
Todas las grandes empresas comenzaron como startups. Sin embargo, solo el 30% logra evolucionar a pymes y, de ese porcentaje, apenas un 5% alcanza el estatus de grandes empresas.
Existen innumerables frases que intentan descifrar las claves del éxito empresarial. Algunas se centran en la innovación, otras en el conocimiento, la sinergia de los equipos o el capital. Sin embargo, pocas destacan el sacrificio, el trabajo arduo y el esfuerzo requerido para avanzar de una etapa a la siguiente.
En base a la experiencia de haber trabajado con distintos tipos de empresas durante muchos años, enumeraremos algunas características de los líderes que, basándonos en nuestra experiencia, son comunes e importantes para la evolución y desarrollo de la empresa.
En el caso de los startups que aspiran a convertirse en pymes, hay dos características comunes que influyen en su evolución. La primera es la pasión de los socios por el proyecto, no solo por ser empresarios, sino por el producto o servicio que ofrecerán. La frase “serás lo que debas ser o serás contador o abogado” no se aplica a los empresarios. Se requiere una pasión especial y un deseo notable.
La segunda característica es la intensidad del trabajo y la perseverancia. En esta etapa, es imposible separar el trabajo de la vida personal; ambos se entrelazan y deben coexistir. Sin estos dos activos intangibles, desde nuestro punto de vista, no vale la pena buscar inversores o capital. Las empresas con estas características tienen una mayor probabilidad de éxito para pasar de startups a pymes.
En cuanto a las pymes que podrían convertirse en grandes empresas, hay cuatro características comunes que influyen en su evolución. La primera es la relación y el consenso estratégico entre los socios, que muchas veces son familiares sin experiencia empresarial. Cuando existen diferencias o conflictos, la tenacidad desaparece y se pierde la fuerza necesaria para competir. La segunda es la escala, entendida como la capacidad de diseñar productos o servicios competitivos en el mercado que puedan ofrecerse en volumen y sin grandes complejidades de recursos o barreras de otro tipo. La tercera es la perseverancia y la resiliencia para adaptarse a los cambios y seguir adelante con motivación. Con estas tres características, una pyme tiene más posibilidades de lograr cierta estabilidad y crecer.
La cuarta, que marca la principal diferencia para pasar de pyme a los primeros pasos de Gran Empresa, es la capacidad de invertir capital propio o recibir inversiones externas significativas. Esta última es la más compleja porque implica aceptar nuevos accionistas mayoritarios y perder el control de la empresa (el emprendedor suele sentirlo como una pérdida con contenido emocional), o destinar gran parte de los ahorros del empresario a inyecciones de capital en la empresa, lo que son jugadas riesgosas que no todos los empresarios deciden hacer. Muchos prefieren invertir, por ejemplo, en propiedades y/o otros activos menos riesgosos.
El autor es socio de Consultora BPS, experto en profesionalización de empresas pymes
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