“El éxito te nubla más que el fracaso”, reflexionó Coti Sorokin al recordar uno de los momentos de mayor exposición de su carrera en Ellos, el ciclo de entrevistas de Infobae. El músico llegó a hacer más de 150 conciertos por año, su música sonaba en todo el mundo y podía darse todos los lujos que quisiera, pero atravesaba una profunda tristeza. “Estaba en mi prime y a la vez era un fucking infeliz”, reconoció.
Sorokin construyó una extensa trayectoria como cantante, compositor y productor, con canciones como “Color esperanza”, “Nada fue un error”, “Antes que ver el sol” y “Luz de día”, además de trabajar junto a artistas como Diego Torres, Andrés Calamaro, Julieta Venegas, Paulina Rubio y Enrique Iglesias, entre otros. Su carrera internacional lo llevó a realizar largas giras, especialmente por España, donde llegó a dar más de cien conciertos en un año.
A sus 53 años, el artista asegura estar atravesando un gran momento y disfruta de una etapa diferente, con sus cuatro hijos ya grandes, una intensa actividad sobre los escenarios y una relación distinta con la soledad y el bienestar.
Coti comenzó a estudiar música desde chico y dio sus primeros pasos profesionales con la banda Luz Mala. Luego se instaló en Buenos Aires, donde se desarrolló como compositor y productor para otros artistas antes de iniciar su carrera como solista en 2002. A lo largo de los años recibió discos de oro y platino, dos premios Grammy, un Premio Ondas, un Premio Gardel y reconocimientos de ASCAP. También se presentó en escenarios emblemáticos como el Teatro Colón.
Actualmente continúa con una intensa agenda de conciertos. Entre sus próximas presentaciones se encuentran un show el 10 de octubre en el Harlem Festival y otro el 19 de noviembre en el Complejo AR Media, además de sus fechas previstas en Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires. También se presentará en España, Uruguay, Chile, Colombia y Perú.

— ¿En qué momento de tu vida te encuentro?
— Estoy en un gran momento. Yo siempre tuve la sensación de que estaba en un buen momento. Tengo esa cosa medio crónica (risas). Me siento todavía con mucha pila, muy joven, productivo y a la vez con la experiencia. Eso me parece una gran conjunción y te llega solamente a esta edad. Tener experiencia en lo que hago y en muchas otras cosas, pero sobre todo en mi laburo, en mi vida. Tengo los hijos grandes y una serie de cosas que te dan mucha estabilidad y a la vez mucha pila y cuerpo para seguir siendo muy productivo en mi laburo y en mi vida.
— No es algo habitual, porque naturalmente uno pasa por distintas etapas y de golpe tener ese ímpetu o ánimo, sin dudas, es un diferencial.
— Sí. Es bueno, Aunque capaz te estás engañando también, ¿viste?
— ¿como un negador?
— No sé si llego al punto de ser negador, pero tampoco soy conformista. Pero siento como que estoy en un buen momento. Después, cuando estás en momentos mejores, decís: “¡Este es un buen momento!” (risas). Pero es la vida misma. Cuando escribís una canción también pasa que decís: “¡Esta es la mejor canción!”. Y con el tiempo te das cuenta que por ahí no lo era, pero está bueno en ese momento sentirlo así. Y es como una obligación humana también, ¿no? Una obligación artística con respecto a las canciones o a la creación y también ética. Está bueno sentir que es la mejor canción que estás escribiendo.
— Es como volcar todo ese propósito, esa pasión.
— Y tratar de llevarlo al máximo de lo que pueda rendir ese momento creativo y en la vida. Los momentos, no digo tratar de disfrutarlo a cualquier precio, porque no tengo ese discurso. Pero sí tratar de vivir las cosas bien, intensamente.
— Si te tuvieses que describir cierto aspecto de tu personalidad, ¿dirías que sos un gozador de la vida?
— No sé si es la palabra porque muchas veces puse por delante otras cosas, no solamente el disfrute a ciegas.
— Por ejemplo, ¿cuáles?
— Yo fui papá muy joven y puse por delante ese proyecto de crear hijos, por ahí por delante de disfrutar. Incluso cuando empecé a tener más posibilidades económicas, no me llamaba la atención decir: “Ay, quiero ser un disfrutador”. Recién ahora estoy más relajado con eso y disfrutando. Pero también laburo un montón. Soy muy laburante y, pudiendo estar más tiempo tranquilo y disfrutando, disfruto del trabajo.
—A veces uno conecta con esta idea de: “Ya viví más de la mitad de mi vida, cómo quiero vivir la segunda mitad?”.
— Puede ser. Pero no fue una decisión de un momento dado, sino que se fue dando más naturalmente con lo que fui viviendo y con las pequeñas elecciones que fui tomando. Algunas buenas, otras malas, otras más o menos, pero vas aprendiendo de todas. También está bueno ir acostumbrándose al bienestar. Cuando vas aprendiendo del bienestar, de lo que estás viviendo, de que se puede estar bien y hay que tratar de estar bien, me parece clave. Yo creo que hay que ir más al psicólogo cuando uno está bien que cuando uno está mal.
— Es verdad que uno suele levantar el teléfono y mandar el WhatsApp desesperado cuando estás en crisis fatal.
— Es al revés porque cuando estás bien, es más importante ser consciente de qué es lo que te hace bien. Lo que te hace mal ya lo sabés. Todo el mundo sabe lo que a uno le hace mal (risas). Creo que es más importante porque reafirmás cosas: porqué estás bien, qué decisiones tomaste para estar bien... A veces está bueno analizar eso.
— ¿Y por qué pensás que pasa al revés?
— Porque se busca una ayuda o un salvataje, un cable a tierra. Evidentemente, el estar mal te nubla un poco más... Pero ojo que el estar bien a veces también te nubla. Y a veces “el éxito”, entre comillas, te nubla más que el fracaso.
— ¿Te pasó?
— Sí me pasó de estar en momentos de mucho éxito profesional y ser muy infeliz. O sea estar muy bien profesionalmente, estar en mi prime, hace unos años, estar haciendo 150 conciertos al año, ganando súper bien, pudiéndome dar todos los lujos y a la vez siendo un fucking infeliz.
— Sabes que ese registro, a lo largo de todas las charlas que he tenido con distintos artistas...
— Se ha repetido mucho.
—Sí, y me sorprende un montón porque todos, en nuestros propios desafíos, vamos detrás de cierta zanahoria, creyendo que, al alcanzarla, todo va a estar bien. Y, de golpe, la insatisfacción por no alcanzar esa expectativa es tremenda. Ahí es cuando te das cuenta de que la simpleza es lo que de verdad da paz.
— No sería tan matemático, pero hay algo de eso. Ahí es donde vuelvo a la clave de los momentos que uno está bien, está bueno saber por qué. Porque generalmente lo que a todo el mundo, el exterior, nos dice que tenés que conseguir para estar bien, no ocurre (risas).
— ¿Resolviste eso en el momento o lo elaboraste con el tiempo?
— Te vas golpeando porque vas dándote cuenta que no es por ahí, que al final no lo disfrutas, que no sabes qué es lo que necesitas para estar bien porque todo te sabe a poco. Tenés esto y te preguntás: ¿pero por qué no tengo esto? No digo en material sino de logros. De estar siempre comparándote con gente. Todo lo que genera esa insatisfacción del ser humano en general: sea profesional o de la casa. Pero también está bueno pasar por todo eso para darte cuenta que no es eso lo que necesitás o no en esa dosis.
— ¿En qué momento de tu vida te pasó?
— Hace tanto tiempo... Por ahí 15 años, no sé. Fue un momento donde salió Nada fue error. Yo estaba muy de moda, mi música sonaba en todo el mundo y había mucha demanda. En España hacíamos ciento y pico de conciertos y era ir volver, pasaba mis cumpleaños en tres países diferentes, con diferente horario. No estaba en los cumpleaños de mis hijos y, más allá de las fechas, son momentos que por ahí me perdí. No me arrepiento tampoco...
— Mencionaste al inicio que te dedicaste mucho a tus hijos y estas situaciones, que gracias a Dios te ha ido muy bien en lo profesional, te llevaron a todo este contraste. ¿En ningún momento te hizo ruido y dijiste: “Me bajo de esto o aquello”?
— No me arrepiento pero lo laburé con ellos, lo hablé. Siempre estuve muy presente por otro lado y hoy me doy cuenta que tan mal las cosas no hice porque estoy mucho con ellos, tenemos una relación increíble, ya están más grandes y podemos compartir un montón de cosas. Me salieron súper bien...
— ¿Te retan mucho?
— Un poco. Mi hija mayor sí. Mi hermana me reta también...
— ¿Y la escuchás a tu hija?
— Sí, obvio. Es muy sabia. Nosotros crecimos juntos sobre todo con los dos mayores. Yo tengo dos pares mellizos y con Iván y Maia, que son los mayores, crecimos juntos. Yo era muy joven. Yo siempre fui padre, pero crecimos juntos y ellos son re capos.
—¿En qué cosas te reta tu hija?
— Es un poco celosa.
— ¿Tiene papitis?
— No sé. Pobre. Se está enterando esto que estoy diciendo acá (risas).
— Es difícil igual ser celosa cuando tu papá es rockstar.
— Yo siento que no es fácil. Pero es lo que tocó. Qué va a ser.

—Hace un rato dijiste: “Yo he charlado mucho con ellos”. ¿En algún momento tuviste que sentarte a hablar de estos temas, de la visibilidad, del público, de la fama, más allá de la música?
— Mirá, la realidad es que ellos nacieron y crecieron en contacto con eso. Desde diferentes lugares, pero ellos nacieron con un papá que era músico, se subía a escenario y en casa siempre hubo estudio y venía gente a grabar. Ellos nacieron y crecieron con eso: con las giras, los estudios de grabación, las promos, los discos, todo. Cuando me divorcié de la mamá, obviamente que ahí se generan otras cosas, porque también uno está en una búsqueda de una vida diferente. Empiezan a aparecer cosas que hay que encausar y acomodar, también en uno. Por suerte ya estaban todos bastante grandes...
— No sé si está tan bueno que sean grandes (risas).
— No está tan bueno porque te interpelan más. Pero para ellos sí está bueno porque ya están más hechos. Iván y Maia ya vivían solos, tenían sus casas, sus parejas, sus amigos, sus vínculos y Dylan y Leyre tenían como 16, por ahí, también ya estaban más grande. Por ahí para uno no, porque te sentís observado por cuatro seres que importan mucho en tu vida.
— Y que te están tomando examen.
— A tus viejos los mandás no sé dónde, ¿viste? Tus hermanos te importa nada, pero con tus hijos ¡ojo! lo que te dicen.
— Respecto a la conclusión del proyecto familiar, ¿sentiste culpa?
— No, porque siguió siendo un proyecto familiar muy importante. Por más que cada uno tomó su rumbo con la mamá de los chicos, el proyecto de la familia sigue siendo, al día de hoy, y va a seguir siendo de por vida. Y la familia también desde el punto de vista, no solamente el núcleo que uno armó en su momento con tus hijos, tu pareja, tu expareja, lo que sea, sino también con tus padres, tus hermanos. Eso sigue muy fuerte dentro de la esencia nuestra y dentro de nuestro ADN; y sigue estando muy presente. De hecho, mis viejos siguen vivos y siguen dando guerra en el buen sentido.
— ¿Pero son de juntarse a comer todos juntos?
— Recontra, sí. Obvio.
— ¿Con tu exmujer también?
— No, tanto no (risas).
— Tan moderno, no.
— No, (risas). Por un lado la familia de ella y por otro lado mi familia.
— Pero viste que hoy no es extraño escuchar esos casos. Y tampoco hay fórmulas...
— Es verdad. No sería raro y tampoco lo descarto. En algún momento se puede hacer, pero siento que no hay una obligación de que uno tenga que seguir siendo amigo de su ex.
— ¡No hay que ser amigo del ex!
— Totalmente. Listo, ya estamos. Cerrémoslo acá (risas).
— Por algo te separaste.
— Hay gente que lo lleva bien, que reformulan esa relación y funciona. A mí no me funcionó.
— Yo desconfío un toque de la gente que lo logra (risas).
— Yo también desconfío.
— Porque por algo te separaste. No eras amigo antes...
— Nunca fuiste amigo. Y amigos hay de sobra... ¿no?
— Aparte generás una confusión en los pibes, aunque sean grandes, chicos o medianos, siempre van a querer ver a sus papás juntos. ¿Cómo transitaste vos esa situación?
— Fueron aguas diferentes, pero con los chicos siempre por encima de todo. Por más que eran grandes, siempre por encima de nuestros quilombos, digamos.
— Decías que por ahí la más grande te retaba. ¿Te han reconocido cosas? Porque viste que los chicos son medios injustos, pero con los padres somos todos injustos.
— Yo creo que te lo reconocen entre líneas, ¿viste? No es necesario que te lo digan explícitamente. Creo que con actitudes te lo van reconociendo. También está bueno que te desafíen. Yo era re desafiante con mis viejos y lo sigo siendo. Nosotros cuatro hermanos siempre fuimos súper desafiantes con nuestros viejos y creo que los pusimos en vereda en muchas cosas. Creo que la educación no es siempre vertical, de arriba hacia abajo. La educación es como circular: los abuelos, los tíos, los hijos te educan a vos, vos educás a tus hijos. Obviamente, no intercambiando roles, de ninguna manera, ni equiparando roles, pero no es algo unidireccional.
— ¿Sentís que vos cuestionaste a tus viejos más de lo que tus hijos te cuestionaron a vos?
— No, más o menos igual. También eran otras generaciones. Antes era como más fácil cuestionar a nuestros viejos. No más fácil hacerlo, pero sí más fácil notar la diferencia generacional de educación y en construcción. Era más fácil darte cuenta: “Che, este no acepta esto, no acepta lo otro”. Entonces, ta, ta, ta, ta, ¿entendés?
— Como una cosa de rebeldía.
— Ahora es diferente, porque yo tengo amigos de la edad de mis hijos.
— ¿Y eso cómo lo manejás? Porque vos en algunas cosas bastante estructurado.
— En algunas cosas sí. Pero yo tengo amigos de la edad de ellos y ahora hasta más chicos también. ¿Pero por qué? Porque también mi industria y en mi profesión, yo tengo músicos que son más jóvenes que mis hijos y realmente tenemos una relación que es laboral y demás, pero hay una relación de sociabilidad.
— Sí, un lenguaje común.
— De compartir un lenguaje común y una serie de cosas. Obviamente que hay diferencias, pero ya no tantas como había antes en otra época.
— Viste que cuando uno se convierte en papá o mamá entiende un montón de cosas de sus viejos, pero también se vuelve un poco más juicioso. ¿Qué sentís que repetiste de tus padres con tus hijos?
— Siento que repetí la cuestión del amor, ¿viste? Y que me parece que es lo más importante además. La compañía, estar presente, demostrar el amor, el cariño. No solamente con palabras, con actos, con ejemplos. Demostrar el amor y respeto hacia otra gente, que los chicos también lo ven y lo aprenden. El respeto hacia tus parejas también, hacia el entorno, tus hermanos, la gente con la que trabajas. El amor en general. No estoy hablando de puntualmente padre e hijo. Mis padres me lo inculcaron, pero no desde un lado de teoría sino con ejemplo.
— ¿Y qué fuiste consciente de no repetir? O al menos intentaste.
— Son muchas cosas: prejuicios, opiniones al pedo, guardarme un montón de cosas. Por ahí esa pedantería que tenían las generaciones anteriores de decir: “Yo lo sé todo”. Nosotros estamos un poco más analizados. Yo no soy de decir todo lo que primero que se me ocurre. Trato de analizar, de pensar. Y aparte me analicé bastante, mis viejos no se analizaban nunca, eso cambia mucho.
— ¿Cambiarías algo de tu vida, de tu pasado?
— Yo creo que no porque el beneficio del tiempo es fácil. Es fácil autojuzgarse o juzgar a los demás. También hay cosas que uno en determinado momento las hizo por algo. A menos que hayas vivido en una inconsciencia. Yo no siento haber vivido en una inconsciencia en ningún momento. Siento que las decisiones que las tomé, las tomé por algo. Una mezcla, a veces más instinto que razón, a veces más corazón que no sé qué, no importa, pero las tomé por algo. Entonces, respeto de alguna manera eso y siento que eso me construyó también. Me sería muy, no sé si valiente o cobarde, de decir: “Sí, cambiaría”. Es como escuchar un disco que grabé hace 25 años y digo: “Ahora cambiaría esto, esto y esto”. Sí, bueno, pero en ese momento lo hiciste así. Y vuelvo un poco a lo que hablábamos al principio sobre esta necesidad de sentir que lo que estás haciendo es lo mejor que lo puedes hacer. Ahí por más que te equivoques, no te vas a arrepentir.
— Pero viste que uno con algunas herramientas que encuentra con el tiempo, con el análisis es un poco más...
— Bueno, pero las encontraste porque también te equivocaste en algún momento, sino no las encontrabas, porque nadie te las regala esas herramientas. Lo único que te regala herramientas es la vida, el tiempo. Obviamente que estudiar te hace incorporar herramientas para la vida y el trabajo. Para nivel emocional es estar atento y analizarte, eso te da herramientas. Eso no se puede comprar con una tarjeta de crédito. Lo único que te da herramienta es vivir, ir tomando cada día decisiones, un poco por intuición, un poco por corazonada, un poco por razonamiento, por hiperrazonamiento, un poco por la almohada...
— ¿Le das más bola a la razón que al corazón?
— Soy como muy parejo y razono mucho también, ¿eh? Pero la intuición también la tengo bastante bien educada. Se educa mucho la intuición, justamente con la experiencia. La intuición te va cambiando porque ya vas oliendo cosas y te vas dando cuenta. Igual siempre te equivocás, ¿eh? (risas).
— ¿Te falló mucho la intuición?
— No me falló. Creo que también la intuición te hace tomar recaudos. Pero siempre mezcla para mí. Porque a veces pensás mucho y...
— Pensar mucho es un drama. Yo creo que cuando uno le da tanto lugar a la mente, es mucho más traicionera que cuando uno escucha a la intuición y al corazón.
— Es que también la mente está en la intuición también. No necesariamente pensar mucho las cosas quiere decir que vayas a tomar una buena decisión calculada. Y a veces la mente también está mucho en la intuición, porque todo lo que aprendiste está incorporado ahí. A mí me pasa a la hora de escribir, de componer. Es una mezcla constante, un poquito acá, un poquito allá. Y si te ponés muy arquitectónico, no vas a hacer una canción buena.
— Está el mito de que el artista cuando está bajoneado, deprimido o viviendo un desamor, está mucho más inspirado para escribir que cuando está feliz. ¿Es real?
— Pero esa es la inspiración berreta de los que no son buenos (risas). Porque te sensibilizás en determinados momentos, pero el creador tiene que estar sensible todo el tiempo. El creador es sensible todo el tiempo, el artista es sensible todo el tiempo, durante todo lo que vive. Entonces, no esperas un momento de hipersensibilidad para ser un poco sensible. La sensibilidad la tenés ahí. En cualquier momento tenés que poder escribir: te levantas a la mañana, vas al gimnasio y después ponerte a escribir.
— Tiene que ser una rutina.
— Sí, porque hay una gimnasia y un hábito. Una mezcla también de entrenamiento. Y esto de que tenés que estar mal para escribir bien, para mí es al contrario. Cuando estás mal, a veces no tenés buena perspectiva de todo en general, porque estás mal, estás deprimido, triste. Entonces tampoco lo vas a tener sobre tu arte. Así que vengo a desmitificarlo (risas).

—Pero cuando tenés tanto registro de tu vulnerabilidad, también estás más expuesto. Lo pienso en esos momentos de mucha exposición. Cuando mirás hacia atrás, ¿cómo te resuena ese momento? Me refiero específicamente a tu casamiento con Cande y todo esto que se hizo muy mediático.
— Siento que lo piloteé bastante bien. No estoy hablando puntualmente de esto sino de un montón de otras cosas. Incluso en mis momentos de mayor éxito, que tampoco coincide con mi pareja con Cande ni mucho menos, sino que fue mucho antes. En España, por ejemplo, hacíamos giras dignas de una estrella de rock con colectivos... Pero la realidad es que dormía en una junior suite que era el doble de esto y cuando llegaba a mi casa dormía en el colchón al lado de la cama nuestra, porque mis hijos estaban en la cama y dormía dos horas y me iba a jugar a pelota con Dylan al parque. En los viajes de vacaciones yo era el asistente, el road manager, el productor, el de la logística, el chofer, el que financiaba...
— Con cuatro chicos son cansaciones, no vacaciones.
— Claro. Entonces eso siempre me mantuvo conectado con la realidad, ¿viste?
— La familia fue la que siempre te mantuvo equilibrado.
— Obvio, pero por supuesto. Ninguna duda. La gente que se le va un poco la cabeza es porque no tiene las raíces bien puestas, ¿vista? O no tiene padres o no tiene hijos, una de las dos.
— O no tiene pareja, también.
— Las parejas, no sé.
— ¿Vos decís que no influyen en eso?
— En eso no. Bueno, sí puede ser una pareja. No vamos a entrar en valores. Pero a veces es peor. O sea, creo que los padres y los hijos...
— ¿Son como raíces?
— Sobre todos los hijos. Mirá lo que te digo, porque padres puede haber buenos y malos, hijos no. Los hijos son siempre buenos.
— Es dificil elegir entre dos cosas que amás, pero siento que hoy te identifica más el Coti papá que el Coti estrella, ¿no?
— Puede ser. Pero capaz la estoy comunicando más ahora esa parte. Me estoy abriendo más. Siempre fue una parte muy importante de mi vida, pero en otros momentos quizás no elegía exponerlo tanto. Ahora con los chicos tan grandes me siento con esa libertad de contar más mi historia con respecto a eso. También respetándolos a ellos que ya son grandes y me di cuenta que no les importa. Hasta les divierte. Pero antes no sabía si a ellos le iba a gustar o no...
— Siempre respetaste como mucho eso.
— Sí, obvio. Por supuesto.
— Me parece una gran osadía, apostar al amor después del amor. Creo que de valientes.
— Una gran irresponsabilidad. No, mentira (risas). Yo banco el amor a full.
— ¡Aparte te volviste a casar!
— Sí, un montón. Y me volvería a casar de nuevo...
— ¡¿Te volverías a casar?!
— Y, qué sé yo. Mentira...
— No, pará, decime la verdad, ¿te volverías a casar?
— No sé...
— Eso es de romántico.
— Yo soy súper romántico, sí. Ya voy a ir aprendiendo cuando sea grande...
— ¿Que no hay que casarse más?
— Voy a aprender (risas). Que no hay que ser tan romántico, capaz. Pero siempre fui así. Lo que pasa es que eso es parte de mi manera de ser también y por eso escribí tanto también desde chiquito sobre esto.
— No sé cómo es tu situación actual, pero ¿sentís que no estás cerrado a volver a intentarlo?
— No sé. Estoy soltero ahora. Creo que por primera vez en mi vida estoy solo. Bueno, solo no. Pero no estoy en pareja.
— ¿Te resulta cómoda la soledad?
— Sí, me está resultando cada vez más cómoda.
— Es un tema cuando empieza a pasar el tiempo y resulta cada vez más cómodo, ¿viste?
— Es un tema, pero tampoco me preocupa tanto. Lo estoy disfrutando. La verdad es que no sé. No me gusta definirme tampoco ni autodefinirme mucho, porque también uno se va haciendo medio esclavo de las definiciones, ¿viste? Hoy estoy bien así, pero nunca se sabe.
— Después de tantos años de estar arriba del escenario, mencionabas que seguís sintiendo esa misma pasión, ese mismo propósito. Se te vienen ahora un montón de shows, ¿cómo lo vivís?
— Estamos haciendo muchos conciertos. Cada año más y mejor y lo disfruto. No igual que siempre, fui cambiando también ese disfrute, aprendiendo a disfrutarlo más. Al principio siempre fui un bicho más de estudio y de trabajar y tocar en mi casa. Después el escenario vino a colación de que me empezó a ir bien y ahora es un poco al revés, la esencia está más en el escenario. Disfruto mucho el escenario, es parte de mi vida después de tantos años, es como parte de mi fisiología. Creo que si no hago concierto me termino enfermando. Es como que hay una cosa de adrenalina.
— Me quedó resonando cuando hablabas de esto de tenerlo todo y sentir que la estabas pasando mal, ¿cómo saliste de esa situación? ¿Tuviste que pedir ayuda?
— Y trabajando, con terapia, con medicación, enfocándome en lo que quería. Enfrentando igual, ¿eh? Siempre enfrentando, siempre poniéndome de frente y no suspendí nunca un concierto...
— ¿Querías suspender un concierto por lo mal que te sentías?
— ¡Por supuesto! ¿Y quería bajarme del escenario? Muchas veces, sí.
— ¿Y qué fuerza interior te llevó a intentar encontrarle la vuelta para que eso no pase?
— Herramientas sencillas, pero que sirven: “No me va a pasar nada”, “Está todo bien”. Este tipo de pensamientos positivos. Herramientas mentales y emocionales para salir del momento.
— Qué tema la salud mental. Es algo de lo que hoy se habla mucho más, por suerte.
— Nosotros hace 20 años, cuando era una locura la presión, el trabajo, los escenarios, los viajes y demás, no se hablaba tanto del tema de sanidad emocional, psíquica y demás. Y ahora está bueno que el tema esté sobre la mesa.
— Si pudieses tomarte un mate con ese Coti, el que estaba ahí como en un loop que no estaba bueno, pero con las herramientas de hoy, con el diario del lunes, ¿qué te dirías?
— Le diría que todo pasa, que nada es tan importante, ni el éxito ni el fracaso. ¡Vas a tocar en el Colón! (risas).
— ¿Le dirías eso?
— Y sí. Para que se deje de joder. Si está tocando en cualquier otro lugar de mierda (risas), le diría vas a tocar en el Colón y la vas a romper. Tres o cuatro cositas como una palmadita. Vamos, que va bien.
Últimas Noticias
Fue el primer ganador de Operación Triunfo y un trágico choque le destruyó la cara: “Pensé que nunca más iba a volver a cantar”
Claudio Basso, ganador del icónico reality de talentos, repasa cómo el programa cambió su destino y el brutal accidente en la ruta que interrumpió su carrera en el punto más alto. Un testimonio conmovedor sobre el miedo a perderlo todo y la fuerza para volver a reencontrarse con su voz

“Los gays van mucho más allá del musculoso, el rubio y el joven”: la historia del Club de Osos de Buenos Aires
El espacio nació para cuestionar los modelos de belleza y masculinidad y construir un ámbito donde las diferencias físicas y la edad no sean motivo de discriminación. De una primera reunión de 30 personas en los años ’90, se convirtió en una comunidad de casi 300 integrantes

De dormir en un auto a ser telonero de Los Ramones: la historia de Walas entre el anarcopunk, el underground y Massacre
En Casino Deluxe, el cantante repasó su infancia, habló de los vínculos que lo marcaron y reveló anécdotas inéditas sobre su recorrido personal y creativo

“No me gusta tener relaciones sexuales por tenerlas”: Viviana Colmenero habló de su vida amorosa, su paso por Gran Hermano y el conflicto en el programa de Yuyito
En Desencriptados, la exganadora del reality repasó los años posteriores a su consagración, contó cómo atravesó la exposición y los prejuicios que marcaron su historia, y se refirió a su presente personal y televisivo

Marcelo Longobardi recordó su desmayo en la casa de los Yoma, cuando Néstor Kirchner le amagó una trompada y su salida de la radio
En un emotivo reencuentro con Fernando Marín para Proyecto 86, el periodista repasa los inicios de su carrera, recuerda los aprietes políticos y explica su abrupta salida de la radio

