
En una nota recientemente publicada por Miguel Pesce, presidente del BCRA, manifiesta que las Leliq respaldan el ahorro de las empresas y de las familias argentinas. El título me llamó la atención porque en mi opinión ocurre justamente lo contrario con el endeudamiento del BCRA en esos instrumentos. Es más, dentro de la nota hay otros argumentos que me llamaron la atención porque no explican correctamente el problema económico argentino.
Miguel Pesce sostiene que gracias a que el BCRA coloca Pases netos y Leliq no cae la tasa de interés y de esta forma no se ubica por debajo de la tasa de inflación que licua los ahorros de las familias y las empresas. En otras palabras, el endeudamiento del ente monetario permite subir la tasa de interés y de esa forma salvar el ahorro de la gente.
Sostiene Pesce que: “Si el Banco Central no interviniese en el mercado monetario, el exceso de depósitos sobre la demanda de crédito derrumbaría la tasa de interés ubicándola marcadamente por debajo de la inflación, licuando el ahorro argentino y agudizando la desconfianza en la moneda nacional como reserva de valor”. Sin embargo, no es eso lo que está ocurriendo.
En efecto, en julio la tasa efectiva anual en los bancos privados tomando la Badlar estuvo en el 64,8% con una tasa de inflación anual del 70,8%, para los depósitos de menos de $10 millones la renta ofrecida fue menor.
Otro punto a considerar es que tanto en 2000, como en 2001 y en junio de este año la emisión monetaria fue el principal ingreso del Tesoro. La emisión monetaria en concepto de Adelantos Transitorios y Transferencia de Utilidades que hizo el BCRA a la Administración Central suma $4,3 billones, dinero que fue retirado del mercado en gran medida con la colocación de Leliq y Pases Netos y el resto quedó circulando generando las presiones inflacionarias crecientes.

Si se toma la relación pasivos remunerados (Leliq y Pases Netos) con relación a la base monetaria se puede observar que alcanza niveles récord, tal vez superados por los depósitos indisponibles/base monetaria del Plan Primavera que derivó en la hiperinflación de 1989. En otras palabras, el pasivo remunerado del BCRA crece más rápido que el no remunerado que es la base monetaria o el circulante, si se quiere tomar solo este.
La relación pasivos remunerados/base monetaria actualmente duplica el nivel que tenía en abril de 2018 cuando se produjo la corrida cambiaria y financiera en la época de Cambiemos, estrategia de Lebac sobre la que oportunamente marqué mis profundas diferencias y que los que hoy dicen ser la oposición de JxC defendieron fervorosamente, sosteniendo que el modelo podía converger al equilibrio.
Claramente la inexperiencia de haber vivido varias de estas estrategias monetarias y la falta de formación en temas básicos de moneda y finanzas llevan a cometer estos groseros errores de diagnóstico. Curiosamente, quienes hoy dicen querer cerrar el BCRA, veían como forma de converger al equilibrio que la inflación licuara la deuda del ente monetario con las entidades.
Pero volviendo a los argumentos de Miguel Pesce, el problema que no puede resolver tan fácilmente es el siguiente: por definición ningún banco central debe emitir su propia deuda para regular la tasa de interés de mercado. Esa operatoria, contraria a mis ideas económicas, en todo caso la tiene que hacer vía el manejo de los encajes bancarios o bien utilizando bonos del tesoro. Vende bonos del tesoro y absorbe pesos. Al vender bonos baja su cotización, sube la rentabilidad final del bono y así “logran” el objetivo que dicen buscar.

¿Por qué no debe emitir su propia deuda el BCRA? Porque a diferencia de los bancos comerciales que tienen ingresos por comisiones, venta de tarjetas de crédito, préstamos personales, etc., la entidad rectora de la política monetaria no tiene ingresos salvo lo poco que puede obtener por la colocación de las reservas en divisas. Pero como hoy los activos externos propios líquidos son mínimos ni siquiera por esa vía puede sumar alguna renta para cancelar esa deuda.
Aclaro que ni las Letras Intransferibles del Tesoro que tiene el BCRA en su balance y ni los Adelantos Transitorios pueden ser considerados activos porque el que los debe es el Tesoro Nacional que es otro insolvente, por lo tanto, su valor de mercado es mínimo y no alcanza para cancelar los pasivos remunerados que al momento de redactar esta nota alcanzaba el equivalente a USD 24.000 millones al tipo de cambio blue y unos USD 43.000 millones al cambio oficial.
Las opciones que tiene para resolver esta deuda el BCRA son las siguientes:
1) Que algún inversor privado la capitalice, algo que no se ve en el horizonte;
2) Emitir pesos y generar un escenario de hiperinflación;
3) Licuar ese pasivo con una tasa de interés efectiva ofrecida por las Leliq inferior a la tasa de inflación. En las condiciones actuales que se ubica en 96,82% anual, debería llevarse la tasa de variación de los precios a un ritmo de tres dígitos porcentuales anuales, con el consiguiente impacto impacto negativo sobre el promedio de los salarios reales.
4) Aplicar un Plan Bonex, esto es canjear compulsivamente un pasivo con un plazo medio de poco más de 30 días en un bono a 10 años, con 4 de gracia.
En síntesis, el Banco Central está frente a un problema cuasifiscal de las mismas dimensiones que el fiscal porque no se ve una solución sencilla para enfrentar el monumental pasivo remunerado que ha creado en los últimos dos años y medio, multiplicando por 7 la deuda recibida y con tasas de interés cada vez mayores que acelera ese proceso.
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