
Lucio Dupuy tenía solo 5 años cuando ingresó al Hospital Evita y murió producto de hemorragias internas y de un Estado ausente. Este caso es un terrible reflejo de la sociedad que habitamos, donde el feminismo dejó de ser una palabra asociada al repudio de la violencia, y comenzó a infringirla como práctica cotidiana.
Hoy, la muerte de Lucio demuestra un gran vacío en el sistema: no alcanzaron las denuncias de su papá, que no fueron escuchadas, las marcas de maltrato que llevaba en su cuerpo, ni las numerosas veces que tuvo que visitar hospitales, una vez que le dieron la tenencia a su madre. Su ausencia jamás será compensada, pero espero que la resolución del juicio, y la condena de sus culpables traiga algo de paz a su familia y a la sociedad toda, además de un espacio para reflexionar e impulsar el debido cuidado que el Estado debería asumir en torno a la protección de la niñez.
La imágen de Lucio quedará por siempre grabada como un ejemplo de cómo falló el Estado, pero marca la importancia de que se sancione la ley de Prevención y detección temprana de la violencia contra niños, niñas y adolescentes, que lleva el nombre de Lucio.
Esta iniciativa, que ya fue aprobada en la Cámara de Diputados y que espera la media sanción en el Senado para convertirse en ley, establece capacitaciones obligatorias para médicos, docentes y los funcionarios del Estado que tengan responsabilidades con la niñez. Establece un sistema de alerta temprana, y campañas de difusión para enseñar sobre la protección de derechos de los niños, niñas y adolescentes, junto a otras medidas para erradicar los casos de abusos, maltratos y abandono.
Aunque necesario, el accionar de esta ley sería tan solo un primer paso en la dirección correcta de una problemática más amplia. La violencia infantil se ejerce desde una sociedad adulta que es violenta.
Actualmente los discursos de odio circulan como moneda común, y en muchos casos pasan desapercibido bajo el disfraz de lo que se hace llamar feminismo. Este tipo de discursos, sin embargo, dan cuenta de un feminismo extremo, de odio, y de una ideología de género exacerbada, que atentan en contra de todos aquellos que no adhieran a esta doctrina.
Es necesario concientizar a la sociedad en materia de maltrato, violencia y abuso infantil, independientemente de quien la ejerza, para que al detectar casos como el de Lucio estemos presentes, alertas, y accionemos siempre a favor de la defensa de la vida, que nadie calle por miedo a represalias o desconocimiento de los procesos. El cuidado infantil y el garantizar sus derechos es un deber de todos.
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