Diego Roberto Mendoza -Diego por Maradona- nació en General Madariaga, provincia de Buenos Aires, el 30 de septiembre de 1992. Como futbolista surgió de la cantera de Estudiantes de La Plata, debutando en la primera división pincha en 2012. Tras breves pasos por Villa San Carlos y Nueva Chicago, el Tanque volvió a Estudiantes, donde su gran nivel lo llevó a firmar un precontrato para jugar en Europa.
Previamente, pasó seis meses a Huracán, donde el elenco de Parque Patricios, dirigido por Eduardo Domínguez, debía jugar la fase previa de la Copa Libertadores. El 9 de febrero de 2016, Huracán enfrentó a Caracas en Venezuela por la revancha de los playoffs clasificatorios. El Globo había ganado 1 a 0 la ida y tenía que defender el resultado en el estadio Olímpico de la capital venezolana. Mendoza fue el héroe de aquella noche, con un gol agónico que selló el pase de ronda del Globo. Pero la alegría de aquel resultado soñado se transformó pocas horas después en una mueca de terror, ya que el micro que llevaba al plantel argentino de regreso al aeropuerto sufrió un accidente y el delantero fue uno de los más afectados. Tras varias operaciones, Mendoza pudo continuar jugando, con pasos por Unión Deportivo Ibiza, Belgrano y nuevamente Huracán, pero los dolores le impidieron continuar con su carrera profesional y a los 30 años decidió retirarse.
En cuanto a su vida personal, el ex jugador está en pareja con la periodista Josefina Ansa, la China, con quien comenzó primero un vínculo a distancia, en medio de la pandemia, que se consolidó con el paso del tiempo, hasta formar una familia que ya tiene dos hijos, India y Rafael.

-¿Cómo conociste a la China? ¿Dónde estabas? ¿Cómo fue ese contacto?
-Con la China nos conocimos por videollamada, justo cuando yo estaba en pandemia en Ibiza, y estaba arrancando la pandemia acá. Estaba jugando en Ibiza y me agarró la pandemia, estaba encerrado y la conocí mediante Fernando Carlos, que trabaja con ella. Fue medio casualidad, porque él estaba haciendo un vídeo, me estaba mandando un vídeo a mí,y yo le estaba mostrando que estaba haciendo en Ibiza y apareció la China por atrás en su video. Y ahí fue como “che, ¿quién es la chica?”. Y después empezamos a hablar por Instagram, pegamos buena onda, al principio como amigos. Ella, como periodista, me preguntaba sobre la pandemia y ahí dije ”ya está, sino sé la información se la invento".
-Ahí ya estabas en plan de conquista.
-El primer mes, para ella no era conquista, y yo hacía lo que podía...le decía “no sé, esperá que googleo”, pero no había nada (hace el gesto de escribir en el aire). Después sí, empezamos a tener ese ida y vuelta. Pero también fue muy loco porque la veía en el noticiero, porque ella seguía yendo al noticiero, pero la veía sentada de acá para arriba (hace el gesto del pecho para arriba). Y en videollamada también. Entonces no la tenía ni siquiera en su altura. Fue rarísimo, y fueron siete meses así.
-¿Fueron siete meses de chat, de videollamada?
-Teníamos como una rutina. A la mañana, cuando ella se iba a trabajar me hacía una videollamada en el auto. Cuando yo me estaba yendo a la parte del living a entrenar con el profe, que también se hacía por videollamada. Al mediodía, si ella volvía de trabajar hacíamos una videollamada, nos hablábamos.
-¿Ahí no tenías chances de viajar?
-No, porque Ibiza estaba cerrada, toda la isla cerrada. Y acá, en Argentina, en ese momento ella, como era periodista, solo tenía permiso para podía salir. Es más, cuando yo volví a Argentina, en agosto, acá también estaba todo medio cerrado, había que pedir permiso, había que traer el test negativo. Es más, llegué y no la pude ver, porque tuve que estar aislado en mi lugar de residencia y era en Madariaga. Pasaron 14 días y para peor, cuando vuelvo de Madariaga me dio positivo (de COVID), entonces fueron dos semanas más. Cuando vuelvo al club, me dio positivo de vuelta...un mes fue.
-Y en aquel momento de las videollamadas, ¿hablabas con otras chicas?
-Sí, tenía como una agenda, pero estaba todo blanqueado. La única persona que estaba blanqueada era la China. A ella le decía “che, mirá que estoy hablando con esta chica, estoy hablando con esta otra”. Las otras no sabían claramente que había eso, porque era como algo privado, pero la China sabía todo, sabía los nombres, sabía el Instagram, sabía dónde vivía, a qué se dedicaban, sabía todo.
-¿Hablamos de chicas desconocidas, NN, o de chicas famosas?
-Había de todo. Teníamos un código grande entre nosotros dos (con la China), que era “si vos estás hablando con algún colega mío o que juega al fútbol conmigo” nos los decíamos. Ella tenía sus cosas también, es más, me las contaba. Lo mío fue más por respeto, solo con ella, con las demás, no, de decirle “mirá que estoy hablando con tal persona”, por si el día de mañana se encontraban, les tocaba trabajar juntas o coincidir en un evento.
-¿Y ella te tiró algún jugador o algún conocido que vos dijiste mmm...?
-Sí, pero no interfería conmigo. Es más, me he cruzado cruzado con alguno y le he dicho “che, ¿te acordás en esa época? Y se reía...
-¿Quién era?
-¡No, no doy nombres!
-Dentro de ese ida y vuelta vos le pedías contenido de fotos o videos y vos le mandabas, pero ella no mandaba nada... ¿esto es así?
-Me vengo a defender acá (risas). Ella estaba muy sensible también y esos siete meses fueron muy sensibles también, porque conocíamos muchas cosas del otro y sabíamos qué le gustaba el otro. Y yo la quería conocer, porque yo la veía de acá para arriba (del pecho para arriba). Yo decía “mostrame un culo”, algo. Porque en el Instagram ella era muy periodista. No tenía ni una foto en malla, porque una foto en malla baja la tensión. Y ella “no, no, no”, pero acá me vengo a defender porque sí hubo del lado de ella, hacia mí.
-Hubo contenido...
-Sí, hubo contenido. Y me pasó algo muy loco. Yo vivía frente al mar. Ahí no tenés mucha señal, te pasa que gastás mucho más los datos. Estábamos hablando por videollamada y entramos en ese jugueteo. Ella me dijo que después tenía que borrarlo, porque es periodista y le daba miedo. Le dí mi palabra -ya llevamos cinco meses y medio de charlar-. En eso se corta la videollamada, veo que el teléfono no tenía wifi y es algo raro. Me acuerdo que estaba tomando mate y llega la foto, la abro y se veía borrosa, no cargaba. Entonces empecé a comprar datos, después llega un video y me decía si quería seguir, eran otros tantos euros de datos, “sí, quiero seguir”... fue el culo más caro de mi vida (risas). Fue lo más caro que pagué para poder ver eso. Estoy hablando de 500 euros. ¿Qué pasaba? Cuando vos tenías la red wifi, te sostenía. Entonces gastabas menos. Pero como yo tenía un teléfono de allá, yo me desesperaba, me acuerdo que también al tener aplicaciones abiertas y demás, era muy pesado cargar eso. Yo me acuerdo que cuando llega la foto y se ve borrosa y empieza a cargar y me llega el video, se traba todo porque es como que está descargando. Entonces apretaba el video, se frenaba y no descargaba porque me quedaba sin datos, compraba 25 euros, y otros 25 euros, y otros...la desesperación y la adrenalina. Fueron los más caros, pero tuve un buen final.
-¿Más allá de todo esto, de meses de charla, sentías que podía ser la madre de tus hijos o ni en pedo?
-Lo sentí cuando llegó el video, cuando se descargó el video estaba bien, ahí dije está es la mamá de mis hijos (risas). En ese momento no, en ese momento era querer verla y se fue dando. Después sí, cuando nos empezamos a conocer personalmente porque pensaba que ninguno tenía cómo era realmente el olor del otro, vernos en persona.

- ¿Y qué es lo que te enamoró de la China?
- Mirá, si me pongo a pensar, es algo que siempre lo hablo con mis amigos. Fueron esos siete meses de videollamadas donde los dos fuimos libres en contarnos lo peor del otro, los miedos del otro, en ser transparentes, porque por ahí pasa que muchas veces vos entrás a una relación y entrás con lo más lindo. Obvio, porque vos querés conquistar al otro de lo más lindo. Nosotros arrancamos al revés. Entonces cuando nos juntamos fue primero ver si nos gustábamos físicamente, nos gustamos y fue ensamblar eso. Lo que nos sostiene ahora es habernos conocido tanto, que para mí fueron esos siete meses de videollamadas.
-¿Cómo cambia la pareja con la llegada de los hijos?
-Sino hablás, se va todo al carajo. Tenés que tener mucha paciencia para cuando vos estás muy enojado y la otra persona no logra entenderte o ella está muy enojada, es como tenés que sentarte y tratar de entenderte. Aparte de ser muy unidos, somos muy independientes. Yo estoy muy seguro de lo que es ella como persona. Si vos me decís a mí hoy, creo que más allá de que sea mi mujer o que me haya enamorado físicamente, es una gran persona. Ella es una buena persona fundamentalmente. Los dos estamos súper enamorados y siempre sentimos cuando estamos haciendo otras cosas que nos falta el otro. Yo si hoy tengo un problema o si tengo un proyecto nuevo lo hablo con ella. Cuando necesito la parte del corazón, no desde la cabeza, lo hablo con ella.
-¿Siempre quisiste ser padre?
-Sí, desde chico. Desde que empecé a jugar el fútbol veía que todos mis compañeros de fútbol tenían hijos. Y yo dije “hasta que no me retire no voy a tener hijos, porque quiero tener tiempo para ellos”. Me quería como armar, gestionar el tiempo para ellos. Yo veía a compañeros sufrir en la concentración por no poder verlos. Hoy tengo la posibilidad de elegir si quiero ser padre. Y como me retiré joven, por lo del accidente, cuando me retiré, al otro año, le dije a ella “quiero que seas la madre de mis hijos”. Pero no por mí, quiero más por vos. Porque yo veo que vos sos una buena mina, una persona cuidadosa, prolija, laburadora. Pensaba que con ella a los chicos nunca les iba a faltar nada.
-Hablaste del accidente, se cumplieron diez años hace algunas semanas...
-Ese accidente me sirvió para darle mucho valor al hoy, a disfrutar el tiempo al máximo. Me gestiono el día a día para tener momentos, cosas que me hacen bien, para poder disfrutarlo. Obviamente que todos tenemos un proyecto a futuro y pensar que a mí el accidente me tocó con 21 años, con un precontrato a Europa. Ese partido, lo que logré ese día fue lo que había soñado desde los diez años. Siempre soñé con eso y lo que me chocó fue que llegué hasta ahí y no sé si lo disfruté tanto en el camino...y el día que más lo estaba disfrutando me pasó lo del accidente. Entonces me dejó esa enseñanza, vivir un poco más en el hoy y y sentirnos más.
-¿Cuando decís “lo viví”, vos viviste esto de la famosa experiencia cercana a la muerte?
-Sí, es eso. Es morirte, o sea, estar a punto de morirte. Pero no es solo que vos salís y tenés un accidente y estuviste cerca de morirte. Es además estar cargado de las emociones, que yo venía de años de querer lograr lo que logré. Porque para un jugador de fútbol, y vos conocés un montón, es quedar en la historia de un club, lo que es hacer un gol sobre la hora para un delantero, el viaje a Europa, una Libertadores, el sueño que vos buscás. Después esas cosas te pueden llevar a la selección argentina. Siempre me preguntan que sentí cuando me bajé del micro: estaba feliz de estar vivo, decía “gracias”. Y llegué a la clínica y me decían “tenemos que amputar”. “Sí, pero acá no me amputás, me amputan en Argentina, yo vuelvo enterito a Argentina”, les dije.
-¿Vos estabas en Venezuela y te dicen “de urgencia tenemos que amputar”?
-Sí, porque a mí me queda aplastado el hueso, me queda el calcáneo expuesto y se lastima el hueso, eso se infecta. Entonces me dicen “bueno, te tenemos que amputar”. Yo digo no, acá no me amputo, lo hago en Argentina. A mi no me importaba el pie, a mi me importaba estar vivo.
-Recordá un poco la situación, el contexto
-Yo hago un gran año en Estudiantes. Hago un precontrato en Europa y como era en junio el contrato, me voy seis meses a Huracán. Me llama Eduardo Domínguez, me dice “vení, vas a jugar con Wanchope (Ábila)”, fue uno de los mejores equipos de Huracán que hubo. Y vamos a jugar la pre Libertadores. Jugamos el primer partido acá, contra Caracas, ganamos 1 a 0 con gol de Mariano González, nos vamos a Venezuela, nos tenían que hacer dos goles. Nos hacen un gol en el primer tiempo y nos hacen un gol a los 80. Lo echan a Mariano González y yo solo me voy y me saco la pechera. Y cuando Edu Domínguez se da vuelta, yo estaba parado, como diciendo ”me tenés que poner". Entro y hago el gol a los 94 minutos. Fue el sueño de toda mi vida. Yo tenía 21 años en ese momento. Salgo en todos lados, lo más lindo que había para mí en ese momento. Era lo que yo soñaba. Después, ni bien salimos del hotel, cantando y todo eso, se le cortan los frenos al micro y ahí se viene todo el caos. Nos llevaban al aeropuerto, y como veníamos en bajada también se rompe la parte del embrague y la dirección queda como flojita, pero para la derecha, y empezamos a agarrar velocidad... Yo tuve la suerte de ponerme el cinturón por la mitad. El chofer agarró una rampa, cayó en un precipicio. A mí me queda el pie entre el asiento y la ventana. Empezamos a volcar y vuelca para mi lado. Dentro de la mala suerte de que se me aplasta el pie, me queda la salida de emergencia acá (hace el gesto de arriba) y soy el primero en salir. Y cuando salgo...no te puedo explicar la sensación de felicidad que vos tenés...menos mal que estoy vivo. A muchos les pasó que se veían, que se les rompió la rodilla y pensaban “se me cagó la carrera”, pero yo pensaba “estoy vivo”. Cuando miraba por la ventana para abajo pensaba “me voy a morir, ya está”, es una sensación de adrenalina rarísima e inexplicable.

-¿Cuándo bajás llegan las ambulancias?
-No, el Pato (Toranzo) es el primero en bajar y mi ambulancia no llegaba. Y lo mío era medio terrorífico, porque pensá que cuando se arrastró (el micro) tenía todo clavado (se toca la parte izquierda del cuerpo) y salía sangre, y de mi pie, ni hablar. Mi pie era una empanada, todo abierto. Después llega una ambulancia, se sube el Pipi Araujo, y nos vamos, y encima había carnavales en Venezuela, nos cruzamos con un montón de gente con máscaras...si hacían un video, era una película. Ahí me limpian, me sacan toda la mugre que tenía. Y ahí dicen que preparaban la sala para amputarme. Se metió el kinesiólogo, firmaron un papel dónde decía que no se podía amputar en Venezuela, con el consentimiento mío. Así y todo me pasaron muchas cosas que soñé de chiquito. Te doy un ejemplo muy banal, viajé en avión privado para volver con wifi hablando con mi familia. Entonces lo lindo que me pasó es que yo pensaba que iba a volver pero no iba a poder comunicarme con mi familia por muchas horas, pero en el avión, el presidencial de Venezuela, había un aparato que tenía wifi y digo “que bien” y pude ir hablando con mi mamá. Cuando llegamos nos espera el doctor (Fernando) Locaso, y le da tranquilidad al Pato, que preguntaba si lo iban a amputar. Le dice que no, que se quede tranquilo, que son las falanges, que no lo van a limpiar. Pero cuando yo le pregunto me dice “cuando lleguemos vemos”. Y mi primera cirugía fue sabiendo que tal vez me podían amputar.
-¿Y qué terminó pasando?
-Para resumirlo, fueron cinco operaciones. Tuve la suerte que en la primera operación había especialistas, gente muy grosa, que estaban justo en Argentina y había una máquina y la pudieron implementar conmigo para poder extraerme todas las bacterias que tenía. Fue como que succionó y quedó una bacteria de las cinco que tenía. Cuando vuelvo de la operación, Fer (el médico) me dice “quedate tranquilo que no te vamos a apuntar”, ahí dije “¡chau, la gané!“. Mi manera de salir de todo esto fue siempre con esa alegría, pero también siempre digo que a los tres meses tuve mi grado de depresión y lo tuve que hablar y pedir ayuda.
-¿Por qué te bautizaron Diego?
-Yo me iba a llamar Roque. El otro día me cruce en un programa a la hija de Diego (Maradona) y le dije “te amo a vos, y a todo lo que te rodea porque gracias a tu viejo me llamo Diego”. Cuando yo estaba por nacer, estaban en la clínica y en la tele muestran que Diego volvía a jugar, en Newell´s, decían “Diego Armando Maradona regresa a las canchas”. Y cambian por Diego, van a los papeles, tachan y ponen “Diego”. ¡Pensá me iba a llamar Roque Roberto (risas)!





