
La promesa de que el Bitcoin iba a llegar al millón de dólares surgió en el mismo instante en que esta moneda apareció, allá por octubre del 2008. Claro está que años atrás, cuando su cotización luchaba por llegar a un dólar, la promesa parecía más una cuestión de marketing y ciencia ficción que una posibilidad real y tangible.
Sin embargo, hoy en día comienzan a aparecer algunos patrones de comportamiento que nos permitirían, con cierto optimismo, dilucidar este misterio. Un análisis de este tipo no nos va a determinar la ocurrencia exacta de este fenómeno, pero sí nos dará la posibilidad de visualizar cómo sería su valuación de cara al futuro.
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En varias oportunidades, la cotización del Bitcoin se desplomó. No obstante, parece que el juego siempre vuelve a comenzar recargado. A lo largo de su corta pero intensa vida, podemos identificar cuatro momentos muy marcados.
Buscando patrones
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El primer hito ocurrió cuando la moneda tenía poco más de un año de vida. A mediados de 2011, su valor aumentó de 5 a 32 dólares en escasos 30 días. La emoción y la euforia por invertir en un activo que parecía crecer sin límites chocó rápidamente con una abrupta caída cinco meses más tarde, al tocar un mínimo de 2 dólares por Bitcoin.
En 2013, el mercado volvió a sonreírle cuando logró un nuevo récord al cotizar 1.100 dólares por unidad. Este fue el puntapié inicial de la caída más larga de su historia que duró alrededor de 21 meses. En agosto de 2015, valía apenas 152 dólares. Dos años más tarde, llegó la hora de otro pico alcista que lo llevó a 19.800 para luego caer a 3.500 a fines del 2018.
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Es momento de analizar lo ocurrido el año pasado. Durante los primeros diez meses del año, el Bitcoin tuvo un gran envión que hacía pensar que su crecimiento no tenía techo. De esta forma, su cotización rozó los 66 mil dólares. Sin embargo, su caída aún hoy genera repercusiones al mantenerse inestable cerca de los 20 mil.
Las causas aparentes de esta montaña rusa de subas y bajas son varias, entre las que podemos destacar las transacciones sobre negocios ilegales, el sistema tecnológico, los influencers económicos y las acciones gubernamentales. Pero hay un solo factor que parece establecer un patrón: el Halving.
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FOMO (fear of missing out)
Desde su creación, una de las claves del Bitcoin fue su escasez. Su creador, Satoshi Nakamoto, ideó que el sistema solo generase 21 millones de Bitcoins a través de un proceso que varía la cantidad minada con el correr del tiempo. La tasa a la que se produce un nuevo Bitcoin disminuye a la mitad cada 210.000 bloques extraídos, o aproximadamente cada cuatro años. Este procedimiento que sirve para desacelerar su nivel de aparición recibe el nombre de Halving y se calcula que sólo habrá 32 eventos de este tipo en toda la historia. Actualmente, se emiten 6,25 bitcoins por cada bloque minado, mientras que a partir de 2024, la emisión se verá reducida a 3,12 BTC por bloque.
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El Halving está muy vinculado con la variación de precios de esta moneda. En primer lugar, al haber menos bitcoins producidos, su valor incrementa. A su vez, el inminente aumento de la escasez -producto de la disminución de los bitcoins emitidos- genera una especulación en los meses posteriores al evento que hace que miles de inversores quieran ingresar en este mundo por el efecto FOMO (Fear Of Missing Out), es decir, el miedo a quedarse fuera de la moda. Y esto no hace más que disparar su cotización.
También vimos que a cada gran suba de valor provocada por este fenómeno le sigue un período de baja (como la que se vive en la actualidad). Sin embargo, los tres halving anteriores -2012, 2016 y 2020- también parecen dejarnos una tendencia que vale la pena mencionar: luego de alcanzar el máximo histórico, el precio nunca vuelve a estar por debajo del inicio del nuevo ciclo. Sin ir más lejos, en lo que va del año su cotización nunca perforó los 19 mil dólares, valor que alcanzó en 2017.
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La alta volatilidad de este activo económico hace que no podamos guiarnos por tendencias cortoplacistas. Por el contrario, a largo plazo la suba del precio es muy marcada y los halvings se posicionarían como uno de los grandes impulsores de esta subida. El efecto de este fenómeno en la cotización no se refleja inmediatamente sino que, como vimos en los casos analizados, sucede un año después. Ese es el tiempo que tardaría la sensación de escasez en afectar al mercado.
Entonces, a partir de este nuevo concepto del Halving, el interrogante que guio esta nota puede ser reformulado y la nueva pregunta debe girar en torno a cuántos halvings más hacen falta para que el Bitcoin toque el millón de dólares. Si nos remitimos a lo sucedido hasta ahora, podríamos esperar que esta moneda ronde los 200 mil dólares en 2025 y que esto sea la antesala a la cotización millonaria que tendría lugar tras los Halving del 2028 o 2032.
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Lo cierto es que esta es una de las infinitas lecturas posibles. Se trata de proyecciones matemáticas basadas en el análisis de patrones que hasta ahora se mostraron como ciertos. No obstante, este activo es aún muy joven y contamos con pocos elementos como para desarrollar una sucesión exacta. Solo el tiempo dirá si la promesa que nació hace casi quince años alguna vez se hará realidad.
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