un montón después de mucho trabajo, que me llevó también a querer estar sola. Necesitaba estar sola. Por eso también terminé con mi última pareja, porque necesitaba procesar todo eso, que fue un montón. No es lo mismo separarte de alguien por algo normal, por un desgaste. Me resultaba muy difícil aceptar la situación de que la misma persona con la que yo proyectaba una familia, tener hijos y que supuestamente me amaba, hoy tengo una diabetes y trato de controlar mis riñones, que también están mal. Es difícil asimilarlo. Sí lo perdoné. No tengo ningún enojo contra él. Yo lo perdono y creo que la justicia siempre viene de la mano de Dios, no la mía. Y creo que no sé si se termina de sanar. De hecho, a mí me cuesta mucho hablar del tema, me pone muy nerviosa. Me han llamado muchas veces de los programas y no voy porque quiero también dar vuelta a la página. Ahí te das cuenta de que en realidad uno no es que sana al 100%. Uno trata de vivir mejor con esa angustia.

—Es que fue un caso tan trascendente que marcó jurisprudencia en la Argentina y que obviamente es un caso que interesa, más si vos fuiste la pareja y además víctima. Y por lo que pasó con Silvina.

—Sí, totalmente y no lo niego. Pero fue otra Pamela. Fue una Pamela inmadura, que no se quería, no se cuidaba y no se amaba. Y me sentí muy culpable muchas veces cuando en realidad, como te digo, somos todas víctimas. Pero también la gente es tan poco empática en redes sociales. Porque cualquiera dice cualquier cosa. Pero si te hubiese tocado a tu hermana, a tu hermano, a alguien cercano...

—Igual en las redes sociales se critica cualquier cosa.

—Totalmente. Pero bueno, llega un momento que también eso te hace pensar: “Che, ¿seré la culpable?”. Y esto lleva mucho trabajo. Yo hago terapia hace muchísimos años, estoy medicada porque todo esto me generó mucha angustia y a su vez tuve los ataques de pánico que arrancaron después de haberme enterado que la diabetes se habían originado a partir de esto.

—¿Por qué te alejaste de los medios? Porque me parece que tenés mucho para dar.

—Me alejé de los medios porque me dolió mucho lo que pasó con Lotocki. Sentía que tenía ganas de hacer otra cosa. A mí me golpearon mucho sin conocerme. Como que la culpa era un poco mía por haberlo promocionado. Y yo creo que la promoción vino de parte de todas las chicas que hacían canje con él, no era solo mía. Y en mi caso yo era una persona que estaba enamorada y como cualquier persona enamorada, quiere lo mejor para su pareja.

—Creíste en él. Es un médico que te duerme y te hace algo en el cuerpo. Uno confía en el especialista.

—Total y vos estás anestesiado ahí adentro. No sabés lo que te ponen. Un poco fue por lo de Lotocki y también porque yo tenía muchas ganas de terminar mi carrera. Era una asignatura que me quedó pendiente de muy chica y en realidad comienzo con la marca para pagarme la facultad. Era como un hobby la marca, no lo tomaba como un modo de vida. Y antes de la pandemia había comenzado toda la parte publicitaria y armé el e-commerce, la página web, todo. Me quedaba hasta la una de la mañana. Al otro día me levantaba temprano para ir a estudiar, o sea, trabajaba y estudiaba. Además estaba con todas las pasantías en el Borda. No paraba. Entonces, no podía estar en pareja ni ver a mis amigas. No tenía tiempo. Pero sabía lo que quería y quería cumplirlo. Como ya tenía todo armado, lo impulsé y en la pandemia me fue súper bien. No paraba de vender porque toda la gente estaba adentro de sus casas compraba por internet. Ahí me fue muy bien y comencé a entusiasmarme, a hacer cursos de publicidad de Meta y asesorarme también en relación con la ropa, los outfits. Y hoy es mi bebé que va creciendo. Vamos creciendo cada vez más. Ahora nos mudamos a un local que es el doble de grande del que teníamos. Estoy entusiasmada porque veo progreso.

—¿Sabés lo que veo? Para mí te terminás poniendo de novio con este personaje de antes.

—Mi ex (risas).

—Y le terminás de dar un giro a tu historia porque para mí hay una inyección de capital ahí que viene faltando.

—Y puede ser. Lo hacemos Federal (risas).

—Gracias por venir y contarnos un poquito sobre tu historia.

—Gracias a vos por dejarme contarla porque cuando pasó la confirmación de Lotocki, ya hacía tiempo que yo ya no hablo de esto. Me llaman de los noticieros porque yo sé que es un caso que todavía sigue conmoviendo a la gente, lo que sucedió con Silvina, que todavía seguimos esperando también justicia por la muerte. Pero bueno, yo no fui a ningún lado. Me sentí muy cómoda de contar mi historia acá, de quién soy hoy. Ya creo que soy otra Pamela, cambié muchas cosas y proyecté muchas cosas.

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