El 2024 comenzó, y seguirá al menos en sus primeros meses, siendo un año desafiante si se habla de mantener el valor de los ahorros. La inflación obliga a no dejar los pesos dormidos si se busca no perder poder de compra, mientras que las diferentes pruebas que la economía y la política tendrán que enfrentar aseguran incertidumbre (que en los mercados, en una palabra, se traduce en volatilidad).
En consecuencia, un escenario que intima a ser inteligentes en las decisiones a tomar; y a mantener como primer paso las finanzas prolijas y en orden. Sólo esto último, podrá dar tranquilidad y seguridad para justamente poder ser eficientes con el dinero propio.
En este punto, y como dice el ABC cuando se refiere a las finanzas personales, armar y seguir un presupuesto es clave. Anotar en un Excel o un cuaderno, cuánto ingresa y cuánto sale de nuestra economía personal, permite conocer cuál es nuestra situación: sobra o falta plata.
Anotar las deudas y su costo real (considerando el costo financiero total) permitirá, por ejemplo, entender cuánto se paga y cuál cancelar primero y/o buscar algún plan de pago o descuento de ser posible.
No hay dudas que uno de los grandes beneficios de llevar y seguir un presupuesto será poder anticiparse y provisionar montos de gastos para ese mes; y por ende, organizarse. A la vez, que más y mejor información, siempre aporta mejores decisiones.

Si se logra incluso tener algunos ahorros, será importante transformarlos en una inversión con un objetivo y plazo determinado.
¿A qué se llama inversión? Buscar que ese ahorro, a través por ejemplo de adquirir un activo financiero, genere una renta que permita que ese capital vaya creciendo en el tiempo.
Puede tener como objetivo proteger el capital de la inflación en pesos o de la devaluación de la moneda, un objetivo puntual como salir de vacaciones, hacer un viaje, cambiar el auto, o mudarse… o incluso potenciar y aumentar el patrimonio a largo plazo, ya sea para el momento de retiro de la vida laboral o jubilación.
Dentro del mercado de capitales, se puede invertir en diferentes activos financieros, que se adaptan no sólo a la meta que se quiere cumplir sino a cada perfil de riesgo. En otras palabras, hay opciones para quienes no quieren arriesgar nada de capital pero si buscar que los ahorros generen un interés, y hay otras que buscan una mayor rentabilidad asumiendo quizás cierta pérdida en algún momento.
Por eso, entender en cuánto tiempo se va a necesitar transformar esa inversión a pesos y/o dólares nuevamente es importante. No es lo mismo que se la necesite en unos días, meses o años.

Una primera clasificación de las inversiones del mercado de capitales, en principio, es en dos grandes conceptos. Por un lado, las inversiones de Renta Fija en las que de antemano, se conoce la tasa de interés o ganancia que se va a obtener y el plazo. Por ejemplo, un bono sea soberano (emitido por un país) o las llamadas obligaciones negociables (deuda emitida por empresas).
Por otro lado, las de Renta Variable, donde no se sabe en qué momento se va a obtener la ganancia que se busca. Es decir, que no se puede estimar un flujo predeterminado de cobros. Por ejemplo, las acciones y/o los Cedear.
Ahora, mientras que las primeras suelen identificarse con perfiles más conservadores o moderados, las segundas (con lógica) para aquellos más agresivos y que tengan un horizonte de tiempo más largo. Por ende, una cartera diversificada suele tener ambos dos tipos de inversiones.
Lo importante será, en conclusión, no quedarse quietos. Hoy la coyuntura amerita que, como se mencionó, ser prolijos con los gastos e ingresos. Darle rentabilidad a los pesos -aunque sea por unos días- es una decisión inteligente, y mucho más lograr ir armando una cartera de inversiones acorde al perfil de riesgo que se defina, teniendo en cuenta en el escenario actual su seguimiento, ya que la incertidumbre podrá ir generando oportunidades en diferentes activos.
La autora es directora de Portfolio Personal Inversiones (PPI)
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