
En Argentina, el 80% de las micro, pequeñas y medianas empresas son familiares, contribuyendo al 60% del PIB. Esto se debe a una gran cantidad de personas con vocación y capacidad de emprender.
De esta forma, muchas familias deciden emprender una búsqueda de mejorar su bienestar y, en esa decisión, se encuentran con múltiples interrogantes que marcan su camino como emprendedores: hacia dónde ir, cómo gestionar y tomar decisiones en un contexto de incertidumbre, cómo manejar la frustración, entre otras.
Este intenso ejercicio de emprender presenta innumerables desafíos tales como construir una propuesta de valor diferencial, validarla, ajustarla y lanzarla, conseguir fondos, armar un equipo de trabajo para que, luego de superar las etapas de supervivencia y consolidación, se transformen en anécdotas de sobremesa de alguna reunión familiar de domingo.
El impulso inicial de emprender no puede ni debe agotarse en la generación fundadora, es necesario que se revitalice y vuelva a lanzarse en cada una de las generaciones que suceden, refundando, innovando y volviendo a emprender en un viaje sin fin que vuelva a dar significado y propósito el hacer una empresa en familia, construyendo y potenciando puentes intergeneracionales, facilitando conversaciones, identificando roles que puedan complementarse y de esa manera expandirse hacia nuevas posibilidades.
Así como “cada familia es un mundo”, cada empresa familiar lo es también, con sus virtudes y problemáticas, fortalezas y debilidades. Está claro que la conjunción de la coyuntura interna y la externa resultan determinantes para su continuidad y evolución. Sin embargo, todas coinciden en el enorme desafío que resulta lograr una sucesión efectiva de una generación a la siguiente.
En el caso de las empresas familiares, muchas veces esta particular conformación puede resultar clave para su resiliencia y supervivencia frente a la adversidad, ya que se destaca la importancia de cuidar a la familia y su visión de trascendencia. Cuando este espíritu se potencia con las herramientas adecuadas, dichas compañías se fortalecen en contextos de crisis, casi siempre priorizando el legado por sobre el beneficio inmediato.
Cada transición generacional presenta un desafío para la generación que gobierna y la generación que sucede. Tender puentes claros, colaborativos y escalables con la generación próxima permitirá que puedan eventualmente ocupar esos espacios de la mejor manera y con un verdadero sentido de continuidad. La capacidad de liderazgo es un aspecto clave para asegurar este espacio.
Emprender como una forma de vida, como un valor en el viaje de emprender nunca es menor la compañía.
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