
El Mercosur es hijo del reencuentro argentino-brasileño logrado entre la “Declaración de Uruguayana” -suscripta por los presidentes Frondizi y Quadros- en 1961 y la de “Foz de Iguazú” en 1985, entre los Presidentes Alfonsín y Sarney. Entre medio, desde 1968 hasta 1973, se produjo el Conflicto de la Represa de Itaipú, que tensó las relaciones entre Brasil, Paraguay y Argentina por el control del flujo aguas arriba del río Paraná. Fue finalmente resuelto.
Para 1991, ya se había firmado la creación de la ABACC (Agencia Brasileño Argentina De Control y Contabilidad de Materiales Nucleares), por la cual ambos países (los únicos en América Latina que habían logrado desarrollar la tecnología nuclear capaz de construir armas atómicas) se comprometieron a usarla solo con fines pacíficos y firmaron el Tratado de No Proliferación Nuclear -TNP- en Viena, en1994.
En este marco, se firmaron los tratados de Asunción -1991- y Ouro Preto -1994-, que lanzaron los Acuerdos de libre Comercio, por los cuales pasamos de u$s2.000 millones de comercio intrarregional en 1990 a u$s40.000 millones en el 2011 (aunque hallamos bajado a u$s28.000 millones para el 2023).
En esta apretada síntesis, estamos marcando los hitos centrales de un proceso que, con sus marchas y contramarchas, viene jalonando un camino que marca la centralidad de la integración regional como “piedra angular” de nuestra política exterior durante los últimos 40 años.
Como Mercosur, se suscribieron TLC’s con Chile, la Comunidad Andina, México, Israel, Egipto, EFTA (Asociacion Europea de Libre Comercio entre Liechtenstein, Islandia, Noruega y Suiza) y está pendiente el más importante: el Mercosur-UE. Tenemos, desde 1992, una propuesta de Estados Unidos de negociar un TLC con el Mercosur y, desde el 2010, una propuesta similar por parte de la República Popular China.
Una perlita: en el 2011 se firmó un TLC Mercosur-Palestina.
Así como Francia y Alemania son los dos pilares de la UE, Brasil y Argentina lo son del Mercosur, y me animo a afirmar que con Chile y Colombia se puede constituir un G-4 como futuro esquema de unidad sudamericana.
Brasil es nuestro principal socio comercial y representa el 52% del PBI sudamericano. Cerró el 2023 con 4,5% de inflación anual (con una proyección del 3% para el 2024), u$s370.000 millones de reservas, estabilidad total del dólar por los últimos 5 años -1 dólar = 5 reales- y cifras récord de inversión externa e interna.
Es, además, la futura fuente de credibilidad -o no- de Argentina, siendo Brasil el “primus inter pares” de la región y novena economía mundial.
Ambos, Brasil y Argentina, somos Principales Aliados Extra Otan de los EEUU, Aliados Estratégicos Integrales de China e impulsores del TLC con la UE.
“Todo nos une, nada nos separa”. Las diferencias políticas, ideológicas o personales son irrelevantes ante los intereses comunes que representamos en un mundo que requiere en forma creciente nuestros alimentos, minerales y recursos energéticos. En los 3 rubros somos productores líderes, y tenemos la capacidad técnica para desarrollar sus subproductos y la incorporación a las cadenas de valor globales más sofisticadas. YPF + PetroBras son productores de petróleo y gas -convencional y shale- en cantidad y calidad; el litio y el Mineral de hierro producido en nuestra región es un insumo industrial líder; somos el mayor reservorio planetario de biodiversidad y agua. Con EEUU, China y la UE, deberíamos liderar la “Agenda Medioambiental” global.
Sólo nos falta la voluntad política de aunar voluntades y presentarnos al mundo en forma unívoca.
Ha llegado el tiempo de hacerlo.
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