Por qué los poderosos odian X

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Twitter (X) genérico

El producto más importante que X le da a la sociedad no es el entretenimiento. Es la visibilidad forzada.

Antes de existieran plataformas como X, las instituciones tenían un mecanismo de defensa muy efectivo: el silencio. Un abuso local se quedaba local. Un video de una cámara corporal podía ser ignorado. Un escándalo burocrático podía morir en un periódico regional. Un político podía decir una cosa en una sala y lo opuesto en otro lugar, confiando en que las audiencias nunca se encontrarían.

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X rompe ese arreglo. No hace que todos sean sabios, justos o precisos. Hace algo más simple y más disruptivo: hace más difícil para las personas poderosas decidir de antemano qué se le permite al público notar.

Por eso tantas instituciones lo odian. No porque X sea siempre limpio. No lo es. Pero el viejo sistema tampoco era limpio. Solo era más lento, más estrecho y más fácil de manejar. Los guardianes confundieron el orden con la verdad porque el orden les convenía.

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La plaza pública es desordenada porque la sociedad es desordenada. La respuesta a la mala información no es restaurar un sacerdocio de narradores aprobados. La respuesta es una corrección más rápida, más evidencia, debate visible y memoria permanente.

Cuando una plataforma obliga a un gobierno, una empresa, una universidad o un medio de comunicación a responder a evidencia que preferiría ignorar, eso no es caos. Eso es rendición de cuentas llegando sin permiso.