“El día que se me cruzó la idea de algún día ser mamá, me di cuenta que en realidad yo sí me moría de ganas, pero que tenía mucho miedo porque es mucho el dolor que una vive cuando tiene anorexia. No podía imaginarme, para mí no era una posibilidad que eso suceda”, confió Juli Puente, influencer y conductora, durante una charla íntima en Ellas, el ciclo de entrevistas de Infobae.
Juli es influencer, periodista, conductora y entrenadora física conocida principalmente por su enfoque positivo hacia el ejercicio y la motivación personal. Originaria de Gualeguaychú, Entre Ríos, trabajó varios años en medios de comunicación antes de reinventarse durante la pandemia al crear y popularizar su propio método de entrenamiento llamado: Cardio de la felicidad, con el que movilizó a miles de personas a través de rutinas en vivo por redes sociales y logró una comunidad de casi un millón de seguidores en Instagram.
Además de su presencia digital, ha participado en programas de televisión como The Challenge Argentina y La Academia, y ha realizado shows y eventos motivacionales y de fitness en lugares como el Luna Park en Buenos Aires. En lo personal, en 2025 se casó con Facundo Miguelena y en enero pasado anunció que está embarazada de su primer hijo.

Desde sus inicios como periodista, Juli recuerda cómo el trabajo la llevó a cubrir eventos de celebridades, a menudo en situaciones hostiles y rodeada de noteros y fotógrafos. “Yo siempre digo, vengo de la calle, o sea, era la periodista que estaba al lado del fotógrafo paparazzi persiguiendo famosos. Ese era mi trabajo. No me gustaba, pero siempre supe adentro mío que primero era como comunicadora social, era mi escuela”, explicó.
Ese recorrido, aunque intenso y muchas veces incómodo, le permitió aprender el oficio detrás de cámara y fortalecer su perfil profesional. “Aprendí mucho haciendo eso, escribiendo notas y demás. Estando detrás de cámara, siento que es donde de verdad te curtís. Eso sin duda me sirvió un montón para lo que vino después”, expresó.
A pesar de la experiencia acumulada y el esfuerzo constante, sentía que faltaba un giro en su carrera. “Trabajé ocho años como periodista, en todas las revistas, en canales, pero siempre estaba atrás de cámara. Yo empecé a trabajar cuando me vine a vivir sola a Buenos Aires a mis 17 años. Mientras estudiaba, trabajaba y sentía que lo estaba dando todo”, recordó.
Con el tiempo, esa disciplina la llevó a buscar nuevos espacios y a intentar mostrarse como conductora, aunque no lograba el salto. “Yo tenía muy en claro que quería algún día trabajar delante de cámara o ser yo conductora. Trataba de ser respetuosa, tocaba muchas puertas, pero por algo no se me daba. En un momento me lo creí y dije: ‘Bueno, esto real no es para mí. Solté esa idea’”, confesó.
El impacto del “cardio de la felicidad” y el salto en redes sociales
La llegada de la pandemia transformó por completo el panorama profesional de Juli Puente. “Cuando vino la pandemia, yo dije: esto peor todavía. O sea, en este escenario ya está, ¿qué voy a hacer?”, señaló. De esa crisis surgió, sin buscarlo, el Cardio de la felicidad, una propuesta espontánea que marcó un antes y un después en su vida. “Yo trabajaba con mis redes, tenía mi público porque corría mucho en simultáneo a ser periodista. Era un hobby y tenía 70 mil seguidores que eran muy de nicho. Pero cuando inventé el cardio en pandemia, una semana después de que había que hacer cuarentena estricta, me empezaron a subir seguidores cada vez más y en menos de un mes ya tenía 800 mil”, contó.
Ese cambio fue abrupto y la exposición en redes multiplicó la visibilidad de su trabajo. El reconocimiento masivo fue el resultado de años de experiencia y de una red de contactos forjada desde el periodismo. “El ser periodista y tener diálogo con muchas figuras conocidas hacía que después, cuando yo hacía los cardios, ustedes los hagan y los compartan. Fue como una red que me hizo explotar, pero de la manera que yo menos esperaba”, analizó.
El hate, la salud mental y el rol de Facu
—¿Sentiste presión o críticas al empezar a motivar a otros mediante el ejercicio en redes?
—Yo era la periodista que hacía las notas, que escribía de los demás. Siempre tuve muy innato en mí el entrenamiento, es algo que me acompaña desde que tengo 4 años. Cuando se dio de manera natural creo que fue por eso, porque me salió hacer el Cardio de la felicidad. Era alegría, era motivar y era algo genuino. Pero empecé a perder ese lado genuino mío cuando empecé a recibir mucho hate. Y eran muchísimos profes de educación física y personal trainers diciendo: “Vas a matar a la gente, no estás capacitada”. Empecé a tener muchos ataques de pánico. Mi vida cambió, yo tenía una vida muy tranquila y de repente, en simultáneo que me iba muy bien y mucha gente me elegía, pero también me criticaban. Yo ponía un vivo, un cardio y había 23 mil celulares conectados. Yo no podía disfrutarlo porque me daban ataque de pánico ver los comentarios horribles que escribían sobre mí.
—¿Cómo influyó Facu en ese momento?
—Facu, que es mi marido y mi mánager desde ese entonces, me sentó un día y me dijo: “¿Vos qué sentís?”. Yo le dije: “Yo te juro que nunca, haciendo ninguna nota ni ningún trabajo, sentí la felicidad y la gratitud que siento ayudando a que la gente se mueva”. Esa felicidad la encontré motivando a la gente. No lo puedo explicar porque no lo siento con nada que haga en mi vida. Ahí me dijo: “Si sentís esto, es por acá. Pero la vida no está hecha para tibios. Renunciá a tu trabajo. Sí, en plena pandemia. Ni vos ni yo tenemos un peso, pediremos plata prestada si es necesario. Pero animate a hacer esto que te gusta, yo te voy a bancar”. Eso me dio mucha fuerza. Empecé a estudiar para tener mi título de entrenadora personal, que me avale lo que estaba haciendo.

Trastornos alimenticios, amor propio y el deseo de ser madre
—Mencionaste los trastornos alimenticios y me imagino que al momento de empezar a buscar tu bebé, debés haber tenido que abordar ese tema. ¿Qué sentiste?
—Es la preguntan que más me hacen en las redes desde que conté lo del embarazo. Siento que es porque a muchas chicas les debe pasar. La decisión de ser mamá la tomé muy consciente y lo busqué mucho. Pero mucho antes de buscarlo, yo trabajé en eso. El día que se me cruzó la idea de algún día ser mamá, que fue hace dos años, tuve una sesión con mi coach y le dije: “Yo hoy no me siento preparada para ser mamá, no puedo ni pensarlo porque no estoy preparada para que mi cuerpo cambie”.
—No estabas preparada para entregar tu cuerpo a esta situación que atraviesa por completo.
—Cuando me preguntaban si quería ser mamá, yo automáticamente decía que no. Era como una negación total. Y después empecé a preguntármelo yo sola por qué estaba tan negada y me di cuenta que todavía no estaba preparada porque tenía que sanar muchas cosas de mi anorexia. Tenía en claro que el día que me pasara yo quería disfrutarlo, no quería estar sufriendo. Mi cuerpo cambia y es algo natural, es parte del proceso.
—¿Te molestaba la idea de pararte frente al espejo y verte más gorda?
—No podía imaginarme, para mí no era una posibilidad que eso suceda. Pero me di cuenta que en realidad yo sí me moría de ganas, pero que tenía mucho miedo porque es mucho el dolor que una vive cuando tiene anorexia. Es mucho el dolor en silencio. Es un dolor que te quema por dentro. ¿Viste ese dolor que te quema por dentro? Ese dolor que decís: “Basta, estoy agobiada, no puedo, no puedo parar de pensar en mi cuerpo” aunque no quieras hacerlo.
—¿Qué sentís que pudiste sanar para que eso suceda?
—Solté mucho mi auto exigencia. A mí los comentarios me afectaban directamente. Cuando empecé a soltar eso, a tener más amor propio, empecé a hablarme más con amor y a decir: “Bueno, che, no es sostenible la vida que estoy teniendo”. No puedo entrenar tres horas por día. Si bien yo comía bien, no me permitía ir a un cumpleaños y disfrutar. No me permitía tener una cita un día de semana porque decía: “Yo no puedo comer otra cosa”. En un momento me agobié de mi misma y dije: “No puedo vivir así, no me soporto ni yo”. Aparte, no me reía, ¿entendés? No era feliz. Es un proceso que lleva mucho tiempo y lo importante es tener una red de contención. Es importante tener alrededor gente que te entienda.
—Es también un trastorno que deja daños...
—Uno no sabe el daño que se está haciendo a su cuerpo y en el momento no podés pensar en otra cosa que en la imagen reflejada en el espejo. “Estoy más gorda, estoy más flaca, me gusto más, me gusto menos”. Cuando empiezan a pasar los años y tenés otros objetivos en tu vida, ahí te das cuenta de que en realidad eso era lo de menos, que el daño que vos te estabas haciendo en ese momento, cada vez va teniendo más consecuencias que te van a costar mucho. Dije quiero ser mamá, dejé las pastillas anticonceptivas y todas mis amigas me dijeron: “El mes que viene volvés embarazada” porque justo me iba de viaje. Un año y medio pasó y yo no lograba quedar embarazada.
—¿Sentís que todo esto que compartiste respecto a los trastornos alimenticios tuvieron que ver o incidieron?
—Recontra pudo haber tenido que ver. Nunca se sabe con exactitud qué puede ser lo que pasa. Yo dejé las pastillas anticonceptivas y tenía amenorrea, que es la ausencia de menstruación, y le pasa a muchas mujeres. Hay muchas causas: puede ser por genética, por algo hormonal, puede ser porque tuviste un trastorno de alimentación, porque tenés exceso de estrés. Por cuánto dormís, cuánto entrenás, cuánto comés. Hay que regular todo. Hay muchas causas. Ahí los médicos te cambian un poco tu esquema para ayudar al cuerpo y ahí es cuando decís: ¿Cómo no frené antes?
El proceso de búsqueda del embarazo y la transformación personal
—¿En qué momento decidiste empezar a contar lo difícil que había sido el proceso? Porque, en general, una vez que se concreta el embarazo, las mujeres eligen no compartir todo lo doloroso que vivieron.
—Ni a mi familia le conté del embarazo al principio. Les conté cuando estaba de dos meses y a la gente cuando estaba en el mes tres porque no aguantaba más. Las primeras veces me frustraba mucho, lloraba, ni siquiera llegaba a hacerme un test porque antes me venía. Yo decía: “Quiero la ilusión de hacerme el test y que me dé negativo al menos”. Y entonces pasé de frustrarme y sentirme triste, a pensar más todo el tiempo en: “Y cuando pase...”
—¿Y cómo estás hoy después de todo eso?
—Hoy me miro con todo el amor que antes no me miraba. Estoy entrenando todos los días y no entreno frente al espejo, que antes nunca me pasaba. ¿Viste que en los gimnasios hay espejos y entrenás y te mirás? Yo entreno y lo hago diciendo: “Che, qué bueno un día más que pude hacerlo embarazada”, porque nunca sabés, es muy día a día. Quiero comer ravioles porque tengo antojo, me los como y yo por ahí era un poco más exigente con eso, ¿viste? No era tan permisiva y ahora siento que estoy muy relajada.

—¿Sentís que todo esto te pasó para que esa alma que te eligió encuentre una mejor versión tuya?
—Reee. Hay mujeres que sienten que están muy bien y que no tienen por ahí tanto que trabajar en ellas. Yo soy la que siempre siento que tengo más cosas para trabajar y que por ahí cada cosa que me va pasando me hace dejar una Juli atrás y ser una nueva. Me pasó mucho en mi vida cuando inventé el Cardio, que que sané mucho, fui otra versión en lo personal y en lo laboral. Y ahora me volvió a pasar por segunda vez cuando me enteré que voy a ser mamá. Es algo que no lo podés fingir ¿viste? Se da natural esa paz o esa transformación que vos sentís que estás teniendo.
—Imaginemos un diálogo con el bebito que está en la panza y le tenés que explicar qué tipo de mamá se va a encontrar.
—Ahora le digo: “¡Ay! Menos mal que no llegaste antes”. Pienso mucho en esto de qué bueno que este bebé no me llegó antes porque no sé si estaba igual de preparada en muchos sentidos. ¿Viste cuando te sentís plena? Ahora estoy lista para de verdad disfrutar esto”. Era algo que yo necesitaba que pase, disfrutarlo y no hacerme problema por otras cosas que antes me hacía problema: tener ya una estructura de mi trabajo, gente que trabaje conmigo para poder seguir sosteniendo mi trabajo, que para mí es crucial, es muy importante seguir con mi vida y por ahí en otro momento no lo hubiera podido hacer, hubiera sido caos total. Ahora siento esa paz de que con Facu logramos comprarnos nuestra casa, la terminamos hace poco,me siento mucho más cómoda conmigo misma en todo, estoy disfrutando mi trabajo. Es el momento para que llegue y lo pueda disfrutar como también un bebé se merece.
—Si pudieses tomarte un mate con la Juli de hace 10 años atrás, ¿qué le dirías?
—Que esa disciplina que tiene y que ella siente que está de más, no la suelte porque es y va a ser a lo largo de su vida la clave y lo que la va a llevar a lograr todo lo que quiera. Que no mire tanto al costado, que piense de verdad en que lo que está haciendo está bien y que está haciendo el camino correcto. Que confíe un poco más en ella misma, que no escuche tanto tantas voces de afuera, que lo que te dice tu corazón que es por ahí, es así. Y la palabra que siempre me acompañó es disciplina e ir para adelante pase lo que pase.





