
Entre saqueos a comercios y supermercados, niveles inflacionarios que no se atraviesan desde hace más de tres décadas y un resultado electoral que ha sacudido el panorama político, se ha conocido que Argentina finalmente integrará el bloque denominado BRICS (conformado hasta el ingreso de nuestro país por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).
La importancia del bloque económico en cuestión no resulta menor: representa el 24% del PBI del mundo, el 42% de la población mundial y el 30% del territorio del planeta. Además los países miembro son responsables del 16% de las exportaciones y del 15% de las importaciones de bienes y servicios en el mundo y prácticamente el 3 de cada 10 dólares exportados por nuestro país provienen del BRICS.
Para el gobierno esto no parece representar más que apenas una nueva oportunidad para tener acceso a financiamiento: el Nuevo Banco de Desarrollo del BRICS parece ser una nueva fuente de endeudamiento que entusiasma al populismo, a sabiendas que la necesidad de expansión de países como Rusia o China facilitarán líneas de crédito que permitan continuar dilapidando recursos.
Resulta llamativo que un gobierno que está terminado en términos de gestión y que está a algo más de tres meses de dejar el poder inmerso en una de las crisis económicas más profundas de su historia vuelva a mostrarse cercano a potencias como Rusia (mientras transcurre la invasión a Ucrania que parece no tener final) y China (una potencia comunista que no ha hecho más que demostrar su enorme capacidad para cercenar libertades y atentar contra los derechos humanos). El mundo civilizado parece ir por un carril paralelo al que pretende transitar la Argentina en el ocaso final del desgastado gobierno de Alberto Fernández.
El ingreso al BRICS no fue más que una decisión política que nada cambiará la realidad local, donde los problemas van mucho más allá: la presión impositiva, las interminables regulaciones, los insaciables sindicatos, las inviables leyes laborales y las dificultades en materia de comercio exterior que afronta la Argentina (especialmente en cuestiones cambiarias y de derechos de exportación) ponen de manifiesto serios problemas estructurales que atentan contra nuestra economía y particularmente contra nuestro comercio internacional. Sumarse a determinados bloques comerciales son solo intentos por querer mostrar una integración económica internacional que no tiene ningún asidero en la difícil coyuntura actual de nuestro país.
La integración comercial no puede darse con una Argentina alejada del concepto de competitividad, sin crédito ni inversiones y con las expectativas resquebrajadas que acompañan a niveles de inflación descontrolados que impiden proyectar y mirar con cierta precisión lo que pueda ocurrir en el futuro.
Cuando la normalidad invada la realidad argentina, sin tipos de cambio que estafen al que intenta exportar ni se le confisque su producido a través de impuestos injustos y distorsivos, el potencial argentino hará que probablemente ya no sea necesario formar parte de un conjunto de países alejados de la democracia, de la libertad y del Siglo XXI.
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