
Federico Sturzenegger, ministro a cargo de la -hasta ahora- limitada y débil desregulación, sostuvo recientemente: “… no queremos regular la Inteligencia Artificial (IA)”, al criticar la tendencia dominante en la cumbre de Davos -cumbre que, según él, promueve la regulación ante cada avance tecnológico- de impulsar leyes específicas en torno a la innovación digital. Desde su perspectiva, regular la IA implicaría obstaculizar la competencia y el desarrollo, aunque para ser consecuente debería comenzar por derogar las leyes de propiedad intelectual, que constituyen una restricción clara a la libertad de mercado.
Mientras tanto, el director ejecutivo de Nvidia pronosticó que el auge de la IA conlleva “la mayor construcción de infraestructura en la historia de la humanidad, que va a crear muchos empleos”. Para el banco de inversión Morgan Stanley, los mercados de 2026 estarán impulsados menos por variables macroeconómicas clásicas que por factores tecnológicos, disputas en el comercio global, inversiones de capital y cambios en el comportamiento del consumidor.
Si bien la inversión en IA ya es significativa, sigue siendo un eje central de debate. Morgan Stanley anticipa que la próxima fase consistirá en discriminar en qué industrias conviene realmente invertir, es decir, cuáles tienen potencial para obtener retornos significativos en el contexto de la revolución tecnológica.
Por su parte, los analistas de BlackRock advierten: “Las ambiciones de inversión en el desarrollo de la IA son tan grandes que lo micro se vuelve macro… Nos mantenemos pro-riesgo y sobreponderados en renta variable estadounidense ligada a la IA”.
Se debe apostar a quienes utilizan la IA para automatizar tareas rutinarias y desconfiar de quienes prometen una superación absoluta de lo humano
No obstante, conviene mantener escepticismo ante las afirmaciones de que la IA superará al cerebro humano. Nunca será posible: carece de creatividad genuina. Una máquina que no responda a aquello para lo que fue previamente programada, aunque sea capaz de abstraer de millones de proposiciones preexistentes, es simplemente una máquina fallida.
La naturaleza y la creatividad humana siguen siendo insuperables. Por lo tanto, se debe apostar a quienes utilizan la IA para automatizar tareas rutinarias y desconfiar de quienes prometen una superación absoluta de lo humano.
Un debate paralelo se centra en la infraestructura y la construcción de centros de datos para IA. Inversores y analistas evalúan si el aumento del gasto se traducirá en rendimientos sostenidos, o si las limitaciones energéticas, la presión sobre los precios y la demanda desigual acotarán su potencial.
El acceso a la electricidad y la ubicación estratégica de los centros resultan tan determinantes como el avance tecnológico para definir quiénes serán los ganadores de largo plazo. En este sentido, el Gobierno apuesta por una capacidad significativa de generación de energía atómica para respaldar el desarrollo de la IA y la industria digital.
En el plano internacional, Morgan Stanley advierte: “El comercio global cada vez más multipolar podría estimular una realineación tectónica en cómo se obtienen los minerales críticos y tierras raras -necesarios para la IA y otras industrias- y dónde se instalará la nueva capacidad de fabricación”.
La importancia estratégica de estos recursos es tal que el gobierno argentino fue invitado por el Departamento de Estado de Estados Unidos a la primera reunión ministerial dedicada al tema, en la que se firmó un acuerdo para “fortalecer las cadenas de suministro de minerales críticos con nuestros socios internacionales, vital para la seguridad económica y nacional de EE.UU., su liderazgo tecnológico y un futuro energético resiliente”.
En la agenda estadounidense, la prioridad pasa por la seguridad militar. La administración de Donald Trump, por caso, anunció un aumento del 50% en el presupuesto militar, superando el 5% del PBI, cifra sin precedentes para ese rubro y que contradice los anuncios sobre rebajas impositivas.
Eestos acuerdos y la diplomacia oficial suelen carecer de impacto real si no se acompaña de una retiro del Estado que permita a la iniciativa privada operar con eficacia y menores costos
Sin embargo, estos acuerdos y la diplomacia oficial suelen carecer de impacto real si no se acompaña de un retiro del Estado que permita a la iniciativa privada operar con eficacia y menores costos. Lo mismo aplica a los viajes de promoción estatal: sería preferible reducir el gasto público y apostar por una desregulación genuina, ya que las inversiones llegan rápido cuando se bajan impuestos y se eliminan trabas.
Argentina se consolida como un referente global en la producción de litio. Es el cuarto productor mundial, con cerca del 20% de las reservas globales.

Para 2030, el consenso de los analistas prevé una demanda de litio entre dos y tres veces superior a la de 2024, lo que implica una tasa de crecimiento anual compuesta (TCAC) de aproximadamente 15,7% en esta década.
Aunque China representa solo una cuarta parte del suministro mundial de litio en bruto, prácticamente monopoliza la capacidad de procesamiento, produciendo el 80% de las baterías de iones de litio del mundo y cerca del 60% de las necesarias para vehículos eléctricos. Así, los precios chinos del litio de grado batería (carbonato de litio con pureza superior al 99,5%) se han convertido en el principal indicador internacional para su cotización como materia prima.
Mientras Alibaba comercializa online minerales críticos y tierras raras -prácticamente en soledad-, ya existen iniciativas en Occidente para construir hubs virtuales orientados a la minería y el e-commerce de estos materiales estratégicos.
China es líder en la producción de tierras raras (alrededor del 70% global) por varias razones. Entre ellas, destaca la ausencia de restricciones ambientales severas
China es líder en la producción de tierras raras (alrededor del 70% global) por varias razones. Entre ellas, destaca la ausencia de restricciones ambientales severas, a diferencia de la Unión Europea -representa apenas el 2,97% de las emisiones globales de CO2-, mientras el gigante asiático genera el 56,2% del total y sigue aumentando. China produce hoy casi un tercio de la electricidad global, más del doble que Estados Unidos, principalmente a partir del carbón.
Esto conduce a un dilema sobre la regulación estatal en materia ambiental. El Estado, al arrogarse el monopolio de la violencia, impone regulaciones con efectos muchas veces contraproducentes. El caso de la Ciudad de Buenos Aires resulta ilustrativo: hasta la década de 1960 contaba con balnearios populares.
Desde que el Estado comenzó a “preocuparse” por la contaminación en los setenta, el resultado es que hoy está prohibido bañarse en el Río de la Plata por la alta contaminación, y el Riachuelo figura entre los ríos más contaminados del planeta. La propaganda oficial atribuye esto al crecimiento industrial, pero lo cierto es que antes, aunque menos numerosas, las industrias eran mucho más contaminantes y debían cuidarse para no generar rechazo social.
Hoy, la ineficiencia y la corrupción burocrática permiten eludir regulaciones ambientales, escudándose en la industrialización y el crecimiento económico.
En China, el Estado comunista autoritario ejerce un control absoluto sobre el medio ambiente en favor de la producción, sin atender la opinión pública ni las consecuencias ecológicas.
De cara al futuro, según Bank of America, el desarrollo continuo del modelo Gemini -el asistente de IA de Google-, la creciente demanda de unidades de procesamiento tensorial (TPU), la expansión del negocio de nube empresarial y las plataformas de consumo que respaldan el entrenamiento y monetización de la IA, posicionan a Alphabet como la acción mejor ubicada para liderar la próxima fase de la inteligencia artificial, una etapa que podría desbloquear más de un billón de dólares en oportunidades de ingresos incrementales en los próximos cinco años.
Regular, desregular o dejar actuar a la libertad de mercado: esa es la verdadera disputa del futuro económico argentino
El vínculo entre inteligencia artificial, minerales críticos y geopolítica se convierte así en una encrucijada que definirá no solo la competitividad industrial, sino también el lugar de Argentina en la nueva economía global. Regular, desregular o dejar actuar a la libertad de mercado: esa es la verdadera disputa del futuro económico argentino.
El autor es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California
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