
Uno de los primeros en manifestar su emoción patriótica, minutos después de que Javier Milei terminara su enérgico discurso por cadena nacional, fue Daniel Scioli. Ex vicepresidente de Néstor Kirchner, ex gobernador kirchnerista durante ocho años en la provincia de Buenos Aires, ex candidato a presidente kirchnerista, Scioli hoy se ha transformado en un libertario consecuente. Entonces, subió a las redes un retrato de su nuevo jefe, la mirada dirigida hacia el horizonte, la banda presidencial con los colores patrios, delante de unas Islas Malvinas coloreadas con el celeste y blanco. El tono de su mensaje no podía ser más épico: “Brillante Cadena Nacional (las mayúsculas son del original) del Presidente @JMilei sobre nuestras Islas Malvinas. La defensa firme e innegociable de la soberanía nacional y la libertad es el único camino para una Argentina próspera, potencia y respetada en el mundo. ¡VIVA LA PATRIA! #LasMalvinasSonArgentinas”.
Fue el puntapié inicial para una vorágine patriótica. El jueves por la noche, la red social X no daba más. La senadora Patricia Bullrich calificó el discurso como “el paso más importante de nuestra historia por las Islas Malvinas”. “Por primera vez, nuestro Gobierno logra resultados concretos en una causa que durante décadas estuvo atrapada en discursos y gestos vacíos”, dijo. La diputada Sabrina Ajmechet redobló la apuesta y provocó. “Las Malvinas son argentinas. Y sí, vengan de a uno con mis tuits del 2012 sacados de contexto”. Le fueron de a uno, obviamente. Así se pudo leer que en aquellos tiempos no tan lejanos tuiteaba cosas como: “Las Malvinas no existen. Las Falkland Islands son de los kelpers” o “Quiero que las Malvinas sean parte del país en el que crezca mi hija. ¿Cuáles son los requisitos para mudarse permanently a Londres?”.
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Agustín Romo, el vicepresidente de la Cámara de Diputados bonaerense, un admirador fervoroso del húngaro Viktor Orban, estaba enardecido:
“ES EL MEJOR DISCURSO DE LA HISTORIA. VAMOS ARGENTINA, CARAJO” (las mayúsculas pertenecen al original).

El célebre tuitero libertario Esteban Glavinich (@traductorteama) proclamó, tal vez en un rapto de sinceridad acerca de los motivos reales del gesto presidencial: “Milei acaba de ganar la reelección del 2027”. Y el cineasta oficial, Santiago Oria, expuso su desconocida faceta antiimperialista: “Se plantó frente al imperialismo británico más que cualquier peronista en la historia”.
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Cualquiera que recorra esas y otros cientos de manifestaciones y pronunciamientos similares debería llegar a la conclusión de que ocurrió algo descomunal respecto de las islas Malvinas. Pero en realidad, lo que había sucedido era algo mucho más modesto: un rato antes, el Presidente había pronunciado un discurso en cadena nacional donde sostuvo que las Malvinas eran argentinas, que sus habitantes no tienen derecho a definir su soberanía y anunció que promovería sanciones contra quienes exploten yacimientos de energía en territorio vinculado a las islas y que destinaría fondos a la construcción de una base naval, que había quedado abandonada luego de que él asumiera la presidencia.
Las consecuencias de esos anuncios se verán con el tiempo. Tal vez sea el primer paso para la recuperación completa de las islas, o una nueva frustración, o algún resultado intermedio. Un puntapié inicial o la nada misma. No hay manera de saberlo. De todas maneras, como todo presidente, Milei es un político y no se debería subestimar el interés inmediato de este giro: contrarrestar el peligroso aura de “presidente antipatria” que empezaba a dañarlo en serio.
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El discurso de Milei se produce dos meses exactos después de aquel partido contra Inglaterra, donde su Gobierno consintió que no se permitiera entrar al estadio ninguna bandera con “el mapita de Malvinas”, como lo definió la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva. “No se recuperan las islas con gestos de adolescentes termo mononeuronales”, advirtió entonces el propio Presidente, luego de que los jugadores, triunfantes, exhibieran la bandera que decía, simplemente, “Las Malvinas son argentinas”.
Luego de ese partido, se instaló un reverdecer nacionalista en el país y el Gobierno tuvo que retirar una ley donde habilitaba a inversores extranjeros a comprar tierra sin límites. En ese debate, el canciller Pablo Quirno dijo que le resultaba natural y positivo que un extranjero comprara “un pueblo” o “una provincia”. El contraste entre el sentir nacional y las acciones del Gobierno provocó un daño de imagen. Por eso, por ejemplo, la revista inglesa The Economist destacó que el discurso altisonante de Milei fue producto de la debilidad, y no necesariamente del patriotismo.
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Los escépticos tienen muchos argumentos a su favor. Pocos dirigentes argentinos han manifestado como él su admiración por Margaret Thatcher, la primera ministra británica que derrotó a la Argentina en 1982, y que reconoció haber ordenado el hundimiento del crucero General Belgrano. Ningún presidente argentino en la historia sugirió, como lo hizo Milei en el discurso del 2 de abril de 2025, que los isleños son quienes deben decidir la soberanía del archipiélago. En la mañana misma del discurso patriótico estuvo en Chile y reivindicó a la dictadura de Augusto Pinochet, que fue un aliado del Reino Unido en la guerra de 1982. “Le hackearon las neuronas o Estados Unidos lo está usando como enviado para provocar a Gran Bretaña en su actual disputa entre piratas. Se lo escribieron en el Pentágono”, aportó la diputada trotskista Myriam Bregman, una de las políticas con mejor imagen de la Argentina.
Aquellos que se emocionaron por el discurso podrán argumentar que no es el primer político de la historia que pega una voltereta inesperada en el momento preciso. Y sería este el momento porque Donald Trump está enojado con los ingleses y puede jugar a favor de la Argentina. “Soplan vientos del cambio”, dijo Milei en su discurso, donde presentó al Reino Unido como un país decadente con muchísimos problemas y a la Argentina como una potencia a punto de despegar.
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Gesto inédito de un patriota, o movida oportunista para recuperar terreno en las encuestas, giro bienvenido de un hombre contradictorio —como todos— o manipulación obscena de una causa dolorosa, discurso brillante o gesto de desesperación, en cualquiera de esas variantes, Milei ahora afrontará un desafío serio.
Al día siguiente del mensaje, las empresas involucradas en la explotación petrolera de Malvinas dijeron que las amenazas no tendrán efectos concretos y que seguirán con sus planes. El Gobierno británico explicó que sigue creyendo que la soberanía depende de la voluntad de los isleños y advirtió que sus fuerzas armadas están siempre alerta. “Hace muchos años convivimos con las amenazas de los argentinos. Y han sido años prósperos. Nada cambiará”, contestaron desde las islas. Si nada cambia, Milei deberá explicar cuál fue el sentido de todo esto.
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Por lo pronto, hay desafíos y dilemas inmediatos. El jueves pasado, antes del discurso, Milei estuvo en Chile, donde se encontró con su colega José Antonio Kast. Ese día, el gobierno chileno se comprometió a acompañar a la Argentina en su reclamo de soberanía sobre Malvinas pero, al mismo tiempo, acordó con el gobierno de Malvinas el establecimiento de una ruta marítima entre Punta Arenas y las islas. La Argentina no protestó por esto último.
Además de Chile, otro problema es Israel. Una de las empresas que pretenden explotar los pozos de Malvinas es efectivamente israelí. Su CEO fue antes el ministro de Energía israelí que promovió la explotación off shore en la zona del Mediterráneo lindera con el Estado judío. Milei tiene un vínculo muy estrecho con Benjamin Netanyahu, el polémico primer ministro israelí. Tal vez sea momento de utilizar su influencia y pedir devolución de favores por haber sido “el presidente más sionista de la historia”. Hasta ahora no hay indicios de que Netaniahu haya intentado desactivar la participación israelí en el proyecto empresario que el jueves denunció Milei.
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Por otra parte, el gobierno argentino anunció que no permitirá que participen de Vaca Muerta empresas que, al mismo tiempo, participen de proyectos en Malvinas, ya sea como inversores o como proveedores de cualquier proyecto. Hay allí otra oportunidad de presión, ya que hay empresas británicas que participan del negocio energético argentino, como British Petroleum. ¿El discurso de Milei se extenderá hacia la presión sobre Chile, Israel y las empresas británicas o quedará apenas en esas palabras o explorará caminos intermedios? Cualquier cosa puede suceder dado el giro extremo de las últimas horas.
En todo este movimiento, existe la hipótesis de que el evidente conflicto entre Donald Trump y el Reino Unido podría favorecer al reclamo argentino. Pero también podría suceder lo contrario. De hecho, Trump no logró que los ingleses siquiera se sumaran a su aventura en Irán. ¿Por qué podría convencerlos de conceder algo en Malvinas? El flamante y muy popular premier británico, Andy Burnham, es un dirigente antagónico a la ultraderecha trumpista. Pero aún Nigel Farage, el amigo de Trump y de Elon Musk, es un nacionalista extremo. Fue el principal promotor del Brexit. El día del partido entre Argentina e Inglaterra tuiteó: “Písenlos, como en Malvinas”. ¿El apoyo de Trump suma o resta? Por otra parte, ¿existe o se trata solo de la utilización de la Argentina como una prenda de negociación?
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Tal vez nada de esto sea tan dramático, y en pocos días estemos hablando de otra cosa. Es que el presidente Milei le impone tal vértigo a su vida, que un tema reemplaza al otro con una velocidad demencial. Cada día, hay una noticia tremenda con el Presidente en el centro: le dice a un miembro de la Bolsa de Comercio de Rosario que se vaya a vivir a Cuba, viaja a Brasil a insultar a Lula, agrede con términos escatológicos a docenas de periodistas, arenga en una escuela para que abucheen a los periodistas, pide que escrachen a dirigentes opositores, insulta a “los pañuelitos verdes” y los acusa por la caída de la natalidad, sostiene que los deudores morosos se patinaron la plata en televisores para el Mundial. ¿Alguien se acordará que hace apenas tres semanas hubo otra cadena nacional? Y si se acuerda, ¿recordará por qué tema fue?
Sea como fuere, por momentos todo parece muy raro. Si hasta Juan Grabois elogió a Milei. A su estilo, claro: “Aunque sea el peor gobierno del mundo, todo lo que se haga contra el invasor inglés está bien. Bienvenido al cambio de 180 grados de Milei, que pasó de soquete colonizado a recuperar la posición histórica de Argentina. Los kelpers son efectivamente una población ‘implantada’ y no les asiste el derecho a la autodeterminación. Ganamos la batalla cultural. Ahora no seamos inocentes, porque, diría Jauretche, la cuestión no es cambiar de collar sino dejar de ser perros. Hay que estar atentos para que la base de Ushuaia no se la dejen a los yanquis y que Milei no vuelva a su pesada postura entreguista cuando se termine el problema de money entre su papá Trump y los británicos por el financiamiento del colonialismo en Medio Oriente”.
Grabois, Scioli, Oria, Ajmechet, Bullrich, todos del mismo lado. Hay pocos antecedentes de semejante transversalidad: el comienzo de la pandemia, el 2 de abril de 1982, los Mundiales, o el día en que Adolfo Rodríguez Saá prometió no pagar la deuda externa “con el hambre del pueblo”.
Argentina.
No lo entenderías.
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