El editorial del Teherán Times amenazando a la Argentina ha sido un mensaje terrorista encubierto proveniente de las máximas autoridades de la República Islámica de Irán. Los antecedentes agresivos del régimen iraní y los pronunciamientos de la Justicia argentina en la causa AMIA, no dejan mayor margen de dudas. Tampoco el hecho de que la prensa en Irán, restringida desde el asesinato de la estudiante Mahsa Amini en septiembre del 2022, se encuentra severamente controlada por la Guardia Revolucionaria Islámica. Reporteros sin Fronteras (RSF), ha indicado que el líder religioso Ali Jamenei ejerce una rígida censura y ha convertido al país en una de las mayores cárceles de periodistas del mundo.
El presidente electo, Massoud Pezeshkian, de supuesto tinte reformista, responde al ayatola Jamenei. Es descartable que pueda desafiar a la teocracia y modificar los excesos a la prensa o poner límites al uso del fundamentalismo chiita en acciones terroristas. En la estructura endogámica iraní, el poder real recae en el líder religioso supremo que conduce las fuerzas armadas, los grupos para militares que integran la Guardia Revolucionaria Islámica, el poder judicial y tiene la última palabra en todas las decisiones ejecutivas y legislativas. Nada se publica o difunde sin su consentimiento.
La amenaza terrorista contra la Argentina desnuda la táctica de Ali Jamenei (similar a la aplicada con Mohamed Khatani) de usar un presidente moderado para distender las relaciones con occidente, sin alterar la pureza ideológica del régimen ni el objetivo declarado de exportar la revolución islámica de 1979, además de “borrar a Israel de la faz de la tierra”. No hay ningún indicio que permita suponer que Irán ha abandonado el patrocinio activo al terrorismo. Tampoco el accionar terrorista de la Fuerza Quds, brazo exterior de la Guardia Revolucionaria Islámica, con grupos afines como Hamas en Palestina, Hezbollah en el Líbano o los huties en Yemen.
Pese a la grave embestida iraní, la Argentina debería evitar la ruptura de relaciones diplomáticas y mantener el criterio del Canciller Guido Di Tella de reducción del nivel de las relaciones diplomáticas a la menor expresión posible. Al mismo tiempo, debería alertar a la comunidad internacional sobre los riesgos involucrados e impulsar un mayor compromiso multilateral en rechazo a acciones o amenazas de acciones como las que promueve Teherán.
En ese sentido, la Argentina debería analizar la posibilidad de llevar la amenaza iraní a la atención del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU), que tiene la responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales. De acuerdo con el Reglamento del CSNU bastarían 9 votos afirmativos para se incluya en la agenda el tema AMIA/amenaza Irán. En una cuestión de procedimiento no se aplica el veto de los Miembros Permanentes y la actual composición del Consejo permitiría presumir un apoyo numérico sustantivo.
La amenaza a la sociedad argentina no debe caer en saco roto. Atenta contra la estabilidad de América del Sur y la seguridad de América Latina. Por ello resulta necesario hacer todos los esfuerzos diplomáticos para contener el terrorismo por medio de mayor cooperación internacional. La lucha contra el terrorismo exige exponer a los presuntos responsables y reclamar una rendición de cuentas. Es hora de que eso ocurra.
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