
Conviene que tengamos claro lo siguiente: la conducta de Alberto Fernández puede volver a costarnos caro a todos los argentinos. Si llegara a confirmarse lo que se comenta en los pasillos tribunalicios, se estaría preparando un pedido de indemnización de parte de su ex pareja, Fabiola Yánez, al Estado Argentino.
Fabiola es una mujer golpeada y humillada por este personaje siniestro. Personaje que Cristina Kirchner nos vendió como un hombre honesto. Hoy nos enfrentamos a la patética realidad de un ex presidente irresponsable, abusador y golpeador. Él es quien debiera pagar a Fabiola, no el pueblo argentino. Fabiola Yáñez no tiene derecho moral a pedir que los argentinos paguemos por su calvario.
Mientras todos estábamos encerrados, no podíamos cuidar a nuestros enfermos, ni acompañar a nuestros muertos, ella vivía en una fiesta interminable dentro de ese antro en el que convirtieron a la Quinta de Olivos. Maquilladora, peinadora, profesora de gimnasia, agente de prensa y otras excentricidades que pagábamos todos los argentinos. Un caro equipo que además la acompañaba en viajes internos y externos.
Fue víctima, pero también cómplice. El drama de la violencia doméstica lo sufren decenas de miles de mujeres y niños de nuestra patria. Muchas ni siquiera pueden irse de la casa en donde son abusadas. Pero Fabiola está en un departamento en la mejor zona de Madrid, con una custodia que le cuesta a los argentinos 50 millones por mes, viviendo del sueldo de una Universidad que (ahora sabemos no le paga nada). Es la misma Fabiola que no sólo recorrió el mundo junto al peor presidente de la historia. También realizó viajes sin él. Entre el 12 y el 15 de diciembre del 2019, estuvo sola en el Vaticano y se reunió con el Papa en su rol de primera dama.
También estuvo sola en el viaje del 11 de noviembre de 2022, cuando se reunió en París con autoridades de la Unesco para discutir sobre el flagelo del bullying.
Guadalupe Vázquez, cuya colaboración agradezco, ha investigado los viajes individuales de Fabiola Yáñez y también los que realizó acompañando a Alberto Fernández. Por lo que la periodista pudo constatar, no sólo estuvo dos veces en el exterior fuera del alcance de su marido. También realizó siete viajes sola a su provincia natal sin plan oficial. Y no sólo festejó su cumpleaños durante la pandemia, violando la prohibición de reunión, sino que la mayoría de estos viajes a Misiones los realizó también violando la prohibición de circular.
Algo parece ser evidente: tiene mucho que reclamarle a Alberto Fernández, nada que reclamarle a los argentinos que fueron rehenes del gobierno de su ex marido y que estuvieron obligados a permanecer encerrados, mientras ella gozaba de sus privilegios de primera dama.
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