
En el segundo debate presidencial escuchamos una vez más a Javier Milei negando la influencia de las personas en la aceleración del cambio climático. Ahora el líder libertario reconoce que la temperatura media global está en alza, pero se olvida de mencionar que en los últimos cincuenta años se duplicó respecto de los cien años anteriores, y que esto se explica por un incremento en las emisiones de gases de efecto invernadero producto de las actividades humanas.
La postura de Milei frente al cambio climático y el cuidado del ambiente desnuda las propias contradicciones de la narrativa libertaria. Veamos por qué. El candidato de La Libertad Avanza define al liberalismo -en la tradición de Alberto Benegas Lynch (h)- como “el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad” pero luego, amparándose en las prerrogativas de este movimiento, incentiva a las empresas a “contaminar los ríos todo lo que quieran” porque -según su teoría- al no tratarse de propiedad privada no merecen ser defendidos. Milei se olvida que el proyecto de vida del prójimo incluye el acceso al agua potable, saneamiento cloacal y aire limpio, y que quien contamina el agua está agrediendo y está violentando su derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad del prójimo.
Otra contradicción surge del postulado del libertario sobre los beneficios de una desregulación total de la economía para el crecimiento del país. Milei desconoce o sospechosamente no tiene en cuenta los nuevos estándares ambientales del comercio internacional.
La Unión Europea ya está aplicando los Mecanismos de Ajuste de Carbono en Frontera (M.A.C.F.) para determinadas categorías de productos, que implica que las mercaderías que no hayan pagado o que hayan pagado un impuesto al carbono menor al europeo, deberán tributar por la diferencia para ingresar a sus mercados. Es decir que, si producimos con alto contenido en emisiones de carbono asociadas, corremos el riesgo de que las exportaciones argentinas pierdan competitividad y mercados. Además, desde el pasado abril, en la Unión Europea entró en vigencia una norma para limitar el ingreso de productos como soja o carne provenientes de tierras deforestadas con posterioridad al 31 de diciembre de 2020. No solo eso, también ha comenzado un proceso de análisis de riesgo de deforestación de los países para aplicar mayores controles a las mercaderías.
La mala noticia es que Argentina está entre los países con mayor deforestación del mundo, rondando las doscientas mil hectáreas anuales y con foco en la zona del Gran Chaco.

Las políticas ambientales son políticas de desarrollo, de salud, de crecimiento económico sostenido. Nos permiten anticiparnos a los hechos antes de que sea demasiado tarde para evitar desastres naturales y económicos y seguir integrados al mundo, aprovechando las distintas oportunidades que nos ofrece la transición energética y la agenda climática en general. El negacionismo de Milei nos lleva a una mala gestión de los territorios, a sistemas de producción ineficientes, a la profundización de las vulnerabilidades sociales y al aislamiento internacional producto del incumplimiento de los compromisos en materia climática.
Argentina tiene todo para beneficiarse del paradigma de la sostenibilidad. Los mercados de carbono están ofreciendo enormes oportunidades de ingresos para quienes conservan ecosistemas como bosques o humedales o llevan adelante distintos proyectos para la reducción o captura de dióxido de carbono. El turismo de naturaleza se está convirtiendo en uno de los sectores con mayor crecimiento en nuestro país, y las acciones de adaptación al cambio climático pueden ahorrarnos millones de dólares en materia de mitigación de eventos climáticos extremos asociados a sequías, inundaciones o incendios. Tenemos todo para convertirnos en una potencia del litio -compuesto esencial de las baterías para la transición energética- y de la producción de energías renovables aprovechando el potencial solar, eólico e hídrico de nuestro territorio. Y si mejoramos los estándares ambientales de nuestra producción, podremos seguir siendo líderes en la exportación agroganadera, previniendo mermas en la producción y garantizando la presencia en los mercados.
A pesar de todas las evidencias, para Milei, el cambio climático es una mentira y a su candidato a Jefe de Gobierno porteño, Ramiro Marra, el tema “no le interesa”. Estas afirmaciones, de apariencia inocente, dejan al descubierto la predilección libertaria por un nacionalismo acérrimo, su desprecio por las instituciones y la comunidad internacional, y un desinterés absoluto por la cuestión social. El desarrollo sólo puede ser sostenible. Todo lo demás, es pan para hoy y hambre, sed, enfermedad y pobreza para mañana.
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