
La historia del Perú está llena de héroes que son reconocidos en el mundo entero por haber entregado su vida en el nombre de la Patria. Sin embargo, también hay de los que, a pesar de no haber llegado a ostentar dicha fama a través de los tiempos, también lo dieron todo por este país y tuvieron un trágico final.
Como es el caso de Leonardo Alvariño, pionero de la aviación peruana y héroe de la guerra contra Colombia, cuyo cuerpo solo pudo ser rescatado de la espesa selva 11 años después. Y esta es su vida.
Primeros años de vida

Nacido el 30 de agosto de 1900 en la Hacienda “Santa Clara”, provincia de Tarma, departamento de Junín, sus padres fueron el distinguido limeño Don Francisco Alvariño y la dama tarmeña Clara Herr. Contrajo matrimonio en 1929 con María Antonieta Llavería, con quien compartió la alegría de tener dos hijos.
Sin embargo, la sed insaciable de conocimiento y la búsqueda de horizontes más amplios lo llevaron a Lima, donde ingresó al antiguo colegio de La Inmaculada. Posteriormente, su avidez intelectual lo impulsó a completar su educación media en el prestigioso Colegio de San Agustín.
Una vez culminada la etapa escolar, en marzo de 1918, a la joven edad de diecisiete años, dio sus primeros pasos en la Escuela Naval, donde pronto se destacó como uno de los oficiales más sobresalientes de su promoción.
Tras su ingreso a la Escuela Naval, Alvariño fue designado para completar sus estudios y prácticas a bordo de un buque de la Compañía Peruana de Vapores (CPV), lo que lo llevó por Europa. Fue una experiencia enriquecedora que lo preparó para un futuro de hazañas y aventuras. A su regreso a Perú, fue asignado a la tripulación de los buques BAP “Almirante Grau” y “Coronel Bolognesi”.
Su lugar estaba en los aires

Sin embargo, el destino lo llamaba a explorar los cielos en lugar de los mares. A los veintiséis años, un nuevo capítulo de su vida lo esperaba en la Escuela de Hidroaviación de Ancón. Esta escuela estaba atravesando una etapa de reorganización bajo la influencia de la Misión Naval Norteamericana.
Su tenacidad y pericia lo impulsaron a emprender un vuelo histórico el 26 de octubre de 1927, cuando se convirtió en el primer piloto en volar desde Lima a San Ramón, ubicado en el Departamento de Junín.
Este logro fue más que una hazaña; significó la superación de los Andes, con elevadas cumbres como Ticlio y Morococha, ubicadas a casi cinco mil metros de altura. Su llegada a San Ramón también lo hizo con el nombramiento como Jefe de la Base Aérea, donde se dedicó a explorar la región y organizar sus operaciones.
En enero de 1930, su vida dio un giro decisivo cuando pasó de manera definitiva al Servicio de Hidroaviación. Su dedicación y distinguida labor en la fundación y desarrollo de la Línea Aérea de la Montaña no pasaron desapercibidas, y se le otorgó la “Cruz Peruana de la Aviación” de Segunda Clase.
A la guerra

Hasta ese momento, el nombre de Leonardo Alvariño era sinónimo de la aviación pionera en Perú. Su experiencia se volvió invaluable en una época en la que la aviación en la zona recién estaba comenzando a desarrollarse. Estableció rutas aéreas que conectaron Lima e Iquitos, con San Ramón como escala estratégica.
Sin embargo, el 24 de marzo de 1933, se desencadenó un evento que cambiaría el rumbo de su historia. A las 3:15 de la tarde, Alvariño partió de San Ramón con destino a Masisea, acompañado de su mecánico, el suboficial de aviación 1.ª Héctor Rubio Cavassa, al mando de una escuadrilla.
Durante la misión, el clima se volvió desfavorable y peligroso. Ante la adversidad, Alvariño ordenó a los otros pilotos que regresaran a San Ramón. Esa fue última orden antes de perder contacto. El avión de Alvariño y su mecánico, desaparecieron en la vastedad de la selva sin dejar rastro alguno, sumiendo a toda una nación en la incertidumbre.
¿Dónde estás?

Así comenzó una búsqueda épica que mantuvo en vilo al Perú. Durante varios días, las esperanzas de encontrar a Alvariño con vida se mantuvieron, e incluso hubo especulaciones sobre la posibilidad de que nativos selváticos lo hubieran capturado.
La expedición contó con la participación del cacique de la tribu campa llamado “Pirichico” y Arturo Alvariño, el hermano del piloto. Durante tres años y medio, recorrieron los cielos y la tierra, explorando las cuencas de los ríos Perené, Pichis y el Gran Pajonal.

Cada día de búsqueda fue una demostración de valentía y perseverancia. Sin embargo, no fue sino hasta el 15 de mayo de 1944 que se hizo un descubrimiento que conmocionó a toda la nación. En ese día, el cacique Pirichico logró encontrar los restos de la nave “Vought Corsair” y a sus ocupantes, Leonardo Alvariño y Héctor Rubio.
A su regreso, Alvariño fue reconocido como un héroe. La nación, en un gesto de homenaje póstumo, lo ascendió al grado de Teniente Comandante. Su legado perdura en la Base de San Ramón, que lleva cambio su nombre a “Capitán Alvariño”.
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