
Imaginemos un espacio amplio, en donde los alumnos trabajan de manera colaborativa por proyectos interdisciplinarios, con varios docentes de diferentes materias en la misma aula, y en distintos sectores de este hiperespacio, sin estar atados a un lugar fijo.
En este espacio, es el alumno quien está en el centro de la escena. Gradas, sillas y mesas con rueditas para poder rápidamente juntarse en grupos, si fuese necesario, y espacios amplios y versátiles son el escenario ideal para lograr que los alumnos se apropien de su propio aprendizaje .
La hiperaula es un espacio amplio, versátil, en el que podemos ir de lo presencial a lo digital de manera fluida y natural. La hiperrealidad está presente a través de dispositivos para trabajar la realidad aumentada, realidad virtual, simulaciones e imprimir en 3D, lo que aumenta exponencialmente el interés de los alumnos por el contenido que estén viendo.
El aula, tal como la conocemos, era el lugar apropiado para la educación del siglo pasado, en donde un docente impartía contenidos desde el frente del aula. Este siglo demanda que incorporemos nuevos conceptos no solo en relación a la matriz didáctica, sino además, al tiempo y al espacio.
El problema de la ratio y el espacio
Desde siempre se ha pensado en una ratio de veinte o treinta alumnos por aula y con un docente a cargo. Sin embargo, debemos dejar atrás viejos paradigmas y ofrecerles a nuestros alumnos escenarios más atractivos, con aulas más numerosas, con más docentes, en espacios más grandes y versátiles .
Ampliar los salones de clase y reconvertirlos con esta mirada nos posibilitaría:
- Tener espacios flexibles y abiertos para una infinidad de propuestas pedagógicas. Este tipo de lugares nos permitiría combinar la actividad cara a cara y en línea, proximal y distal, intra y extraescolar, con o sin apoyo de la tecnología, analógica o digital, blended e hipermedia.
- Tener mayor flexibilidad y libertad.
- Trabajar con grupos más o menos numerosos, de acuerdo con los objetivos: de manera individual, en pares, en pequeños o grandes grupos.
- Ir de lo presencial a lo virtual de una manera fluida y natural.
- Utilizar recursos como la realidad aumentada, 3D, simulaciones (hiperrealidad), lo que ofrecería un potencial infinitamente mayor a los libros, mapas, manuales, etc.
- Tiempos flexibles, para entrar y salir de la actividad o proyecto, en función de los objetivos propuestos.
Personalizando la aventura del saber
Contar en estos espacios de aprendizaje activos, con más docentes, mejoraría de manera exponencial los logros de los alumnos. En estos espacios versátiles, los alumnos podrían dividirse de acuerdo con sus intereses, ritmos, necesidades y contar con la guía de dos, tres o más docentes que podrían enseñar, guiar, acompañar, contestar preguntas, indicar, ayudar, evaluar.
A su vez, esta práctica le daría al docente la posibilidad de apoyarse en sus colegas, de enfocarse en un grupo particular de alumnos, de compartir criterios, preocupaciones, y de enriquecer su propia práctica docente.
Las parejas o grupos pedagógicos cobran una gran importancia en este escenario. Este proceso de interacción entre dos, tres o más docentes que se enriquecen del trabajo en equipo, que comparten el liderazgo y están involucrados en todos los aspectos de la clase, desde la planificación, el desarrollo y la evaluación de la propuesta didáctica, no solo los enriquece a ellos como profesionales sino a los alumnos también. Y permite pensar como posible la personalización de la enseñanza aun en espacios con muchos alumnos.
El trabajo en parejas o grupos pedagógicos, además, es el mejor ejemplo real de trabajo en equipo, lo que les permitiría a los alumnos aprender habilidades que deberán aplicar en su vida laboral o profesional adulta. Les ofrecería, además, diversidad de opiniones, estrategias, métodos y recursos, y la tan importante personalización en su trayectoria académica.
Así, en el caso de la coenseñanza, dos docentes podrían tener diferentes roles dentro del aula:
- Uno enseña, el otro observa o registra lo que ocurre.
- Uno enseña, el otro asiste a alumnos que lo requieran.
- Enseñanza en paralelo: la clase se divide en dos, y cada docente toma un grupo.
- Co-enseñanza de rotación entre grupos: los docentes asisten a diferentes equipos que trabajan en simultáneo.
- Co-enseñanza en estaciones: se divide a la clase en dos, cada docente muestra el mismo tema primero a un grupo y después al otro.
- Co-enseñanza alternativa: un docente es responsable de un grupo más amplio y el otro de un grupo más pequeño.
- Co-enseñanza en equipo: la clase supone un diálogo entre dos.
Nuestros alumnos aprenden a ritmos diferentes, de maneras distintas y tienen intereses disímiles, es decir, conforman un grupo absolutamente heterogéneo, además de aprender de una manera radicalmente diferente a como aprendíamos nosotros a su edad. ¿No sería hora ya de pensar en espacios de aprendizaje que se adaptaran a ellos y no al revés?
La innovación educativa debe ir acompañada de una transformación de los espacios de aprendizaje. Lo que hace el aula tradicional es nivelarlos y no permitirles desplegar todo su potencial creativo . Los contiene, pero no les permite expandirse . Un espacio de aprendizaje activo propone que cada uno de los alumnos saque lo mejor de sí mismo, les permite desarrollar la autonomía, el autoconocimiento, el trabajo en equipos, la comunicación, y tantas otras habilidades, además de mejorar su motivación y consolidar el aprendizaje porque de esta manera les podemos dar opciones.
Y mientras soñamos con una mejor educación, tal vez podríamos preguntarnos: ¿cómo sería una escuela en la que los alumnos quisieran estar, que fuese el lugar preferido en la vida de los alumnos?
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