¿Me conviene entrar? ¿Es oportuno? ¿Cuánto me va a costar? ¿Qué puedo hacer con el dinero ingresado al blanqueo?... y así se van sucediendo diferentes preguntas de los interesados en regularizar su situación patrimonial con el fisco.
La mayoría de estas preguntas en un inicio son más para un contador, y no para un asesor de inversiones. Sin embargo, por el resultado inmediato que implica para quienes tiene activos a exteriorizar, la conversación se vuelve un paso posterior indispensable.
Es justo decir que el interés por este blanqueo está muy presente en los inversores, y se entiende lo estará, al menos, en las próximas semanas. A fin de septiembre vence la primera de las tres etapas (y la más importante).
Las restricciones de los últimos años, para el acceso de divisas tanto como la informalidad en la economía, han generado una demanda cautiva para este proceso que puede ser útil en muchas situaciones.
Uno de los primeros puntos ventajosos a mencionar es la baja penalidad. Con una franquicia de hasta USD 100.000 libre de multa, este régimen parece mucho más enfocado a dinamizar la economía a través de incorporación de activos en el sistema, que a recaudar. Sobre todo, quienes hubieran comprado dólares en el mercado informal en los últimos años como refugio de valor, hoy podrían exteriorizarlos y así hacer uso de ellos.
Un segundo atractivo que tiene este blanqueo que no estuvo presente en otros casos, es la gran variedad de opciones de inversión que se ofrece para los bienes regularizados. De hecho, sin lugar a duda, este es el motivo por el cual los asesores de inversiones hemos visto incrementarse nuestras conversaciones con clientes sobre Bonos soberanos, obligaciones negociables (“bonos de empresas”), acciones, bonos provinciales, municipales, Bopreales, cheques de pago diferido, pagares, fondos comunes de inversión (clases especiales), bienes registrables, proyectos inmobiliarios, etc.
En definitiva, la intención del Poder Ejecutivo parece ser claramente la de hacer entrar al campo de la economía los dólares que se estaban deteriorando en cajas de seguridad, al tiempo que perdían poder adquisitivo con la inflación en dólares de los EEUU.

Y la realidad es que el retorno potencial en dólares de muchas de esas opciones (hoy elegibles) resulta muy atractivo, en un momento en que los activos argentinos en el mundo siguen golpeados por la historia crediticia del país -y en una situación económica que se mantiene frágil y con muchos desafíos por delante-.
Ahora, si las expectativas son que de a poco las variables macroeconómicas se vayan estabilizando junto a reglas de juego claras, el blanqueo puede ser un gran negocio para quienes participen.
Primeras ganancias
La suerte de los “intrépidos” que ingresaron primeros en este proceso, e invirtieron en Bopreales al 2026, hoy ya han cobrado intereses (en dólares) y su capital blanqueado ha crecido en algunos casos hasta el 10% en esta moneda.
Igual hay que aclarar: el camino es largo hasta fin de 2025, cuando podrían liberarse los fondos, aunque los primeros pasos han sido favorables para quienes llegaron primero.
Por último, cabe mencionar como beneficio lo que se denomina “tapón fiscal”. Puntualmente, al regularizar bienes y activos no declarados hasta el 31 de diciembre de 2023 se perdonarán ciertas obligaciones tributarias, y se evitarán fiscalizaciones a futuro sobre el pasado -aunque es importante saber que hay ciertas condiciones y/o limitaciones-.
También está la opción de pago adelantado del Impuesto sobre los Bienes Personales por 5 años (2023 a 2027) y estabilidad fiscal hasta el 2038. Ambos puntos importantes que igualmente siempre consideramos apropiado analizar con un asesor fiscal.
El autor es director de Wealth Management PPI (Portfolio Personal Inversiones)
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