
La masiva marcha que hizo la CGT y los movimientos sociales afines al gobierno de Alberto Fernández careció de identidad. No fue en contra del Gobierno, como aseguraron en la Casa Rosada, y repitieron varios sindicalistas, pero Pablo Moyano, que es uno de los tres secretarios generales que tiene la central obrera, se quejó de la alta inflación y le habló directamente al Presidente.
La manifestación fue contra los formadores de precios y los empresarios especuladores, aunque es el Gobierno quien tiene la tarea de sentar a todos en la mesa y tomar medidas para bajar la inflación. Por eso la marcha fue para presentarle una queja a la gestión que conduce Fernández, pero sin decirlo públicamente. Un extraño modo de protestar.
El hecho más claro que expuso esa contradicción fueron las palabras del líder del Sindicato de Camiones. “Alberto, poné lo que tenés que poner ante los especuladores. No podemos seguir con estos niveles de inflación”, le dijo Moyano enfundado en un buzo negro y verde de Camioneros. Fue claro y contundente.

Más tarde, en un tono menos vehemente y durante la conferencia de prensa, lo expresó de otro modo. “Que el Presidente tome las medidas que tenga que tomar, lo vamos a acompañar”, dijo junto a Héctor Daer y Carlos Acuña, los otros dos secretarios generales que tiene la CGT. La marcha fue para mandarle un mensaje a los empresarios, pero también al Gobierno. No quedaron dudas.
Después de la manifestación, en la Casa Rosada mantuvieron el discurso previo a la convocatoria. La marcha no era contra ellos, así que no había porqué contestar el reclamo. En ese sentido, indicaron que el pedido de Moyano para que haya paritarias abiertas, un bono o una suma fija para compensar la inflación “es lo que se trata permanentemente en las conversaciones y encuentros habituales que hay” con los sectores sindicales.
“Fue una gran movilización, que demuestra lo fuerte y dinámica que es la central obrera, y que tiene los mismos objetivos que el Gobierno en su lucha contra la inflación, los especuladores y los formadores de precio”, explicaron cerca de Alberto Fernández, alineándose con la consigna que expusieron en público los movimientos sociales y la rama de la CGT más albertista, de la mano de Héctor Daer.

En Balcarce 50 entendieron que la marcha fue “un respaldo a la pelea que venimos dando” contra la inflación. En el ministerio de Economía siguieron la misma línea y la profundizaron. Aseguran que, lejos de ser una crítica a la gestión, fue para apoyar a Sergio Massa como nuevo ministro de Economía. Cada uno hizo su interpretación.
Los movimientos sociales cercanos al Gobierno, como el Movimiento Evita y Barrios de Pie, resaltaron la cantidad de gente que se movilizó en las calles para cuestionar “a los empresarios que remarcan precios”, pero además sostuvieron que sirvió para “marcar la agenda” y “mostrar la unidad política de la CGT con los movimientos sociales”.
Lo cierto es que las organizaciones sociales quedaron en un lugar incómodo, porque la marcha a la cuál se habían plegado había sido diagramada un mes atrás, cuando Silvina Batakis era ministra de Economía y la crisis cambiaria estaba generando una fuerte inestabilidad en la gestión de Alberto Fernández.
El contexto en el que se hizo la manifestación fue otro, con el dólar blue a la baja y los bonos subiendo, producto de un cambio de percepción en el mercado por el arribo de Massa al puesto de control, donde se gestiona la economía argentina.
A este presente se le sumó el 7,4 % de inflación de julio, una cachetada a la realidad salarial de cualquier afiliado sindical o integrante de un movimiento social. La CGT no tuvo mucho margen para evitar la marcha. Los números son irrefutables. Desde que comenzó el 2022 hubo un 46,2%, mientras que en los últimos doce meses la cifra acumulada llegó a 71%.

“La marcha quedó rara, desordenada, como la CGT, como la Argentina”, afirmó, con fría sinceridad, un funcionario nacional, que aceptó la extraña identidad que tuvo la movilización. Dentro del Gobierno hay quienes creen que la manifestación se tendría que haber desactivado. No perjudicaba al gobierno nacional ni exponía las diferencias internas de la central obrera. No sucedió.
Hasta el martes a la noche no iba a haber oradores ni escenarios en la movilización. Sin embargo, a las 12 del mediodía del miércoles, el sindicato de Camioneros instaló un acoplado en el medio de la calle. Pablo Moyano se desmarcó de la información oficial que había salido de la CGT y expresó su descontento con la gestión de Alberto Fernández. Moyano se desmarcó de sus propios socios de la cúpula cegetista.
En cambio, Daer y Acuña, cercanos al Presidente y Sergio Massa, moderaron los cuestionamientos e hicieron hincapié en los empresarios. Evitaron poner a Fernández en el centro del conflicto. Las cosas que se dicen y cómo se dicen, importan. Sobre todo en los momentos de crisis.
Desde Chilecito, La Rioja, el jefe de Estado buscó dar un mensaje esperanzador entre tanta manifestación callejera. La contracara de las marchas en la Ciudad de Buenos Aires. Porque no fue solo una. La Izquierda y la Unidad Piquetera marcharon a la Plaza de Mayo con consignas muy duras contra el Gobierno.

Eduardo Belliboni, líder del Polo Obrero, apuntó contra la CGT luego de que Moyano asegurara que es “el único partido obrero que no tiene un obrero”. “No es la primera vez que la CGT ignora los reclamos de las y los desocupados, y de los miles y miles de trabajadores precarizados que se agrupan en las organizaciones piqueteras”, sentenció el dirigente social. Ese fue el clima reinante en los reclamos de la Izquierda.
A unos cuantos kilómetros del centro porteño Alberto Fernández expuso la versión de su gobierno sobre la realidad nacional. “En la Argentina nos estamos recuperando, estamos creciendo y estamos avanzando”, explicó. La contracara del reclamo por la inflación galopante que deteriora el salario.
Este jueves el Presidente participará del Consejo Económico y Social. Esta vez sin la presencia de Gustavo Beliz, su amigo que conducía ese espacio y que renunció a su cargo cuando Massa pidió el control de la relación con los organismos multilaterales de crédito. Hoy presentará el Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2030 en el Museo del Bicentenario.
Compartirá esa presentación con sindicalistas y empresarios. Las dos caras de la moneda productiva. También habrá representantes de los movimientos sociales. Todos en el mismo acto después de una jornada de quejas y defensas, de críticas y respaldos. ¿Símbolo de paz? No. Solo una gestión que sigue su curso. Los problemas están detrás del escenario. Siguen ahí y aún no tienen una solución concreta.
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