
El Día de la Madre siempre me ha parecido una ocasión especial, no solo por lo obvio de celebrar a las madres, sino porque nos invita a reflexionar sobre el rol fundamental que tienen en la vida de cada persona y en la sociedad en su conjunto.
En la figura de la madre encontramos no solo el amor incondicional, sino también el ejemplo de entrega y sacrificio, algo que es muy valioso para los jóvenes, quienes en muchos casos buscan figuras de referencia. La madre es, para muchos, la primera maestra, la primera guía espiritual y moral.
Todas las madres son diferentes, en mi caso, como en el de muchos que quizás lean este artículo, mi madre partió de esta tierra hace unos cuantos años. Sin embargo, no suele ser un día para la tristeza o la melancolía. Simplemente la recuerdo con gratitud. La recuerdo en su jardín de Miramar, que sigue floreciendo cada año aunque ella no esté. En la sabiduría de pasarse horas revolviendo la tierra, haciendo plantines o simplemente regando. Ella me enseñó el amor por la naturaleza y que hay que tener paciencia para esperar que las cosas crezcan.
La otra imagen que se me viene a la mente es verla sentada mirando sus plantas mientras leía sin parar, gracias a ella tengo desde chico el hábito de la lectura y siempre nos decía que “el que lee no se aburre nunca” y tenía razón. Era religiosa sin ser pesada; cuando dejé de acompañarla a misa, a los 14 años, respetó mi espacio y se alegró cuando volví a la fe a los 21. Siempre fue independiente, murió a los 93 y fue una lucha que aceptara que alguien viviera en su casa. Me decía con frecuencia que rezaba a Dios para irse sin molestar. La internamos un miércoles y murió dos días después. De ella recibí una Fe sencilla y confiada en la Providencia de Dios.

Esta fecha también es una oportunidad para pensar en las diversas formas de maternidad. Hoy en día, existen muchos modelos de familia, y el amor maternal no siempre se limita a lo biológico. Hay madres adoptivas, otras madres que son tías, abuelas, o incluso figuras simbólicas que asumen ese rol de cuidado y apoyo. También me parece importante visibilizar a las madres que enfrentan dificultades, porque los hijos les dan dolores de cabeza y son fuente de preocupaciones. Ni hablar de aquellas que con un amor incondicional acompañan a sus hijos con alguna discapacidad o problemas de salud, porque su labor es invaluable y su amor crece hasta lo indecible.
Creo que este día debería recordarnos también que debemos cuidar y honrar a nuestras madres no solo un día al año, sino a lo largo de toda nuestra vida. Cuando Mamá cumplió 80, supe que cada día extra sería un regalo de Dios; con gestos pequeños o grandes traté de expresarle amor, gratitud y respeto. Y cuando se fue, no había ahorrado abrazos y gestos de cariño, que sabía que después no los tendría. Rezo por todas las madres, por el don de su presencia tan necesaria para dar la vida y sostener la existencia.
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