
A diez días de la segunda vuelta, una encuesta nacional de CPI dibujó un escenario donde la definición puede depender menos de la intención de voto dura y más del comportamiento de quienes aún no eligen: 13,4% de electores indecisos, 22,6% que optaría por votar en blanco o viciar su cédula y 2,4% que no iría a votar. El tamaño de ese bloque —34% en conjunto— se convirtió en el dato político central de la recta final.
El estudio para RPP Noticias y explicado por Omar Castro, gerente general de CPI, ubicó a Keiko Fujimori con 32,5% a nivel nacional frente a 29,1% de Roberto Sánchez, un resultado que, con un margen de error de 2,8 puntos, Castro describió como un “empate técnico”. En esa fotografía, el voto que no se asigna a ninguno de los dos candidatos adquiere una relevancia estratégica: en una segunda vuelta, ese segmento puede inclinar el resultado si se activa en el último tramo.
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En su explicación, Castro sostuvo que el voto blanco o viciado “ya es una opción política” y, por lo tanto, no necesariamente se mueve con la misma lógica que el indeciso. Aun así, remarcó un punto: la elección, con 10 días por delante, no estaba definida y el debate presidencial podía ser un factor de cambio, tanto para los indecisos como para una fracción del electorado que hoy declara que votaría blanco o viciado.

13,4% de indecisos y su mapa territorial
La encuesta de CPI detalló que el voto indeciso —quienes aún no definieron su preferencia— alcanzó 13,4% a nivel nacional. La distribución territorial mostró concentraciones específicas: costa y sierra norte con 19,3% de indecisos y sierra centro y sur con 13,7%. En el oriente, el indeciso fue 11,9% y en la costa sur, 10,9%, según el cuadro del estudio.
El componente etario también fue nítido: el indeciso se elevó en el tramo de 40 a 70 años con 16,2%, por encima de 10,4% en 25 a 39 años y 11,2% en 18 a 24 años. En términos operativos de campaña, esto implica que el trabajo de persuasión no se concentra únicamente en el voto joven: el segmento adulto y mayor aparece como el núcleo más amplio de incertidumbre.
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Castro insistió en que el 13,4% es el terreno que “debe tener el foco”, porque en segunda vuelta esa porción “va a decidir definitivamente por uno de ellos dos”. La lectura política es directa: si un candidato domina esa conversión —y si además captura parte del voto blanco o viciado—, el resultado puede definirse en la última semana.

Voto en blanco o viciado: picos regionales y el peso del rechazo
El segundo dato crítico del estudio fue el tamaño del voto de rechazo: 22,6% dijo que votaría en blanco o viciaría su voto. En el desglose por macrorregiones, los porcentajes más altos se ubicaron en la costa sur con 27,5% y en la costa y sierra norte con 25,0%, dos zonas donde ese comportamiento superó el promedio nacional.
El contraste regional también fue relevante: en la sierra centro y sur, el voto blanco o viciado bajó a 15,6%, mientras que en Lima y Callao marcó 22,8% y en el interior de Lima, 22,4%. En el oriente fue 24,3%. El patrón sugiere que el voto blanco o viciado no es uniforme: se concentra con mayor intensidad en zonas específicas y puede reflejar una mezcla de inconformidad con la oferta electoral y decisiones tácticas de última hora.
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En su diagnóstico, Castro subrayó que no se podía “garantizar” que el 22,6% se mantuviera hasta el día de la votación: una parte podría definirse después del debate. Si eso ocurre, el impacto no sería menor: un movimiento de ese bloque, incluso parcial, puede reconfigurar el reparto final entre Fujimori y Sánchez.

Ausentismo: 2,4% nacional y el foco en jóvenes y sierra centro-sur
Aunque menor en volumen que los indecisos y el voto blanco o viciado, el grupo que declaró que no iría a votar también mostró señales de alerta. El promedio nacional fue 2,4%, pero en la sierra centro y sur se elevó a 4,6%, la cifra regional más alta del cuadro de CPI.
Por edades, el ausentismo tuvo su mayor expresión en el tramo de 18 a 39 años, donde se concentró 7,4% de quienes prefieren no acudir a votar y asumir la multa, según la información proporcionada en el insumo del estudio. Ese comportamiento, de consolidarse, reduce el universo efectivo de votos válidos y puede aumentar el peso relativo del electorado movilizado, un elemento que suele favorecer a candidaturas con maquinaria territorial o con mayor disciplina de votantes.
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La comparación con 2021: el “bloque no alineado” creció de 21,3% a 34%
Un punto de contexto que alteró la lectura de la segunda vuelta fue la comparación histórica: a esta misma altura del proceso electoral de 2021, los indecisos eran 6,3%, “muchísimo menor” que el 13,4% actual. Además, el agregado de blancos, nulos, indecisos y “ninguno” sumaba 21,3% en aquel momento, mientras que hoy ese conjunto asciende a 34%.
La brecha no es marginal. En la práctica, eleva la incertidumbre del tramo final y expone que el sistema de preferencias está menos consolidado que en 2021, lo que vuelve más determinante el desempeño en eventos de alto impacto, como el debate, y la capacidad de cada comando para activar a sus votantes blandos.

En esa línea, Castro introdujo otro elemento: dijo que, a diferencia de elecciones pasadas, no percibía activación del “antivoto” contra Fujimori como en 2011, 2016 y 2021. También mencionó una “decepción” respecto de lo que significó la izquierda como “voto de esperanza” en 2021. En su lectura, ambos factores pueden modificar el clima emocional de la campaña y, por extensión, el destino de los indecisos y del voto de rechazo.
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Intención de voto y territorios: Lima y norte para Fujimori; sur para Sánchez
En el detalle territorial, Castro señaló que Fujimori marcó sus mejores registros en Lima con 45,6% y en el norte del país con 32,1%, mientras que Sánchez lideró en la sierra centro y sur con 53,3% y en la costa sur con 42,8%. El oriente, con menor peso poblacional, registró 36,8% para Fujimori y 24,6% para Sánchez.
Ese mapa explica por qué el comportamiento del voto blanco o viciado y del indeciso en el norte y en el sur puede ser decisivo. Si el mayor peso del voto blanco o viciado se mantiene en costa sur y en costa y sierra norte, y si los indecisos se concentran en costa y sierra norte y en sierra centro y sur, la disputa por ese electorado será territorialmente asimétrica: no se trata de “convencer” de manera homogénea, sino de intervenir en plazas específicas donde el volumen de votos no alineados es mayor.
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