
El demorado discurso del ministro Luis Caputo empezó remarcando insistentemente el problema del déficit fiscal. El Estado gasta más de lo que ingresa, lo cual es cierto. Sin embargo, el problema no es solamente ese. Si se tiene un gasto público del 50% del PBI con equilibrio fiscal, la contrapartida de ese equilibrio fiscal es una fenomenal carga impositiva que tiene que soportar el sector privado.
Como decía mi amigo Armando Ribas, abogado y economista, prefiero un déficit fiscal de 2% del PBI con un gasto del 15% del PBI que equilibrio fiscal con 50% de gasto/PBI. En definitiva, el gasto no es otra cosa que quitarles recursos a unos sectores y dárselos a otros. El punto es que a partir de cierto nivel esa reasignación de recursos genera ineficiencia en la economía.
Sumado a esto, la carga tributaria espanta las inversiones y eso lleva a la pobreza, indigencia y desocupación. ¿Qué anunció el ministro respecto a la eliminación del déficit? Una mezcla de baja de gastos y aumento de impuestos.
La baja de gastos está en no renovar los contratos laborales con menos de un año de vigencia, eliminar la pauta publicitaria, la reducción de ministerios de 18 a 9, la reducción de las transferencias discrecionales a las provincias, no hacer nuevas obras públicas con fondos del estado y recurrir al sector privado para ello y reducir subsidios al transporte y energía. Pero no sabemos si el monto total en que reduce el gasto público alcanza para eliminar el déficit fiscal.
Por el lado impositivo anunció el aumento del Impuesto País para las importaciones y aplicar la misma tasa de retenciones a todas las exportaciones, equiparando las del agro con las de la industria.
Este dato no es menor porque muestra a un presidente Milei traicionando su propio discurso cuando decía que antes de aumentar un impuesto se cortaba una mano. Dolarización, cierre del BCRA y no aumento de impuestos quedan guardados para otro momento.

Nada dijo el ministro de Economía sobre la solución del gasto que genera los pasivos remunerados del BCRA. Tal vez eso le corresponda al presidente del BCRA y se lo anticipe a los banqueros antes de la reapertura de los mercados.
Obra pública
En lo que hace a la reducción del gasto público, los más grueso está en suspender nuevas obras públicas y la eliminación de los subsidios a la energía y el transporte público. El resto de las reducciones anunciadas están bien, pero claramente insuficientes para obtener ahorros en forma sustancial.
Tampoco se sabe cuál va a ser el neto de baja del gasto general y aumento en planes sociales, en particular AUH y Tarjeta Alimentar. Además de mantener planes como Potenciar Trabajo, aunque fijo en la pauta presupuestaria de 2023, que significará una notable disminución en valores reales el año próximo.
La Argentina tiene que ir a la cultura del trabajo y terminar con la cultura de la dádiva. No es manteniendo y aumentando gastos de carácter populistas que se va a una economía de mercado.
Finalmente, llevar el tipo de cambio oficial a $800 es un sinceramiento que luce parcial y en cierta forma arbitrario. ¿Quién dijo que ese tipo de cambio es correcto?
En síntesis, mi impresión es que se formularon anuncios de medidas heterodoxas, que no constituyen un plan económico con bajas de gastos, aumentos de impuestos, y tipo de cambio de libre flotación.
Habrá que ver si estos anuncios logran generar un shock de confianza o se quedan a mitad de camino. Pero da la impresión que tienen sabor a poco.
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