
Durante años he sido defensor de un Banco Central independiente cuyo objetivo sea la preservación del valor de la moneda y evitar la inflación. Estas debieron ser metas innegociables para cualquier gobierno. Lamentablemente nuestra historia económica dice lo contrario.
Si bien el Poder Ejecutivo tardó 32 meses en presentar la reforma más importante de su gobierno, celebro que este tema esté en discusión parlamentaria. Lograr la estabilización de precios tan deseada y definitiva, que aleje el flagelo de la inflación en el futuro de la República, debe ser una cuestión de Estado que involucre tanto al oficialismo como a la oposición.
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En estos momentos, el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central fue aprobado en la Cámara de Diputados y obtuvo media sanción. Sin dudas, se trata de una ley fundamental que lamentablemente no tuvo la discusión que se merecía en el plenario de agosto.
Para desgracia de los ciudadanos, muchas veces, ajenos a discusiones técnicas, la reunión plenaria estuvo gobernada por la superficialidad y la falta de juicio crítico, tanto por parte de los economistas oficialistas como opositores. Llama la atención que las universidades nacionales hayan permanecido ajenas a la discusión en profundidad. Pero no debemos sorprendernos, en Argentina, entre gallos y medianoche se han cocinado muchos pucheros.
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Una ley fundamental que lamentablemente no tuvo la discusión que se merecía en el plenario de agosto
Es intención en este artículo contribuir a la discusión técnica sobre el rol del Banco Central y de esa manera colaborar como ciudadano en el objetivo de mejorar el bienestar de toda la población. Aclaramos que las debilidades encontradas no son de carácter taxativo y que solo estamos mostrando una síntesis de un conjunto de críticas mucho más fundadas que escaparían al objetivo de un artículo periodístico.
El proyecto de reforma de la Carta Orgánica (CO) es un avance en comparación con la pésima Ley de 2012 que le asignaba al Banco de Bancos objetivos múltiples y que muchas veces generaba incentivos contradictorios y abandonaba la estabilidad monetaria y financiera como fin último.
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Sin embargo, que este proyecto sea mejor de lo que existe no significa que no tenga puntos débiles y peligrosos. En la letra chica de las leyes, muchas veces se esconden fantasmas que nos pueden generar más de un problema futuro.
Nadie con conocimientos en materia monetaria podría no estar de acuerdo con el mandato único y la estabilidad de precios; con la imposibilidad de financiar directamente al Tesoro, para evitar la dominancia fiscal; con el blindaje a sus miembros o con el saneamiento patrimonial.
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Pero detrás de estos títulos hay debilidades que en futuro podrían darnos algunos dolores de cabeza y atentar contra, precisamente, la estabilización de precios. Hay tres tipos de debilidades: una normativa, una operativa y otra reputacional.
Debilidades normativas
Desde el punto de vista normativo, existen riesgos no menores que podrían abortar cualquier intento serio de estabilización porque no blindan al BCRA con la suficiente potencia institucional que permita construir reputación. Esto es central para que un esquema de estabilización pueda ser considerado permanente.
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Existen riesgos no menores que podrían abortar cualquier intento serio de estabilización porque no blindan al BCRA con la suficiente potencia institucional que permita construir reputación
En cuanto al Directorio, creo que sería útil, dada la naturaleza centralizada del BCRA, incorporar algún criterio federal en la designación de sus integrantes. La centralización de las decisiones de política monetaria no impacta de la misma manera en el nivel de precios o en su tasa de variación cuando se trata de áreas más pobladas o zonas menos integradas, entre otras cosas.
Por otro lado, el proyecto no incluye un mecanismo eficiente que pueda evaluar la solvencia técnica de los miembros del directorio y eso constituye una seria debilidad, ya que no hace hincapié en ningún rango particular de formación, trayectoria académica o algún otro criterio técnico bien definido.
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Las incompatibilidades del directorio se concentran en formalidades tales como el no ser legislador o miembro del Poder Legislativo, entre otras cosas. Creo que sería útil involucrar a las universidades nacionales en la evaluación técnica de los directores.
En otras palabras, el proyecto debería concentrarse en aislar al Banco de cualquier influencia política del gobierno de turno. Además, en el proyecto original de fundación del BCRA el sector privado tenía una participación activa que hoy permanece ausente. No estaría mal ponerla en la mesa de discusión.
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Con respecto al blindaje institucional, la regla de los dos tercios parece adecuada, pero hay una asimetría entre el proceso de designación y el de nombramiento. Sería importante la fijación de un mecanismo de designación y remoción simétrico del presidente, el vicepresidente y de los directores que impida al Poder Ejecutivo tener alguna ventaja temporal sobre el Poder Legislativo.
Debilidades operativas
El actual proyecto no excluye el uso discrecional de instrumentos de política monetaria. La nueva normativa debería ser muy estricta con los límites y alcances de la operatoria del Banco Central.
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El actual proyecto no excluye el uso discrecional de instrumentos de política monetaria
Pensar un Banco Central independiente con las actuales regulaciones cambiarias y normativas, donde el cepo a los stocks permanece activo, es un contrasentido. De manera no taxativa enunciaré algunas de estas fallas operativas que podrían dinamitar la futura estabilidad de precios.
Históricamente el Banco Central fue un apéndice del Tesoro, no solo por ser dominado fiscalmente, sino por haber contribuido a sostener artificialmente el tipo de cambio, haberse apalancado mediante swaps, repos y otros instrumentos; todas ellas, políticas artificiales que siempre han terminado en crisis de reservas o devaluaciones abruptas.
El actual proyecto omite cuestiones operativas básicas que podrían aislar al Banco Central de toda influencia del Tesoro, no solo del financiamiento monetario del déficit. Entre los fallos encontramos:
- Ausencia de topes, reglas, límites en la operatoria del Banco en los mercados secundarios de deuda.
- Ausencia de límites duros en relación con la operatoria de futuros.
- Continúa la discrecionalidad en el uso de instrumentos de política monetaria, tales como pases, repos, redescuentos, etc. Faltan reglas claras y bien determinadas sobre los alcances de dichos instrumentos.
- Ausencia de un plan y una regla temporal de acumulación de reservas.
- Falta de prohibiciones o limitaciones al uso de reservas como garantía.
No limitar la operatoria en mercados secundarios e introducir discrecionalidad que podría esconder algún tipo de dominancia fiscal indirecta puede ser un arma de doble filo. En otras palabras, si bien el Banco Central no financiaría al Tesoro de forma directa, podría hacerlo por canales indirectos con el argumento de problemas de programación monetaria. Algo así como una puerta giratoria que termine afectando la estabilidad futura de precios.
No limitar la operatoria en mercados secundarios e introducir discrecionalidad podría esconder algún tipo de dominancia fiscal indirecta
Un plan anual de compra de reservas sería un instrumento que permitiría la programación monetaria en el mediano y largo plazo. Por otro lado, debemos tener cuidado con la forma en la que se usan las reservas como colateral de alguna maniobra de financiamiento.
Debemos recordar que nuestro marco normativo deberá aplicarse a gobiernos que sistemáticamente han recurrido a artilugios contables y financieros. Por esta razón nuestro Banco Central debería ser más estricto de lo habitual.
Debilidades reputacionales
No existe ninguna norma que tipifique como incompatible la relación laboral o societaria previa entre el ministro de Hacienda y el presidente del Banco Central.
Dada la historia de interferencia del Tesoro en el Banco Central es imprescindible que el ministro de Hacienda o Economía y el presidente y vicepresidente del BCRA no hayan tenido ninguna relación previa ni presente de ninguna índole. Por otro lado, tampoco deberían participar en conjunto de reuniones de Estado.
De aprobarse el proyecto de ley de la Carta Orgánica del BCRA, ¿no debería renunciar el actual presidente del Banco Central, Santiago Bausili, dada su proximidad con el ministro Luis Caputo y su relación previa en el sector privado?
Mantener al actual presidente, aun en este proyecto de ley, constituye un error grave y una debilitación de la independencia, credibilidad y reputación del Banco Central, puesto que sentaría una posible dependencia informal con el Ministerio de Hacienda.

Es vital entender que la credibilidad en un país con la moneda destruida solo se puede construir con reglas estrictas y creíbles. Mantener esta relación informal determinaría la existencia de dominancia fiscal o monetaria contingente y atentaría contra un proceso de estabilización permanente.
Para terminar, si bien el actual proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central es un avance con respecto a la ley vigente, no es suficiente. Las omisiones y fallas estructurales del proyecto dejan en evidencia la poca discusión y colaboración del Poder Ejecutivo con profesionales e idóneos en temas bancarios, monetarios y financieros.
El Gobierno tardó 32 meses en presentar este proyecto. ¿No fue ese tiempo suficiente como para entregar al Poder Legislativo una propuesta ejemplar y ampliamente discutida? Por favor dejemos de improvisar.
El autor es economista, especialista en teoría monetaria
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