Web3, el futuro de Internet y la próxima evolución de la economía digital

La pregunta ya no es si Web3 formará parte del futuro, sino cuándo encontraremos ese caso de uso que haga que su adopción se acelere de forma irreversible

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REUTERS/Tyrone Siu
REUTERS/Tyrone Siu

Web3 ha dejado de ser un concepto futurista para convertirse en una pieza clave en la economía y transformación digital. Pero antes de entrar en su impacto, es importante entender qué es realmente Web3. Estamos hablando de la evolución natural de Internet, un Internet más seguro, más confiable, más democrático y más descentralizado. Un Internet donde los usuarios tienen un mayor control sobre sus datos, donde la identidad digital no está en manos de unas pocas corporaciones y donde las transacciones y la confianza no dependen de intermediarios.

Esto se consigue gracias a muchas tecnologías, pero la más importante de todas ellas es la blockchain. Sin blockchain, Web3 no existiría. Es la tecnología que permite crear un sistema transparente, inmutable y sin necesidad de confiar en terceros. Sin embargo, hay un problema de percepción que ha acompañado a blockchain desde su origen y que todavía hoy frena su adopción masiva: la idea de que blockchain es sinónimo de especulación financiera o criptomonedas.

Web3 no es solo cripto: rompiendo un mito

Blockchain no es solo una herramienta para la inversión o la especulación financiera. De hecho, hay muchas empresas que hoy utilizan blockchain en sus modelos de negocio sin que el usuario final siquiera lo sepa y sin utilizar ningún token o cripto involucrado en el proceso.

El problema es que muchas corporaciones aún ven blockchain como un mercado de inversión volátil y no como una tecnología transformadora. Este recelo ha frenado la entrada de muchas empresas al ecosistema, cuando en realidad Web3 es la clave para mejorar la seguridad, la transparencia y la eficiencia en múltiples industrias.

Web3 y el mundo empresarial

A pesar de las dudas, muchas empresas ya han comenzado a experimentar con Web3. En la industria del lujo, se han utilizado NFTs como certificados de autenticidad digital para combatir la falsificación. En el mundo del entretenimiento y los eventos, los activos digitales están sirviendo para premiar el engagement de los fans y fortalecer comunidades. En el sector financiero, blockchain se ha convertido en una herramienta clave para agilizar pagos transfronterizos, reducir costos de intermediación y aumentar la seguridad en las transacciones.

Sin embargo, aún falta un factor clave para que la adopción de Web3 alcance al público masivo: un caso de uso “killer” o paradigmático como sucedió con la AI generativa y el Chat GPT. En Web3 la clave está en crear experiencias tan intuitivas, útiles y eficientes que la tecnología se vuelva invisible, que la gente la use sin preguntarse qué hay detrás.

Los desafíos que Web3 debe superar

A pesar del potencial, Web3 aún enfrenta desafíos importantes para su adopción masiva:

Educación y percepción: Es fundamental romper con la asociación errónea entre Web3 y la especulación cripto.

Infraestructura y escalabilidad: todavía falta mejorar la escalabilidad para que pueda soportar casos de uso masivos sin perder eficiencia ni seguridad.

Regulación global: regular localmente una tecnología que es global es extremadamente complejo. Sin un marco regulatorio claro, muchas empresas seguirán observando desde la barrera.

Experiencia de usuario: La tecnología tiene que ser invisible para el usuario final. Debemos llegar a un punto en el que la gente use soluciones Web3 porque le aportan valor.

Es necesario que empresas, startups, reguladores y comunidades trabajen en conjunto para superar las barreras que aún existen. La pregunta ya no es si Web3 formará parte del futuro, sino cuándo encontraremos ese caso de uso que haga que su adopción se acelere de forma irreversible.

El desafío ahora no es solo construir tecnología, sino hacerlo de manera que sea útil, accesible y escalable. Porque cuando eso ocurra, Web3 dejará de ser una promesa para convertirse en una realidad cotidiana.

La autora es founder y CEO de MERGE