En Conversación en la Catedral, del gigante Vargas Llosa, Zavalita se pregunta “¿Cuándo se jodió el Perú?”. Es probable que lo mismo nos hayamos preguntado muchas veces los argentinos, que en los últimos 40 años hemos visto cómo nuestro PBI per cápita retrocedía en comparación con el de los países de la región, e íbamos de crisis macroeconómica en crisis macroeconómica.
Entre el año 1980 y 2025, Argentina tuvo 20 años de caídas del PBI. Es decir, 43,5% del tiempo en recesión. En Chile, en esos 46 años, solo hubo 5 años recesivos.
Ahora bien, después de dos años de gobierno libertario y tras los resultados de las elecciones del 26 de octubre, ¿habrá llegado el momento de preguntarse lo contrario? Es decir, ¿será que ahora Argentina empezó a arreglarse?
La teoría fiscal de la Decadencia Argentina
Paso a un intento de explicación: para quienes estamos en economía, una tesis bastante posible (y con bastante consenso) para explicar la decadencia argentina es la de su origen fiscal. Es que, en el período analizado, los desequilibrios del tesoro, que casi siempre gastó más de lo que recaudó, llevaron a sucesivas crisis de deuda (años 90 y 2018) y de inflación (fines de los ’80 y el período donde gobernó el kirchnerismo).
La credibilidad no depende únicamente de la voluntad de un gobierno, sino que es algo que debe transmitir ese ente abstracto llamado sociedad
Ahora bien, corregir el problema fiscal no es sencillo. Es que no solo debe anunciarse que se ajustará el presupuesto y que en algún momento del tiempo los gastos dejarán de superar a los ingresos, sino que el anuncio en cuestión debe ser creíble. Y ahí radica gran parte del problema, porque la credibilidad no depende únicamente de la voluntad de un gobierno, sino que es algo que debe transmitir ese ente abstracto llamado sociedad.
Recapitulemos entonces: ¿cuándo se arregló Argentina?
¿Habrá sido en 2021, cuando un loco economista libertario, panelista de televisión, generó un boom tal en redes sociales que se transformó en Diputado Nacional por la Ciudad de Buenos Aires? Uno podría pensar en ese momento que se trataba de un fenómeno pintoresco, pero acotado… “barrial”, como se dijo. Además, un diputado no puede generar una política de equilibrio fiscal por sí solo.
¿Qué tal 2023, cuando en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, Javier Milei se impuso a su rival peronista, Sergio Massa, con 56% de los votos? Tal vez, pero en ese entonces el voto podía explicarse porque la sociedad argentina estaba muy enojada, y habían elegido al vehículo del “outsider” para canalizar su bronca. Al menos eso nos explicaban los expertos en política.
O sea que entre 2021 y 2023, si bien cobraba enorme relevancia un candidato presidencial comprometido con el superávit fiscal que había anunciado que haría un ajuste de todas las maneras humanamente posibles, aún no había certezas de que Argentina podría corregir su gran problema con las cuentas públicas.
Ningún programa de estabilización tendría éxito si los inversores descuentan que el Presidente de la austeridad va a durar solo 4 años en el poder
Tras ganar las elecciones, sin embargo, el plan se puso en marcha. Y en el primer año de gobierno se verificó un resultado fiscal que pasó de ser negativo en 5% del PBI a quedar algo por encima de 0%. Hasta octubre de 2025 la situación era similar. Con algo más de dificultad, el Ministerio de Economía de Argentina lograba mantener el superávit de las cuentas públicas por segundo año consecutivo.
Pero Argentina aún no se arreglaba. ¿Por qué? Porque se venían las elecciones y contra el gobierno competía una opción que sostenía que el superávit no era tan importante y que, si había deuda, lo que había que hacer era no pagarla.
Amenazas contra el ajuste
Para la tesis de la necesidad de un ajuste fiscal creíble para solucionar el problema de fondo de la economía del país, este es un enorme problema. Ningún programa de estabilización tendría éxito si los inversores descuentan que el Presidente de la austeridad va a durar solo 4 años en el poder y que, tras ese lapso, el gobierno siguiente volverá a las políticas que llevaron a Argentina al descenso.
Es por eso que empiezo a pensar que si debemos ponerle una fecha a cuándo se arregló Argentina, ésta es el 26 de octubre de 2025. Es que, entonces, un presidente con dos años de gestión, con una dura batalla política ganada a favor del superávit fiscal y, encima, con discurso aperturista, pro mercado y liberal, ganó las elecciones de medio término.
Y he aquí lo trascendental. Las elecciones le dieron al ajuste fiscal en marcha (y, de yapa, a las políticas más liberales en general) la credibilidad que le estaba faltando. Los mercados reaccionaron de inmediato, colapsando a la baja el riesgo país y generando un salto importante en acciones y bonos.
Pero las reacciones de corto plazo no son aquí lo central. Lo fundamental es que, si el país logra mantenerse en esta senda de respetar ciertos consensos básicos en economía, es muy probable que los próximos 46 años no repitamos el triste registro de 20 recesiones. En lugar de eso, probablemente miremos hacia atrás y veamos que conseguimos duplicar el PBI per cápita, generando un país con más oportunidades, menor pobreza y mayor progreso para todos.
El autor es Investigador Asociado del centro FARO de la Universidad del Desarrollo (Chile) y profesor adjunto FCE-UBA
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