El Combate del 2 de mayo de 1866 fue un acontecimiento crucial en la Guerra Hispano-Sudamericana, donde se enfrentaron las fuerzas peruanas y la flota española en el puerto del Callao. La defensa peruana, encabezada por el presidente Mariano Ignacio Prado, había reforzado las baterías costeras y se preparaba para resistir el ataque enemigo. A pesar de la intensidad del bombardeo, la coordinación y valentía de los defensores lograron causar considerables daños a los barcos españoles y repeler el asalto.
En medio de este contexto bélico, un héroe inesperado surgió: un niño de tan solo siete años. Mientras los cañones retumbaban y la confusión reinaba en el campo de batalla, una bomba lanzada por los españoles cayó peligrosamente cerca de las posiciones peruanas. La rápida y valiente intervención de este joven héroe, que desactivó el artefacto, salvó innumerables vidas y se convirtió en un símbolo de la resistencia peruana durante el arduo enfrentamiento.
¿Qué sucedió durante el Combate de 2 de mayo?
En España, los sectores conservadores deseaban reconquistar sus antiguas colonias. En el caso de Perú, este deseo se tradujo en una demanda de indemnización, ya que el país europeo aún no había reconocido oficialmente su independencia.
Según la información, recopilada por la Marina de Guerra, revela que el nuevo conflicto comenzó en la hacienda de Talambo, en Lambayeque. Allí, la muerte de un agricultor español en circunstancias agravadas condujo a una crisis internacional. En ese período, Perú carecía de tratados de paz y relaciones diplomáticas con España.
Eusebio Salazar y Mazarredo, designado como comisario especial extraordinario de España, no fue reconocido en Perú y no pudo reunirse con las autoridades, lo que complicó la investigación del caso. Esta situación llevó a que Salazar, junto con Luis Hernández-Pinzón Álvarez, comandante general de la Escuadra del Pacífico, decidiera tomar represalias contra Perú.
El 14 de abril de 1866, Salazar y el general Pinzón, quien había llegado con flotas bajo el pretexto de una expedición científica, ocuparon las islas de Chincha, una región crucial por su producción de guano para exportación. Esta acción, considerada provocadora, exacerbó las tensiones e influyó en el desarrollo posterior del conflicto.
El acto heroico de Enrique Delhorme
Durante el Combate del 2 de mayo de 1866, en el marco de la Guerra Hispano-Sudamericana, un episodio de heroísmo marcó un punto crucial en la defensa del puerto del Callao. Según el portal “Lima La Única”, en medio del fuego cruzado y el caos del combate, una bomba lanzada por uno de los barcos españoles cayó cerca de los fuertes, donde numerosos defensores del puerto operaban un cañón vital para la resistencia.
En ese instante crítico, nadie se percató del inminente peligro que representaba la bomba. Sin embargo, un niño de tan solo 7 años, Enrique Del Horme, demostró un coraje inusual para su edad. Con determinación, se lanzó hacia el artefacto y, gritando “¡Viva el Perú!”, logró desactivar la espoleta del proyectil. Este valiente acto evitó una tragedia mayor, salvando las vidas de los defensores que se encontraban alrededor del cañón.
La hazaña de Enrique no pasó desapercibida. Reconociendo su valentía, el Estado peruano le otorgó una pensión mensual de 25 soles y educación gratuita en el Colegio Militar. Allí, Enrique pudo continuar su formación y eventualmente se especializó en Artillería, contribuyendo aún más a la defensa de su país.
¿Qué pasó con Enrique Delhorme?
Quince años después del episodio de la bomba y el premio de la pensión, el joven Enrique Delhorme, impulsado por su espíritu patriótico y su deseo de servir a su país, decidió unirse a la defensa de Lima durante la Guerra del Pacífico. A pesar de su juventud, su determinación y valentía lo llevaron a alistarse en el ejército peruano.
Durante la defensa de Lima, Delhorme se enfrentó a las tropas chilenas que avanzaban hacia la ciudad. Las batallas de San Juan y Miraflores se convirtieron en escenarios de intensos enfrentamientos entre las fuerzas peruanas y chilenas. Aunque superados en número y armamento, y sus compañeros lucharon con tenacidad, defendiendo cada centímetro de terreno con determinación.
A lo largo del combate, el menor mostró un liderazgo ejemplar y un coraje inquebrantable. Su habilidad para manejar la artillería bajo intenso fuego enemigo y su determinación para mantener su posición fueron reconocidas por sus compañeros y superiores. Trágicamente, a los 22 años, Enrique Delhorme perdió la vida en esta batalla, sacrificándose por la causa que defendía.