
Javier Millei ha sido muy eficaz al lograr cambiar el contenido de la agenda futura. Hasta la vicepresidente Cristina Kirchner -no candidata pero líder del kirchnerismo- lo ha reconocido como su principal contendiente. Y el propio Mauricio Macri -no candidato pero líder de PRO- ha confesado sus coincidencias con el economista libertario: “Él quiere dinamitar todo, y yo casi todo”.
El Gobierno acusa a la oposición de pretender despedir a los empleados públicos, eliminar los planes sociales y terminar con cualquier forma de “soberanía nacional y popular”.
En la principal oposición -Juntos por el Cambio- estamos enfrascados en las disputas internas y se esbozan dos líneas rectoras: por un lado, una dialoguista, tendiente a encontrar los denominadores comunes -Federales, Republicanos, respetuosos de las minorías, las conquistas sociales y los derechos individuales que no afecten a estos últimos- pero con una fuerte convicción de la necesidad de hacer profundos cambios, reconociendo que la anterior administración de JxC se quedó a medio camino.
Por otro lado, otra línea que piensa lo mismo -especialmente en cuanto a las reformas del Estado, la participación clave del sector privado, el valor de la integración regional y la apertura al mundo- que busca diferenciarse poniendo un énfasis particular en la recuperación de territorios en manos de extremismos -étnicos en el sur y mafiosos en Santa Fe y el gran Buenos Aires- y en terminar con los piquetes y el desorden público.
No podria ser de otro modo. Si lucieran iguales, ¿cómo harían los ciudadanos para identificarlos en las PASO del 13 de agosto?
Pero, mientras tanto, nos hemos quedado sin gobierno, sin reservas en el Banco Central, minados por una inflación que tiende cada día a aproximarse a una hiper, la sequía en los campos y la recesión en las ciudades.
El mundo espera que “lleguemos” a diciembre y que se consagre un interlocutor a la altura de una gran nación que ha perdido, una vez más, el rumbo que supo tener hace más de 50 años. A la cabeza, Brasil, nuestro principal socio estratégico, y luego el “Trío Fantástico” compuesto por los Estados Unidos, la Unión Europea y China. Con todos y cada uno de ellos tenemos una rica y apasionante agenda.
Pero, evidentemente, la dinamita ya estalló y todos los ciudadanos nos preguntamos qué será de nosotros en el presente inmediato, en los próximos y eternos siete meses por delante.
Yo propongo que las Cámaras empresarias dejen de tomar examen a los pre-candidatos que deberán someterse al escrutinio de los votos en menos de cuatro meses. Luego habrá oportunidad para que expongan y defiendan sus propuestas.
Que los periodistas sigan ejerciendo su rol dejando a quienes pretenden representarnos hacer su tarea y que, fundamentalmente, el Gobierno asuma su responsabilidad, con su actual Presidente grogui o colocando en su lugar a la vicepresidente y jefa indiscutible, para resolver los acuciantes problemas que nos afectan: la inflación y la inseguridad.
Si les va mínimamente bien en el intento, seguramente sus candidatos serán competitivos. Si no, les espera un humillante y merecido tercer lugar en el podio de octubre.
Es en este más que probable escenario en el cual deberán batirse entre agosto y octubre, el candidato de Juntos por el Cambio y Javier Milei; debate apasionante sobre nuestro futuro, las ideas que fundamentan sus programas y las posibilidades de llevarlos a cabo.
Por ahora, “argentinos a las cosas”. El Gobierno debe gobernar, la oposición acompañar y controlar, la gente -nosotros- resistir como podamos y decidir lo mejor que sepamos.
Dios nos ilumine.
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