
El pasado 13 de septiembre, el secretario de Estado de los EEUU, A. Blinken, expuso su visión sobre el presente y futuro del sistema internacional en la Universidad John Hopkins. El puntapié inicial fue claro y contundente, el orden unipolar de la Pos Guerra Fría iniciado en 1989 ha concluido y entramos en una nueva era bipolar entre Washington y Beijing. La potencia asiática es el principal desafío estratégico al poder americano en todos los planos. La estabilidad geopolítica ya no está ni estará y los regímenes autoritarios buscan reforzar su cooperación tal como lo hacen Rusia, China y otros. A éste riesgoso panorama, se le suma una multiplicidad de actores y procesos transnacionales como el terrorismo, el narcotráfico, migraciones ilegales, pandemias, cambio climático, ciberataques, etc.
El Orden precedente tuvo muchos méritos como la expansión de la democracia y el libre mercado, pero dejó una importante deuda en materia de concentración de la riqueza en pocas manos y el consiguiente molestar y resentimientos que ello provoca. Lo cual es aprovechado por ideologías autoritarias y actores criminales no estatales.
Las redes sociales refuerzan las tendencias de millones y millones de personas a informarse sólo con lo que ellos creen que es verdad y quieren ver. Reforzando grietas, malestar y lógicas amigo enemigo. Sin olvidarnos los Estados que recurren a la manipulación de esas redes para alentar conflicto ideológicos, raciales y morales dentro de las sociedades democráticas y con libertades políticas y de prensa. Dando lugar al ascenso de liderazgos autoritarios en países de Occidente. Claramente, los EEUU no pueden enfrentar estos desafíos de manera solitaria y unilateral ni manteniendo los actuales niveles de polarización y disensos al interno de la sociedad americana. Eso debilita la capacidad de proyectar su poder material y simbólico, sin los cuales el desorden y la inestabilidad del sistemas internacional será aun mayor.
El poder americano creó instituciones internacionales y regionales al finalizar la Segunda Guerra Mundial y también pos fin de la Guerra Fría Es el momento de reforzarlas, reformarlas y o crear nuevas para mejorar la coordinación y cooperación con los otros Estados. En especial con aquellos que comparten los valores de la democracia y la libertad, pero no solo con ellos. Los espacios de diálogo y búsqueda de áreas de cooperación con regímenes autoritarios también será necesario en diversos temas de la agenda internacional.
Los EEUU y sus aliados deben mostrar y demostrar que están del lado de los que impulsan una mejora en la vida de las personas, una mejor y mayor distribución de la riqueza, el impulso a los derechos sociales y a una mejor educación y formación, el cuidado del medio ambiente y el uso responsable de las nuevas tecnologías. Para ello Washington tiene históricos aliados como la Unión Europea, Japón, Reino Unido, Australia, Canadá, Corea del Sur, Israel, pero también nuevos como la India, Vietnam y otros.

Es fundamental una mayor interacción entre los socios en el área Europa y Occidental con los del Asia Pacifico. Todo ello deberá ser acompañado por un EEUU que apueste decididamente al desarrollo de infraestructura de todo tipo en los países subdesarrollados. Evitando que dependan de préstamos e iniciativas de regímenes autoritarios y de prácticas corruptas. En el mismo sentido, es de fundamental importancia trabajar intensamente con espacios regionales en Asia y África.
También el reforzar la cooperación en todos los planos entre EEUU y aliados como Japón, India, Australia, Reino Unido y Corea Sur y entre ellos mismos. Por ello, se acrecentará la presencia de aliados de la zona Indo Pacifico en las cumbres de la OTAN. Incluyendo potenciar y mejorar el respaldo diplomático y militar a Ucrania. Como forma de enviar un claro mensaje a las potencias de los costos que enfrentaran si optan por la agresión en la política internacional. Finalmente y al momento de hacer un balance provisorio de los argumentos vertidos por Blinken, no quedan dudas que es la declaración pública más clara y directa desde el poder político americano acerca del fin de la unipolaridad pos colapso de la URSS y el inicio de una potencialmente larga y tensa bipolaridad junto y contra China.
La ausencia de referencias específicas sobre América Latina no significa que la región sea y vaya a ser un escenario ausente en esa puja global. Los gobiernos de la región en general y el de la Argentina pos 10 de diciembre en particular, deberán hacer una lectura prudente y realista de esa nueva realidad. Entendiendo cabalmente qué espacios de maniobra existen y cuáles son las líneas rojas que no hay que cruzar.
Será fundamental contar con funcionarios de primer nivel en áreas claves como RREE, Defensa, Economía, Seguridad, Ciencia y Tecnología e inteligencia y una fuerte y articulada vinculación entre estas áreas.
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