
El progresivo y gradual agravamiento de un problema determinado suele no generar una respuesta concreta y expeditiva del comportamiento humano. En general los grandes y perdurables cambios se generan como reacción a las grandes crisis o catástrofes. Por grave que se presente una amenaza, si sus consecuencias no son agudas y abruptas, la respuesta suele ser pobre o indiferente, de negación, como cuando barremos la basura debajo de la alfombra para que no se vea.
Hay muchos ejemplos, la basura es otro de los temas que más allá de algunos intentos más o menos exitosos de algunos gobiernos municipales o provinciales, no consigue instalarse como política de estado, más que en lo puramente declamativo.
Pero el tema de la crisis climática reviste una gravedad particular. Hace un planeta menos habitable, nos enfrenta a desafíos geopolíticos sin precedentes, tiene injerencia en nuestros patrones económicos.
Tan compleja es la cuestión que un número significativo de gente con aparente formación general opta por negarlo o esconderlo. Como la basura debajo de la alfombra.
Por supuesto, con derecho a opinar, como todos tenemos, muchos tienen la valentía de expresarse como si supieran del tema, con datos extraídos de una desprolija y apurada búsqueda en Google.
Lo cierto es que decenas, cientos de artículos científicos aparecen año a año en las más prestigiosas revistas de ciencia internacionales avalando la idea de que es un tema a abordar de manera urgente. Acá van algunos elementos.
Existe consenso entre los expertos: la inmensa mayoría de los científicos del clima están de acuerdo en que las actividades humanas, en particular la quema de combustibles fósiles, son la causa dominante del cambio climático observado. Este consenso se ha establecido a través de una extensa investigación, análisis de datos y revisión por pares.
La tasa a la que cambian las temperaturas globales y otros parámetros climáticos no tiene precedentes en la historia natural. Los ciclos naturales de temperatura, como los relacionados con la actividad solar o las erupciones volcánicas, suelen ocurrir en escalas de tiempo prolongadas, mientras que el calentamiento reciente se está produciendo más rápido que cualquier ciclo natural conocido. El rápido ritmo del cambio climático se alinea con el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de las actividades humanas.

Correlación con las emisiones de gases de efecto invernadero: El aumento de las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono (CO2), sigue de cerca el aumento de las temperaturas globales. Los datos históricos muestran consistentemente que a medida que aumentan los niveles de CO2, aumentan las temperaturas globales. Este patrón se alinea con la física conocida de los gases de efecto invernadero que atrapan el calor en la atmósfera.
Inconsistencia de patrones con los ciclos naturales: los ciclos naturales de temperatura, como los impulsados por la variabilidad solar o las corrientes oceánicas, tienden a seguir patrones predecibles. Sin embargo, la reciente tendencia al calentamiento no se alinea con ningún ciclo natural conocido. Los registros de temperatura muestran una tendencia ascendente clara y constante que no se explica únicamente por factores naturales.
Se sabe que los humanos contribuyen significativamente a los gases de efecto invernadero a través de actividades como la quema de combustibles fósiles, la deforestación y los procesos industriales. El aumento de estos gases está directamente relacionado con las actividades humanas y su impacto en el sistema climático. Esta contribución no puede ignorarse al considerar las causas del cambio climático.
La pregunta que surge es, ¿cómo será nuestra inserción en los mercados internacionales en un mundo cada vez más estricto en revisar la trazabilidad de los productos que consumen? Un mundo lógicamente preocupado por esta crisis, por la deforestación y la desaparición de la biodiversidad, y la pérdida de servicios ecosistémicos que provee la naturaleza.
Si los que estamos preocupados por cambiar esta historia promovida por la más absoluta estupidez humana estamos equivocados, a los sumo vamos a contaminar un poco menos el aire y el agua, si los negacionistas están equivocados, nuestros hijos lo padecerán, la humanidad entera está en peligro.
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