De “la fea del salón” a fenómeno de Gran Hermano: la historia de dolor, revancha y amor que impulsó la transformación de Daniela Celis

En Casino Deluxe, la ex participante de la casa más famosa del país repasó los momentos clave de su vida, atravesados por carencias económicas, bullying y desilusiones amorosas. También habló de su vínculo con Thiago, la crianza de sus hijas y el proceso de aprendizaje emocional que le permitió reconstruirse

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“Yo sentía que todos los hombres eran iguales: todos mienten, son gatos, son zorros, therians”, bromeó Daniela Celis, influencer y modelo, al repasar los golpes emocionales y las traiciones que marcaron su pasado.

En Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae, relató cómo enfrentó prejuicios, la falta de autoestima y episodios de bullying, y aseguró que su paso por Gran Hermano Argentina 2022 marcó un antes y un después en su vida personal y profesional.

Durante su participación en el reality, su personalidad fuerte y carismática le valió el apodo de Pestañela. Tras salir de la casa, logró consolidar su carrera, construir una comunidad activa en redes sociales y capitalizar su exposición mediática, transformando su historia en un eje central de su identidad pública.

En la actualidad, se desempeña como influencer, modelo y panelista, con presencia en proyectos digitales, televisión y streaming —incluyendo ciclos vinculados al universo de GH—, además de participar en campañas publicitarias y colaboraciones con marcas.

En el plano personal, Daniela mantiene un vínculo cercano con Thiago Medina, a quien conoció en el programa y con quien tuvo a sus hijas. Aunque atravesaron idas y vueltas, hoy ambos priorizan la convivencia y la crianza compartida.

Casino - Daniela Celis "Pestañela"
Daniela Celis: “Con parte del millón de dólares haría una película de mi vida porque me pasó de todo”. Crédito: Adrián Escándar

Ante la pregunta de qué haría con un millón de dólares, Daniela no dudó en confesar que su mayor anhelo es llevar su historia a la pantalla grande. “Espero un día tener un millón de dólares, lo voy a manifestar con fuerza. Pero lo que haría hoy en día sería una película de mi vida”, reveló. Para ella, no se trataría de una producción breve ni simple: “Creo que va para tres horas, porque me pasó de todo”.

Según explicó, la trama incluiría episodios de drama, amor y superación. “Yo vengo de una familia muy humilde, vivía en una casilla y tengo un montón de hermanos. Mi mamá se enteró que no éramos solo dos hermanos, que mi papá tenía otra familia y que al final éramos cuatro hijos. Mis papás se separaron y juntas con mi mamá hicimos nuestra propia casilla en un terreno. En un momento no teníamos baño, hacíamos todo en un balde”, recordó.

La película, según imagina Daniela, también mostraría sus primeras decepciones amorosas. “Yo me enamoré de una persona que era mi primer amor, mi primer todo. Estaba muy contenta y terminó siendo como un gigoló, o sea, la persona más mala. Me traicionó por todos lados. Ahí dije: ‘¿Qué está pasando? No toda la gente es tan buena’. Para mí fue como salir de una burbuja”, expresó. Aquella relación, iniciada en la adolescencia, la marcó profundamente: “Él era mi compañero de colegio, tenía mí misma edad, pero era muy rápido. Me destrozó el corazón en diez mil pedazos”, sentenció.

Es que repasar su recorrido le permite valorar cada cambio y cada logro que alcanzó en sus 29 años. “Si en algún un momento pensaba o soñaba lo que estoy viviendo ahora, no lo veía posible. Porque realmente me pasaron tantas cosas y mi vida cambió de un día para otro porque tomé una decisión y avancé. Ni en mis mejores sueños hubiera sido tan perfecto todo lo que me está pasando”, admitió. Para Daniela, su vida merece ser contada porque es el reflejo de una transformación que desafió todas las expectativas y ella lo atribuye al esfuerzo y a manifestar: “Siempre digo que creer es crear”.

Gran Hermano, Thiago y la construcción de una familia

La relación entre Daniela y Thiago se construyó primero a través de una conexión física y una fuerte química dentro de la casa de Gran Hermano. Con el tiempo, esa atracción inicial dio paso a un vínculo más profundo. Al salir del reality, Thiago fue una de las primeras personas en buscarla. Se presentó en el hotel donde ella estaba aislada, con un peluche enorme y una caja de bombones, y ambos reconocieron que, a pesar de todo lo vivido dentro del programa, aún necesitaban conocerse de verdad.

Ese reencuentro marcó el comienzo de una nueva etapa. A poco de retomar el contacto, emprendieron juntos un viaje a Brasil, donde Daniela quedó embarazada. Todo ocurrió en pocos meses, pero la intensidad y la convivencia durante el reality aceleraron sus procesos personales y afectivos. “Fue muy rápido, pero ya habían pasado los cuatro meses de la casa, más el mes afuera, ya eran como seis meses muy intensos. Mi vida es así, es rara”, reconoció.

Al hablar sobre lo que distingue a Thiago, Daniela dejó en claro que lo que la conectó con él va mucho más allá del atractivo físico. “Él tiene muchos atributos especiales”, bromeó. Pero luego aclaró que el rasgo que más la marcó fue su gran corazón. “Tiene un corazón inmenso, es muy buena persona”, afirmó.

Para ella, la afinidad nació de historias de vida similares y del esfuerzo compartido para llegar a donde están. “Nosotros veíamos que los otros participantes tenían vidas perfectas y nosotros coincidimos. Éramos como los únicos dos que nos entendíamos desde otro lado. Eso nos conectó, el salir de cero y llegar hasta ahí sin ser ‘hijo de’, sin tener ningún contacto, pasando todos los casting y pensando que no íbamos a quedar. Cuando tuvimos a las dos nenas dijimos: ¡Wow! Es la señal de que somos nosotros”, expresó.

La relación entre ambos, ya separados como pareja, se transformó en una convivencia basada en el respeto y el acompañamiento mutuo. Permanecen solteros, pero mantienen una dinámica de confianza: comparten salidas y pequeños detalles de su día a día, pero evitan profundizar en asuntos personales que puedan herir la sensibilidad del otro. “Nos acompañamos mucho. ‘¿Cómo te fue? ¿La pasaste lindo?’ Lo justo y necesario. Más info no”, explicó Daniela sobre el acuerdo tácito que los mantiene unidos, pero preservando cierta distancia emocional.

Ella reconoce que, si alguno de los dos inicia una nueva relación y la felicidad del otro se hace evidente, preferiría evitar preguntas que puedan incomodar o doler. “Cuando llegue con una sonrisa de oreja a oreja a casa, ahí me voy a dar cuenta y no le voy a preguntar. Me lo voy a ahorrar, me parece”, relató con humor, aunque admitió que enfrentarse a esa situación le generaría un nudo en la garganta.

El accidente que cambió todo

La experiencia del accidente de Thiago profundizó aún más la conexión entre ambos. Durante ese episodio, Daniela temió perderlo para siempre y debió sostener a sus hijas en medio de la incertidumbre. “Si él se muere, yo me muero, pensé. ¿Qué voy a hacer? ¿Cómo voy a sostener mi familia? Yo sabía que iba a poder, pero no estaba preparada para eso. Tenía también mucho miedo de entrar en un pozo de depresión. Sabía que tenía las nenas que dependían de mí. Yo tenía que llegar a casa y jugar. Me secaba las lágrimas y fingía una total demencia de que nada me estaba pasando cuando mi vida se estaba destrozando por dentro”, confesó entre lágrimas.

A pesar de la angustia, Daniela se sintió acompañada por una comunidad que le brindó apoyo constante y rezó por la recuperación de Thiago. “Toda la gente me mandaba un montón de fuerzas, de oraciones, santos. Le recé todos los santos que conocía y no conocía, a todos les pedía, pero con una fe que yo sabía que alguien me iba a salvar, alguien nos iba a poder ayudar”, recordó.

El reencuentro entre ambos tras el accidente marcó un antes y un después en su vínculo. Aunque ya no convivían como pareja, la gravedad de lo vivido los llevó a redefinir la relación desde un lugar de respeto y cuidado mutuo. Cuando Thiago despertó en el hospital, Daniela le propuso regresar a su casa de origen o a la de sus familiares, sin presiones. Sin embargo, él eligió quedarse junto a ella y sus hijas.

Le preparó un cuarto especial, adaptado a su recuperación y al ritmo de las niñas, para que pudiera sanar en un entorno seguro y contenido. Esa etapa generó un lazo que Daniela describió como “un hilo bordó”, imposible de romper más allá de los títulos o situaciones sentimentales. “No va a haber nada que nos separe, por más que el título que tengamos arriba”, afirmó, convencida de que la prioridad siempre serán sus hijas, Laia y Aime, y la crianza en un ambiente de amor.

“Quizás podamos llegar a volver juntos. También entiendo que nosotros no tuvimos el tiempo de conocernos”, reflexionó. La intensidad de la convivencia durante el reality, el embarazo y la llegada de las niñas los obligó a crecer y a cambiar prioridades de manera abrupta. Hoy, ambos se encuentran en un proceso de reencuentro personal y de aprendizaje compartido, abiertos a lo que la vida les depare, pero con la certeza de que el vínculo familiar está por encima de todo.

Casino - Daniela Celis "Pestañela"
“Ni en mis mejores sueños hubiera sido tan perfecto todo lo que me está pasando", confesó la ex Gran Hermano. Crédito: Adrián Escándar

Primeros amores, traiciones y aprendizaje sentimental

—¿Alguna vez te sentiste traicionada?

—Sí, muchas veces en mi vida me sentí traicionada. Cuando era chica, que abrí mi corazón, con esto de mi primer amor que conté al principio, mi primera vez, mi primer todo, mi primer hombre, yo erizada, princesa de Disney, decía: “Me voy a casar con este hombre, tener mil hijos...” Cuando me enteré que estuvo con medio colegio, con medio barrio, con mis amigas, con todo el mundo...

—¿Y qué pasó cuando lo descubriste?

—Un psicólogo le quedaba chico. Era muy encantador, muy manipulador. Más cuando no tenés autoestima, te dicen mil cosas hermosas y vos decís: “Este es el hombre de mi vida, me caso ya”. Viste a veces la mujer con dos cositas lindas ya estamos a sus pies. Pero aprendí y entendí que no, las cosas lindas me las digo yo, no hace falta que me las diga nadie.

—¿Y cómo te manejas cuando alguien te traiciona?

Ese hombre me hizo traicionera. ¿Me hiciste esto a mí? Esto no me lo hace nadie más. ¡A mí no me cagan más! (risas).

—¿Era solo para protegerte o también buscabas vengarte por sentir que así hacías justicia en tu vida?

—Yo sentía que todos los hombres eran iguales, que mienten, que todos los hombres son... gatos. Son zorros, son therians (risas). Me sentía muy traicionada hasta que me di la oportunidad de conocer bien. Yo siento que también crecí, mi cabeza cambió. Empecé a ir a la psicóloga, que me ayudó mucho. Y entendí que no todas las personas son iguales y que uno no tiene que pagar el peso de lo que hace otra persona. Hay que entender y aprender de lo que pasó y no llevar tu peso o tus problemas a otras personas. Es un laburazo el que hice y hoy en día soy una persona leal.

—¿Cuál fue la peor traición que le hiciste a un hombre?

La peor traición que le hice a un hombre fue serle infiel. Antes de entrar a la casa, yo estaba con una persona en una relación de cinco años. Él tenía 20 años más que yo. Era muy libre, muy respetuosa esa relación y aprendí muchísimo con ese hombre. Me hizo muy grande el corazón. Nuestro plan era: pausar la relación y cuando salga de la casa ver qué sucedía, sin infidelidades de por medio. Pero yo en la casa me enamoro, tengo relaciones sexuales ocho veces en un día. Hice de todo en todos lados. Te imaginarás cuando salí... Ese hombre tenía mis cosas, mi teléfono, mi ropa. Yo vivía con ese hombre.

—¿Cómo era esa relación previa a entrar a la casa?

—Yo aprendí lo que era el amor en libertad. Teníamos él su vida, yo la mía y nos acompañábamos. No nos molestábamos, no nos decíamos nada.

—¿Pensabas en él mientras estabas adentro?

—Sí, obvio que pensaba en él. Pero no podía decir nada porque yo en tres días no estaba sola. Tenía toda esa presión y mochilita atrás mío. Sabía que estábamos en pausa, no es que estábamos juntos, pero era una pausa que para mí inconsciente sabía que no me la podía mandar. Y me la mandé...

—¿Cómo fue el primer encuentro después de salir?

—Estuvimos cinco años juntos y yo jamás lo vi llorar a él. Me miró y me dijo: “¿Por qué?” Y se puso a llorar. “¿Por qué no me dijiste lo que estaba pasando?”, me decía. Y lloraba y lloraba. Lo vi destrozado. Él fue siempre leal conmigo, me ayudó en un montón de cosas. Fue una gran, gran, gran persona para mí. Y le dije: “Perdón, te juro que te pido mil disculpas. Sentí algo que no lo pude controlar. No sé si fue el efecto de la casa, si fue el encierro, no sé lo que me pasó. No sé con qué va a pasar tampoco, pero la verdad que no me sale más que decirte perdón”. Y agarré mis cosas y me fui. No podía verlo a la cara, se me caía la cara de vergüenza, me moría, no sabía qué decirle, qué hacer, no entendía lo que había hecho, la dimensión de las cosas.

—¿Nunca más volvieron a hablar?

—No, nunca más.

—¿Extrañaste esa relación? ¿Pensaste en volver en algún momento?

—Yo me autocastigué mucho con lo que hice. Sentía que me pegaba con un látigo todo el tiempo. Entendí, también con terapia, que dejé de ser infiel y volví a ser fiel con Thiago. Es la primera relación que soy 100 por ciento fiel, por esto, por este castigo, por todo esto de que me autocastigué mucho tiempo diciendo qué fue lo que hice, cómo fui tan mala con esta persona cuando él fue muy bueno conmigo, me pregunté por qué lo hice, en qué estoy fallando, por qué soy así. Y aprendí mucho. A veces uno lo hace intencionalmente. No es que te dice ay, no me di cuenta que me estaba haciendo esto porque sí me estaba dando cuenta. Pero es la vida así y me tocó aprender muchas cosas y gracias a eso hoy en día soy una señora, soy una madre. También pasaba que yo quería tener hijos y él no quería. Era como que tampoco coincidíamos en muchos proyectos o sueños. Entonces también sentí que quizás era una señal de la vida que me estaba diciendo: “No es por acá, andá por otro lado o es momento de experimentar cosas nuevas, de abrir los ojos”. Y tenía que ser, porque hoy tengo el amor de mi vida que son mis hijas. Si no hubiera sido así no tendría a mis hijas, que es lo más lindo que tengo. Igualmente siento que todas las personas que pasaron por mi vida me dejaron una enseñanza. Y gracias a todas las personas que estuvieron en mi vida soy quien soy ahora. Así que yo siempre agradezco todo mi pasado y no cambiaría nada.

Casino - Daniela Celis "Pestañela"
“Crecí con toda esa mochila de ser la fea del salón”: Daniela recordó el bullying que sufrió en su infancia y cómo esas heridas marcaron su autoestima durante años. Crédito: Adrián Escandar.

Inseguridades, bullying y superación

—¿Cuál era tu mayor inseguridad?

—Mi mayor inseguridad, que siento que ya no la tengo más, gracias a Dios, era la mirada de la sociedad, que me señalen. En el cole sufrí mucho bullying. Yo siempre fui morochita y me criticaban por mi físico. Se me marcaban los pelos y me decían la peluda. Pasaban mis compañeros y me decían: “Hay café, café, hay que afeitarse”. Y cosas así. Al llegar a mi casa, con 10 años, le dije a mi mamá: “Me quiero depilar”. Y ella me dijo: “Tenés 10 años, hija, sos muy chiquita”. Pero yo lloraba y decía: “Mami, por favor, me quiero depilar, no quiero sufrir cada vez que voy al colegio”. Me ponía las medias cancán hasta en verano porque no quería que se me viera ningún vello de la pierna. Lo sufrí tanto... Crecí con toda esa mochila de ser la fea del salón.

—¿Cómo era tu día a día en el colegio?

—No me invitaban a los cumpleaños porque por fea, ¿entendés? No podía ser parte del grupo. Los profes lo llamaban a mi mamá y le decían: “Tiene que ir al psicólogo, es un florero esta chica, no participa en clases”. Yo no hablaba con nadie. Los recreos los he pasado en el baño encerrada porque no tenía con quién estar (se emociona). Odiaba los recreos porque estaba sola todo el tiempo y tenía que estar en el baño haciendo tiempo: me lavaba las manos, me acomodaba el pelo para que pase la hora del timbre...

—¿Cuándo lograste superar todo ese dolor?

—Me volvieron a cambiar de colegio porque nos habíamos mudado y dije: “En este lugar nuevo tengo que hacer una diferencia; nadie puede saber quién era antes”. Me sentaba adelante, me hacía amiga de los profesores, porque tenía miedo de no encajar con el grupo y prefería estar cerca de ellos: al menos te mandaban a buscar tizas a preceptoría y yo sentía que así construía un vínculo más fuerte conmigo misma. Ese cambio me ayudó.

Reflexiones sobre el presente y su mensaje a la audiencia

A pesar de las heridas del pasado, Daniela transformó el dolor en un motor de inspiración. Hoy, desde un rol público y con una gran audiencia, busca transmitir un mensaje de esperanza y confianza en uno mismo. “Yo siempre intento dar a los demás lo que aplico todos los días. No sé quién está del otro lado viendo esto, pero si estás y lo ves, es por algo. Yo estuve en el mismo lugar que vos y hoy estoy acá: es posible. Todo está en tu cabeza, en tus pensamientos; hay que manifestar. Pero para llegar a ser lo que querés, tenés que empezar, dar el primer paso. Y una vez que lo das, ya estás subiendo la escalera y vas a llegar. Es confiar en uno”, señaló.

También remarcó que su historia es la prueba de que los sueños pueden cumplirse incluso cuando el entorno no los alienta. “Cuando me preguntaban que de chiquita qué quería ser, yo decía: ‘Quiero ser modelo, estar en la televisión’. Y mi familia no lo hacía por mal, pero me decían: ‘Baja a tierra porque te va a hacer mal, la realidad es otra’. Entonces yo crecí con los no: ‘No se puede’, ‘esto no’ o ‘aquello no’. Yo no tuve la suerte de ser ‘hija de’ o tener alguien conocido para poder cumplir un pedacito de mi sueño. Y sin embargo, pude. Se puede. Con todos los no en la cabeza, lo hice, lo logré y acá estoy. Te juro que se puede”.

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