
Hacia frío en Los Abrojos, la quinta familiar de Mauricio Macri, cuando llegaron temprano María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. Habían quedado en desayunar con el presidente y la intención de Vidal y Rodríguez Larreta era sugerir el reemplazo de Nicolás Dujovne como ministro de Hacienda.
Dujovne ya no aguantaba más en su cargo y la cautela de Macri tenía sólo una razón política: no encontraba un sucesor que entendiera la crisis económica y la coyuntura electoral. Dujovne fue a leal al presidente hasta el final, pero Hacienda ya le parecía una gigantesca silla eléctrica que los mercados encendían las 24 horas del día.
Vidal y Rodríguez Larreta sabían de la ausencia de candidatos que pudieran satisfacer las necesidades y aspiraciones de Macri, y antes de viajar a Los Abrojos conversaron entre ellos y concluyeron que Hernán Lacunza se ajustaba a la coyuntura económica, política y electoral.
Vidal conversó con Lacunza y le pidió que lo tomara como una posibilidad. El ministro de economía bonaerense es un cuadro político y sabe que es imposible decir que 'no' a una gobernadora como Vidal que apostó sus propios sueños a una estrategia electoral que fracasó. Y menos todavía si el pedido se vincula a las necesidades institucionales del Presidente.
Con el 'sí' de Lacunza, la gobernadora bonaerense y el jefe de Gobierno porteño llegaron a la quinta familiar de Macri y avanzaron con su sugerencia de reemplazar a Dujovne como una señal exacta hacia la clase media que castigó en las PASO a la coalición Juntos por el Cambio.
Cuando promediaba el desayuno, y el sábado de invierno parecía más gris que nunca, Macri escuchó en silencio a sus dos amigos personales. El presidente alegó que era cierto que Dujovne "estaba desgastado" y a continuación reconoció que no tenía un reemplazante que se ajustara a su perspectiva política de la Argentina para los próximos meses.
En ese contexto, Vidal sugirió el nombre de Hernán Lacunza. Rodriguez Larreta asintió en silencio. Y a continuación, la gobernadora remató su faena asegurando que era la mejor propuesta para hacer un cambio en Hacienda.
Macri se quedó pensando unos instantes, y al final aceptó la sugerencia de Vidal y Rodríguez Larreta. Tiempo después, cuando el desayuno ya había concluido, Macri pulsó el número celular de Lacunza. Estaba solo en el living de Los Abrojos.
A Lacunza no le sorprendió la llamada presidencial. Estaba en un compromiso familiar en el sur. Dijo que sí. Jurará el martes, en la Casa Rosada.
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