
¿Pondrá Elon Musk detrás de su escritorio en DOGE (siglas en inglés del Departamento de Eficiencia Gubernamental) un conciso cartel con la leyenda: “NO MONEY” (no hay plata)?
Hace poco, su coequipier Vivek Ramaswamy usó el también famoso “¡AFUERA!” del presidente argentino, luego de conversar con Milei en febrero de este año. Lo que sucede es que Donald Trump está decidido a bajar el gasto público de la monstruosa administración central de su país y combatir la inflación, causa principal de la derrota de los demócratas.
Washington D.C. es, para una gran parte de los norteamericanos, la pesadilla que soportan sobre sus espaldas. De allí han surgido miles de ideas burocráticas carísimas, que son sostenidas por el dinero de los contribuyentes. Planes que se aplican dentro y fuera de EE. UU., que han ido suplantando el esfuerzo individual y cambiando la matriz cultural y laboral que hizo grande a ese país. Una estructura parasitaria que se fue reproduciendo a sí misma como un tumor maligno.
De eso se va a ocupar DOGE. No será motosierra, será bisturí, pero han importado la idea y la van a aplicar a “velocidad Milei”.
Al igual que el líder argentino, cuentan con una comunidad harta de que le mientan con frases como “estos impuestos vuelven a usted”. Trump les ha encomendado una tarea tan estratégica como antipática: no gastar sino en lo importante, defendiendo la actividad privada, quitando regulaciones o proponiendo que se eliminen, y controlando que la burocracia no trabe esa tarea. Les dio para esto un plazo de dos años. Como en toda democracia, el pueblo, con su voto, juzgará el resultado.
¿Quién hubiera adivinado, un año atrás, que Milei no solo iba a lograr acabar con la inflación argentina, sino que iba a exportar sus ideas e incluso su lenguaje gestual al gobierno de la superpotencia? ¡Un milagro argentino!
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