
En la enseñanza de la economía han prevalecido los neoclásicos. Característica de esa teoría ha sido asumir que todos los individuos comparten perfecta información e idénticos intereses. Por eso, sólo pueden existir conflictos entre los “factores de producción: trabajo y capital”.
Las instituciones no añaden valor, el Estado y las organizaciones son irrelevantes. El gran principio es la oferta y la demanda en la determinación de los precios, junto con el dinero.
El economista neoclásico por excelencia es Alfred Marshall (fundador de la Teoría del equilibrio parcial), desarrollados entre 1870 y 1920.
Por su lado, en el Capital de Karl Marx, publicado en 1867, la lucha de clases es la constante de análisis, estableciendo que la historia de la humanidad es de enfrentamientos entre grupos antagónicos, trabajadores y capitalistas. Mientras la burguesía continue explotando a los trabajadores sólo un Estado socialista, de economía planificada asegura los mejores métodos de producción. Es considerado uno de los libros más influyentes de la historia moderna, a pesar de que los muchos que se remiten al libro nunca lo leyeron.
En su apogeo, en los años setenta, los gobiernos de más de 60 países proclamaron basarse en las enseñanzas de Marx. Para aproximadamente dos tercios de la población mundial, El Capital” fue un libro sagrado. Los comunistas no encontraron mejor salida que una sociedad igualitaria, acabando con la lucha de clases y la propiedad privada.
Superando esa teoría, la Nueva Escuela Institucional norteamericana propone resolver los conflictos consiguiendo mejores intercambios personales. La unidad de análisis son las transacciones -la transferencia de propiedad por cualquier causa-. John Commons, en 1934, y el Premio Nobel Oliver Williamson, en 1985, son destacados impulsores de esta mirada.
Por su parte, Roland Coase, Premio Nobel de Economía, en publicaciones de 1937 y 1960, inició el enfoque de la Economía Institucional, reconociendo que las miradas individuales son parciales y diferentes. No existe el conocimiento perfecto.
Estabilidad
Curiosamente, David Hume, quizás el más importante filósofo liberal, autor del “Tratado sobre la naturaleza humana”, 1739-1740, resumía las ventajas de organizarse para complementar las limitaciones personales. “Coordinando tareas, nuestros poderes aumentan. Especializando oficios, los trabajos se hacen más valiosos. Al tiempo que, socorriéndonos mutuamente, quedamos menos expuestos a los accidentes e infortunios”.

Tal es una visión resumida de constituir Estados, organizaciones, instituciones. Ya que debemos aceptar que “el goce de aquellas propiedades adquiridas con nuestras energías y buena fortuna” pueden terminarse por abusos de individuos poderosos. Inseguridades que restan incentivos y hacen menos industriosos a los países.
Este razonamiento llevó a Hume a establecer que, de la estabilidad de las vidas y propiedades, dependen la paz y riquezas de las sociedades. La seguridad de la posesión es uno de los tres fundamentos de los intercambios personales voluntarios. Los otros dos son: la transferencia de la propiedad por consentimiento y el cumplimiento de los compromisos.
¿Cómo se traducen estas condiciones en los requisitos de mercados? Los intercambios personales pueden ser más o menos satisfactorios, según superen conflictos a cambio de ventajas compartidas. Con la mutualidad de las transacciones, cada parte beneficiándose tanto como sean voluntarias.
Condiciones contrariadas por las guerras, violencias, sorpresas impositivas, regulatorias, las crisis financieras y vaivenes económicos. Efectivamente, las naciones avanzan sancionando leyes, regulaciones, conviniendo acuerdos más inclusivos.
Por el contrario, en las sociedades rezagadas abundan imposiciones del Estado y grupos poderosos, sumadas a las violencias de delincuentes torciendo voluntades. Tal la razón de los libertarios que despotrican contra quienes imponen reglas altamente resistidas. Bancos comerciales y entes públicos corrompiendo y favoreciendo simpatizantes, influyentes que desconfían de los privados independientes.
La grieta
Los acuerdos monetarios, financieros, comerciales están distorsionados con los controles de precios y leyes arbitrarias. También es observable inequidades en la administración de la justicia y la transparencia en los actos públicos.
Las decisiones orientadas a privilegiar a grupos cercanos al poder confirman la volatilidad de los impuestos y regulaciones. Los allegados se enriquecen considerablemente en sociedades sesgadas hacia el retraso, infectadas por la desconfianza de los privados independientes, a quienes no controlan.
Las sociedades pobres protegen los intereses de agentes poderosos con preferencia a la gente común. La diferencia entre la pobreza extrema de Burundi (PBI por habitante de USD 300 anuales) y la prosperidad de Irlanda (PBI por habitante de USD 100.000 al año), es consecuencia de una historia de ausencia de privilegios, confirmando el razonamiento de Hume.
La grieta de la casta refleja el abuso mayor de la población general condenada a imposiciones para los negocios, jubilaciones mínimas que contrastan con siderales máximos de privilegios, remuneraciones exorbitantes para los allegados al poder.
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