
Tras las elecciones estadounidenses, muchos se preguntaban cuáles serán sus repercusiones en la bolsa. Incluso en Argentina, la victoria de Donald Trump ha dado pie a todo tipo de rumores, entusiastas e inquietantes por igual.
Mantenga la calma, porque, tanto si confía en Trump para que “Argentina vuelva a ser grande” como si cree que la incipiente recuperación económica fracasará por una guerra comercial a escala mundial, hay razones para dudar. Veamos por qué.
Empecemos por los optimistas. Para estos, la amistad de Trump con Javier Milei solo augura cosas buenas. Piensan que Trump puede convencer al Fondo Monetario Internacional de que inyecte capital en Argentina, como hizo en 2018 con 57.000 millones de dólares. Un desembolso que permitiría al Gobierno eliminar los controles de divisas y captar fondos del extranjero. Además, las rebajas fiscales anunciadas por Trump estimularían la economía mundial.
Por su parte, los pesimistas argumentan que la renta variable va de cabeza al precipicio. Temen que las agresivas políticas arancelarias de Trump hagan mella en el comercio internacional y la bolsa argentina, sobre todo si se generalizan los aranceles y comienza una guerra comercial entre Estados Unidos y China.
Ambas reacciones son exageradas. Es cierto que las acciones se revalorizaron tras las elecciones, pero ¿por qué? Los mercados simplemente utilizan la política como un baremo de las tendencias de incertidumbre. Los mercados no la toleran cuando es elevada y va en aumento, pero les encanta cuando disminuye. Esto ocurre actualmente en Estados Unidos; la disminución de la incertidumbre ha representado un factor a favor que está ampliando las rentabilidades de 2024. Además, esta tendencia se propaga por el mundo a causa de las estrechas correlaciones entre los mercados internacionales, como expliqué en julio. Esto, y no la política o las lealtades de Trump, explican las ganancias.
Con todo, los trumpistas afirman que el alza del Merval en USD desde los comicios de noviembre demuestra que se abre una etapa positiva para Argentina. Aunque el entusiasmo despertado por Trump impulsó, en parte, ese avance, no es más que una prolongación de las tendencias observadas durante el año. De hecho, el Merval había subido ya un 69,2 % antes de los comicios.
No hay que olvidar que Trump no puede actuar de forma unilateral. Pese a no haber bloqueo, la mayoría de los republicanos en el Congreso es escasa, por lo que el optimismo en torno a Trump podría convertirse en decepción si las expectativas no se cumplen.
Por su lado, los pesimistas cometen los mismos errores. Ignoran que la situación actual guarda muchas similitudes con el bloqueo político, lo cual podría suponer un factor alcista más adelante, y argumentan que la alianza entre Trump y Milei no evitará que este imponga aranceles generalizados a Argentina. Es un temor bastante extendido en todo el mundo, pero nada novedoso.
Ya alertaron de lo mismo en 2016. Entonces, al asumir el cargo, Trump amenazó a la OTAN y a China con su política arancelaria, y anunció un posible abandono de las conversaciones del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) y la ruptura del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA). ¿Qué sucedió? La renta variable mundial registró alzas tras la votación de 2016 y mantuvo la buena racha hasta 2017. Además, las subidas estuvieron lideradas por mercados ajenos al estadounidense, como el argentino (48 %), que superó por más del doble a la bolsa norteamericana.
¿A qué se debió esto? Al miedo al proteccionismo. Sin embargo, Trump lo usó a su favor para cerrar nuevos tratos. Es cierto que dio carpetazo a las negociaciones del TPP, pero logró mejorar el NAFTA ligeramente. También alcanzó un pacto con China que provocó una sorpresa alcista. Como recordará, los aranceles a las importaciones de metales de Argentina de finales de 2019 no fueron la causa de la posterior recesión, sino las deficiencias estructurales y los confinamientos decretados por el Gobierno.
Muchos comentan que, ahora que Trump pregona gravar con el 10% todas las importaciones, la historia será diferente. Sin embargo, la ley solo permite a los presidentes imponer estas cargas de forma unilateral en situaciones de seguridad nacional o de manipulación de divisas, por lo que cualquier intento en esa dirección seguramente se enfrente a demandas judiciales. Y, si bien Trump podría hacer una propuesta para cambiar esa norma, sería complicado sacarla adelante en un Congreso tan dividido.
En resumen, no deje que los comentarios de los analistas, positivos o negativos, influyan en sus previsiones para 2025. En las mías, que podrá leer pronto, no lo harán.
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