
La tradición de consumir pescado durante Semana Santa persiste entre los peruanos, pero este año el escenario dista mucho de mostrar un auge comercial. A solo cuatro días del feriado largo, los comerciantes del Terminal Pesquero del Callao y de otros mercados en Lima evidencian una situación diferente a la esperada. Pese a la llegada de grandes volúmenes de bonito, jurel, caballa y pota, las ventas no repuntan como en otros años.
El ambiente dentro del terminal es el mismo de siempre: voces que ofrecen precios bajos, compradores que revisan ojos y agallas en busca de frescura, y comerciantes que aseguran tener el mejor producto. Sin embargo, detrás de esta dinámica hay preocupación. El incremento en las ventas no supera el 20% en algunos puestos y, en otros, simplemente no ha cambiado. “Esperemos que se mantenga para que pueda el público tener derecho a comer su potito en Semana Santa”, dice una vendedora, señalando que no hay expectativas de grandes subidas en la demanda.
A esto se suma un dato estructural: el empleo formal en el sector pesca se redujo 6,1% a nivel nacional en 2024. Es uno de los pocos sectores, junto con la manufactura, donde el empleo formal bajó. Esta contracción no solo afecta a quienes dependen directamente de la pesca, sino que se refleja también en el consumo, golpeado por la menor capacidad adquisitiva.
Precios bajos, ventas lentas

En el terminal pesquero del Callao, los precios reflejan una oferta abundante. El kilo de bonito está a S/ 3.50 y el jurel a S/ 4.50, ambos precios por mayor. La pota, que semanas antes alcanzó los S/ 25, ahora se vende a S/ 8. La oferta no escasea, pero los compradores llegan en menor número.
Francisco Core, jefe de Control de Calidad del terminal pesquero del Callao, asegura que la preparación para la festividad se ha hecho en coordinación con varias entidades. “Vamos a tener el apoyo de la Municipalidad del Callao, al igual que Produce y Sanipes, que continuamente están visitándonos”, afirma. El objetivo es garantizar la calidad del producto, pero también la seguridad del público que asiste en masa durante esta temporada.
Aunque la demanda disminuyó, la variedad de productos no. En el recorrido por los puestos del terminal, se observan pescados como cabrilla, corvina, doncella, lisa y charola. Algunos son más recomendables para ceviche, otros para sudado o frito. “La cabrilla es perfecta para frito con yuca y salsa criolla, o en sudado”, explicó una de las vendedoras, destacando además el fileteado que se ofrece en el mismo lugar, como un servicio que facilita la compra.
La infraestructura del terminal se adapta para estas fechas. “Vamos a estar desde el día miércoles, desde las 00:00 de la noche hasta el Viernes Santo”, asegura Core. Defensa Civil, el Ministerio de la Producción, personal de transporte y comercialización, además de inspectores de talla y sanidad, se suman para evitar contratiempos.
Una campaña sin repunte

El año pasado se vendieron más de 8,500 toneladas de pescado durante esta misma semana. Para 2025, los vendedores no esperan cifras similares. Aunque las condiciones del mar son favorables y no hay oleajes que limiten la pesca, la demanda no responde al mismo ritmo.
A las cuatro de la mañana ya hay comerciantes listos. En estas fechas, el horario se amplía para atender desde la medianoche, facilitando el acceso a quienes madrugan para aprovechar lo mejor del mar. “Todo ello para asegurar la calidad de los productos que se comercializan acá y la seguridad de los clientes”, explica Core.
Las razones de la baja en ventas no se limitan al precio. La inflación acumulada de alimentos, el encarecimiento de servicios básicos y la pérdida de empleo golpean directamente el consumo diario. Comprar pescado fresco, incluso en una fecha especial, pasa a segundo plano para muchas familias.
A pesar de los esfuerzos del sector, los precios accesibles y la buena calidad del producto, la realidad económica es más fuerte. Una comerciante señala que “la gente ya no compra como antes”. La frase resume el sentimiento general entre los vendedores del terminal: la tradición resiste, pero no alcanza para compensar el contexto actual.
Por ahora, el pescado espera en las cajas con hielo, en los mostradores improvisados y en las manos de los fileteadores. Espera también la llegada de los compradores, que quizá este año lleguen en menor cantidad, pero con la misma intención de seguir una costumbre que, aunque afectada, aún perdura.
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