
Nos cansamos de repetir que hace 100 años “Argentina era uno de los países más importantes del mundo”. Entre 1916 y 1955 incorporamos -políticamente- a la clase media y a los trabajadores industriales, que llegaron de la mano de la inmigracion y del modelo de sustitución de importaciones.
Marchamos a los tumbos hasta la década del 70, cuando perdimos el rumbo de la mano del enfrentamiento fratricida -interno- y la crisis del petróleo -mundial-, cuando Europa nos cerró el mercado agropecuario y no existía China para reemplazarlo.
Atravesamos todas las “plagas de Egipto” -inflación, recesión, golpes de Estado, con guerra externa y genocidio incluido, más defaults de deuda y una decadencia ideologica y cultural que nos dividió y debilitó hasta el extremo que hoy padecemos.
Pero una imagen vale más que mil palabras: un nuevo Presidente, producto del hastío de la mayoría de los argentinos, junto al empresario más importante del mundo, levantando sus pulgares, en un gesto que nos permite vaticinar un flujo de inversiones futuras que nos colocará en el lugar que esta gran nación se merece.
Tendremos que recorrer un largo y difícil camino, pero este presente nos permite volver a soñar.
En poco tiempo más habremos domado a la inflación y el gasto descontrolado, tendremos unificación cambiaria y los inversores -internos y externos- podrán hacer sus cuentas para calcular costos y rentabilidades basados en parámetros estables y creíbles.
Mañana esta foto recorrerá las primeras planas de los medios más importantes del mundo. Empresarios, banqueros y turistas volverán a mirar a esta Argentina que fuera tan esquiva y que hoy vuelve a renacer.
Hay un fuerte mandato, una gran decisión de apoyar este rumbo económico y una fe capaz de mover montañas.
Tendremos que tener la grandeza de entender que solo la unidad nacional -en diversidad-, y un fuerte vínculo con nuestros vecinos y socios de la región, consolidarán nuestro reingreso a las “grandes ligas”.
No lo haremos solos, ni aislados ni patrocinados por alguna superpotencia benefactora. Seremos los artífices de un destino posible y cercano si no nos mareamos con el vicio de la arrogancia y la prepotencia (que tanto hemos practicado).
“Argentinos, a las cosas…”. Sepamos convertir lo imposible en imprescindible, como pregonaba el General San Martín.
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